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Una pandemia con Común y Corriente



Mucho se habló, durante la cuarentena, de las circunstancias por las que pasaban diferentes empresas o emprendimientos. Sin embargo, más allá de mencionar algunos movimientos de artistas y conciertos desde casa, el ámbito cultural fue dejado a un lado en su gran mayoría y, además, lo poco de lo que se habló tuvo como foco a la capital del país: Bogotá. Es por eso que a El Uniandino le interesó abrir un poco más el rango bajo el cual se contemplaban los proyectos nacionales durante la cuarentena y conversó con José Julián Vila, integrante de la Corporación Común y Corriente –que se dedica al desarrollo de proyectos culturales particularmente en Medellín–, para hablar acerca de su experiencia a lo largo de esta coyuntura.


La Corporación Común y Corriente está conformada por cuatro entidades distintas: Música Corriente, Un Ojo Común, Verso Libre y La Pascasia. La primera es un sello discográfico nacional que ha tenido como fundamento para su desarrollo el diálogo con diversas disciplinas artísticas. A raíz de ello surgieron posteriormente los proyectos Un Ojo Común y Verso Libre, enfocados en las artes visuales y la literatura respectivamente. Estos complementaron la construcción de Música Corriente, ya que los proyectos musicales –como el álbum “Home” de Antonio Arnedo y Sam Farley– conversaban con la producción cultural a través de La Pascasia, casa de cultura en la que convergían todas estas expresiones. Por tal motivo decidieron agregar estas entidades a la Corporación de manera formal.


No obstante, en una situación en la que bares y restaurantes, como La Pascasia, no podían funcionar, ¿cuáles eran las alternativas? ¿Dónde podían converger los espacios de creación y discusión? Si bien por todas partes escuchamos que las empresas debían adentrarse en el nuevo mundo de la virtualidad, y fue lo que se hizo en Común y Corriente, esto no representó un cambio que fuese más allá de la barrera física. Los medios en sí ya son difíciles y crean una falsa esperanza de que en la virtualidad se amplían las fronteras, cuando en realidad no es así. Para Común y Corriente la posición en la que estaban no cambió porque estuviéramos en cuarentena, las dificultades de distribución fueron muy similares a las que existían antes de mayo de 2020.


Todos los proyectos que tenían planeados para este año se vieron damnificados por la pandemia. No hubo conciertos en La Pascasia, no hubo tertulias y no hubo grabaciones en estudio. Sin embargo, esto no representó algo malo, en su totalidad, para Común y Corriente, en especial para la entidad Música Corriente. El espacio en casa implicó que hubiera tiempo de composición para los artistas y, aunque no pudieran ensayar fácilmente, probablemente esto hará que nos traigan nuevo contenido próximamente. Además, este tiempo no significó una quietud total, pues el movimiento de antiguos proyectos, como la Orquesta La Pascasia, siguió en pie.


La reanudación de la grabación de la orquesta La Pascasia fue una actividad que se vio perjudicada por la pandemia. Este disco, que debía estar listo para octubre, ahora estará listo para febrero; viéndolo con optimismo, quizás en diciembre. No obstante, parar no fue una opción que se contempló, pues la música no debía parar. Música Corriente procuró innovar, de modo tal que se lograra sacar a flote este proyecto. Los integrantes de la orquesta se han reunido remotamente y han grabado sus pistas desde el hogar, de forma similar a como se nos han mostrado diversos conciertos o eventos durante los últimos meses. Esto quiere decir que los ritmos de la música popular colombiana de la orquesta La Pascasia nos acompañarán pronto.



Otro proyecto que le permitió a Música Corriente mantener cierto movimiento como sello discográfico fue el último EP de Danta, cuyo nombre es “Limo”. Esta producción musical, propia del rock alternativo, no fue tan difícil de terminar porque hubo posibilidad de acabar el disco de manera virtual. El hecho de que antes de la cuarentena se hubiesen terminado las grabaciones le permitió tanto a la agrupación como al sello discográfico lanzar este disco en una temporada difícil, que pasa de una manera suave gracias a sus melodías.


Común y Corriente demostró a través de estos proyectos cómo ellos procuran hacer la diferencia. Producir música y, además, publicarla en momentos de tanta adversidad hace que ellos, como embajadores de la producción cultural nacional, se muestren como una corporación divergente de todo a lo que podemos estar expuestos hoy día. Quizás no hayamos escuchado de sus artistas en la radio, pero precisamente eso es a lo que tratan de contravenir: la homogeneización de las artes; y el hecho de que se hayan dedicado a enfrentar la cuarentena de una manera responsable y prudente tan solo enaltece su distinción en este ámbito.


A pesar de todas las adversidades que pudo pasar Común y Corriente durante los últimos meses, no faltó para la corporación la solidaridad, probablemente fruto de la calidad de sus eventos, productos y su visión crítica ante la cultura y las artes. Algunas alianzas con otros lugares del centro de Medellín, al igual que sus relaciones estrechas con algunas colectividades que abogan por las artes, los ayudaron a sobrevivir. La audiencia también jugó un papel fundamental en esto, ya que quienes constantemente asistían a La Pascasia brindaron apoyo desde su asistencia a fiestas virtuales hasta colaboraciones económicas.


Desde Común y Corriente saben que reinventarse, palabra tan de moda últimamente, es complicado, si no es que es imposible. Por ende, la posición que han decidido tomar durante estos tiempos de crisis para procurar el ejercicio de su vocación es más que sabia. Junto con el equipo de El Uniandino esperamos que puedan recuperarse prontamente y sigan articulando discusiones y creando espacios de cultura en los que auspicien el pensamiento crítico.


Por: Lena Paredes



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