• El Uniandino

Una democracia Twittera



Comienza 2021, un año que promete sorpresas, esperemos no como las del 2020, y mucho movimiento político. Tenemos las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina. Desde la mitad del periodo de Duque ya se están peleando quién será su sucesor y este año promete drama de telenovela. Adicionalmente, estamos en época de propuestas y en el florecimiento de la democracia criolla. Nuestros líderes, verdaderos demócratas convencidos de la importancia de defender las instituciones del Estado de Derecho, han encontrado en la revocatoria la solución a todos nuestros problemas. ¿Por qué no lo habíamos pensado antes? Un instrumento que supera todo tipo de divisiones y polarización, que pone a las disidencias de las Farc y a la extrema derecha a hablar de la importancia de defender los pilares de nuestra democracia usando los mecanismos de nuestra Constitución. Háblenme de reconciliación.


Inspirado por este momento histórico que vivimos quise compartir con ustedes una idea que me ha estado dando muchas vueltas en la cabeza los últimos días. Quisiera proponer que en Colombia sea un requisito para toda persona mayor de 18 años tener una cuenta de Twitter. Sin distinción, para colombianos y extranjeros será obligatorio abrir una cuenta y seguir a las principales entidades del Estado. Anualmente, cuan declaración de renta, se deberá presentar ante la entidad competente constancia de la existencia de esa cuenta. Al fin y al cabo ya somos 6 millones los colombianos que utilizamos Twitter, ¿por qué no universalizarlo?



Twitter ha dejado de ser una simple red social para convertirse en la arena de los intelectuales y políticos de este país. Es el escenario donde se dan las grandes discusiones democráticas. O al menos de donde se extraen las principales preocupaciones del pueblo para que luego, como ocurre siempre con las demandas ciudadanas, sean tenidas en cuenta. El que no tiene Twitter no tiene voz. Los medios funcionan en torno a las tendencias de Twitter. Nuestros gobernantes han encontrado en Twitter el espacio ideal para compartir sus decisiones oficiales y opiniones. Es un espacio ilimitado donde se le puede hacer conejo al Estatuto de la Oposición, así nos ahorramos las jugaditas. Eso sí, si deciden arropar esta propuesta me parecería apenas pertinente crear una Alta Consejería para la gestión de Twitter, porque de a ratos las comunicaciones del Gobierno se contradicen un poco. ¿Qué pasó con los contratos de las vacunas y el cronograma? Unos dicen que ni tenemos contratos, otros dicen que sí los tenemos pero son secreto de estado. Deberíamos pagarle a una comunicadora del talante de Vicky Dávila para que nos solucione este enredo.


Algunos me han dicho que esta es una propuesta que pone en evidencia la brecha digital. ¿Qué es esto? Digamos que es el desigual acceso al conocimiento en el marco de las nuevas tecnologías. Pero vean, simplemente tenemos que lograr que todo el país tenga internet y un celular básico. Toca priorizar recursos, en vez de invertir en acueductos o infraestructura vial innecesaria, conectemos realmente al país. Para lograr esta conexión la comunicación efectiva y clara es indispensable. Twitter ya tiene un camino recorrido, hoy en día es la plataforma de comunicaciones oficiales por excelencia. Así de simple, ¿hay toque de queda? ¿Pico y cédula? ¿Pico y género? Vaya y mire el Twitter de su Alcalde o del Presidente y problema solucionado. Aunque bueno, algunas veces nadie entiende esos conceptos epidemiológicos de aislamiento selectivo focalizado o inteligente. Pero eso es lo de menos, con las Altas Consejerías, teniendo por un lado a Vicky y por el otro a Hassan (a excepción de que se terminen mechoneando) tenemos al equipo ideal para corregir esas minucias.


Por si aún no están completamente convencidos, les voy a compartir otra ventaja de apoyar esta propuesta. Hoy en día nuestros gobernantes se gastan miles de millones de pesos en campañas publicitarias para mejorar su imagen. Por ejemplo, luego de dos años de presidencia, Duque se había gastado 20 mil millones de pesos en contratos de publicidad. Es decir, un poco más de 27 millones de pesos por día. Casi empata el salario mensual de los Congresistas, aunque ese sube proporcionalmente al desempleo. O por dar otro ejemplo, el autodeclarado mejor Fiscal de la historia de Colombia, Francisco Barbosa, firmó un contrato por 128 millones con E-Estratégica para mejorar su imagen. Desde su paseo a San Andrés nos hemos visto inundados de publicidad que glorifica los “logros” de la Fiscalía y que ha recuperado la poca dignidad que le quedaba. Bueno, imagínense no tener que gastar ese dineral porque todos los colombianos estaríamos en Twitter y las redes sociales son gratuitas. El mundo de la publicidad política no-paga, esto es un verdadero compromiso con la austeridad.


Por último, ¿por qué especialmente Twitter? En las últimas semanas hemos descubierto, contra todo pronóstico, lo peligrosas que son las redes sociales como Facebook y sus derivados, usurpadores de nuestros datos. Mientras tanto, Twitter se ha convertido en el defensor por excelencia de la libertad de expresión. Es capaz de dejar sin voz al polémico presidente de Estados Unidos y a sus seguidores. Twitter está por encima del bien y del mal y del poder de los jueces para decidir qué es sujeto de censura. Hace pocos días, el presidente ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey, en un video filtrado declaró que el bloqueo de Donald Trump era tan solo el comienzo de una tarea de censura masiva.


Esto nos da un respiro a todos aquellos que estamos seriamente preocupados por la idea de que todo el mundo pueda expresar sus ideas en redes sociales, nada mejor que dejar esta decisión en manos de Twitter. Espero que después de este recorrido por mi propuesta ustedes decidan apoyarla. Hagamos de este sueño una realidad y acompáñenme en la transición de nuestro país de una república donde los pilares de la soberanía popular están corrompidos por nuestros representantes a una gran república donde sea Twitter el pilar sobre el que se alce la soberanía del pueblo. Por ahora manténganse informados, si es que lo logran.


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Por: Juan Camilo Monsalve.

Estudiante de Derecho y Economía en la Universidad de los Andes.



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