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True Detective: Los trastornos de la normalidad

Actualizado: oct 12



True Detective (2014) es un drama policiaco producido y escrito por el escritor, guionista y productor Nic Pizzolatto, difundida a través de HBO. La serie sigue un formato de antología, en donde cada temporada inicia con una historia diferente y un elenco de personajes distintos. La primera temporada se enfoca en Rust Cohle (Matthew Mcconaughey) y Marty Hart (Woody Harrelson), una recién formada pareja de detectives con personalidades diametralmente opuestas, quienes investigan un homicidio en Louisiana que desemboca en un largo recorrido de 17 años a través de un laberinto de asesinatos llenos de caos, misterio y conspiraciones. Yo ya había superado mi fase de series después de ver Euphoria (2019) y The Office (2005) y sentir que nada los podría igualar. Empecé True Detective con altas expectativas y, sorprendentemente, las superó todas. Los episodios están llenos de una exploración constante de la vida y búsqueda de su significado, logrando una combinación de elementos, a través de un magistral manejo, que crean el ambiente perfecto para hablar de cosas profundas sin que se vea forzado. Con esto logra romper con varios estereotipos y mantenerte atrapado hasta el último segundo.


Una de las cosas que más me impresionó de True Detective es la manera en que se ve presentado el desarrollo de los hechos, es decir, el aspecto técnico de la serie. Esto encierra absolutamente todo, desde actuación, utilería y vestuario, hasta diálogo, construcción de personajes y música. Al verla me dio una sensación que no tengo con muchas producciones audiovisuales, la de propósito. Cada palabra, objeto y ángulo tenía una razón de ser. Empezando por un soundtrack que se destaca por sus muy buenas composiciones y la manera en que logra complementar cada escena, dándole el tono a muchos de los eventos a los que asisten y ayudando a crear el ambiente de lo que estamos viendo. La fotografía y puesta en escena son maravillosas. Absolutamente todo lo que sale en pantalla ayuda a ubicarte en tiempo real con ellos y casi que te hace sentir el calor de Louisiana, la mugre constante en casas viejas y el olor de bocas que probablemente no han sido lavadas en años. Otro elemento fundamental en darle el tono al trabajo de Nic Pizzolatto es la iluminación. En True Detective, este elemento cobra otra dimensión debido a los contrastes fuertes que se experimentan durante ella. Al pensar en la serie se me vienen a la mente más que todo las escenas nocturnas. Durante el cuarto episodio hay un momento en que Rust está robando una casa con otras personas y yo no podía más que mirar la pantalla con admiración. El manejo de los colores durante esta escena es increíble, pero más que eso, la manera en que las sombras y la luz, proveniente más que todo de linternas o focos en el suelo, logran generar una sensación de tensión es impresionante. En un primer momento se encuentran en un cuarto lleno de niebla azul y al siguiente, cuando salen, hay un choque fuerte con unas luces naranjas intensas que logran cambiar abruptamente todo el sentido de la escena. 


Esta serie está contada de manera no lineal, lo cual crea un aire de misterio absoluto e intriga profunda al darte elementos que, por no tener la historia completa, no sabes interpretar. Su narración es por medio de entrevistas, lo cual nos da la oportunidad de ver lo que pasó con Rust y Marty después de resolver aquel primer caso que marcó sus carreras. La primera mitad de los capítulos recuerdo haber analizado todo en un intento de prever el hueco gigante que dejan en la mitad de la historia. Lo quieras o no, te ves atrapado en aquel misterio del cual no sabemos nada excepto el trauma que causó en nuestros detectives. Estos personajes se ven desmejorados al compararlos con su versión joven, que apenas iniciaba esta travesía de 17 años. Es inevitable preguntarse qué les pasó. Después de todo resolvieron el caso, ¿o no?




El manejo de la tensión en True Detective es exquisito. Esta se ve provocada por dos razones. La primera siendo la construcción de personajes y la segunda el ritmo que lleva la historia. El hecho de que Rust y Marty sean tan diferentes, y gracias al diálogo que aquello provoca, causa una rigidez entre ellos. Pizzolatto no desperdició ni una oportunidad para discutir temas como religión, naturaleza del ser humano, ego, vida y muerte, drogas, prostitución y sexo, delincuencia, moralidad y familia con cada conversación llevada a cabo. Aunque vemos cómo poco a poco se va disolviendo la tensión y se empieza a sentir el inicio de una amistad, al saltar en el tiempo hacia el futuro se percibe que la sensación de apatía en vez de desaparecer se ha intensificado. 


La estructura inicio, nudo y final, se mantiene, pero esta serie lo lleva a otro nivel. Mientras veía la dirección de Cary Fukunaga sentía que había un hilo invisible entre la pantalla y yo. Un extremo lo sostienen ellos, el otro el espectador. Durante los primeros tres capítulos es como si Rust y Marty desenvolvieran un ovillo de lana. Al principio es lento, paciente, brindándonos con cuidado los elementos necesarios y nada más. Te llevan en una historia que no ha tenido fin y te invitan a descubrirlo con ellos. La distancia entre los sucesos y lo que tú sabes es amplia, la lana está tensionada, pero tú sigues estando distante, sin entender todavía lo que sucedió. De un momento a otro, y casi sin darte cuenta, los detectives han terminado de desenrollar la lana y en vez de detenerse allí, han empezado a jalarte hacia ellos. Estás atrapado. Cuando llegas a ese punto es imposible dejar de ver la serie. El desarrollo de los sucesos no te deja. Parece que las respuestas estuvieran ya en la pantalla y sin embargo algo falta. ¿Qué es? ¿Quién es?


Desde el inicio nos damos cuenta de que algo no va bien. En el primer capítulo nos revelan que los mismos asesinatos de años atrás siguen sucediendo, a pesar de que habían atrapado al asesino. Esta vez el sospechoso principal es nuestro detective estrella: Rust Cohle. ¿Por qué? Para los agentes que lo investigan se resume en el hecho de que está obsesionado con el caso, lo sigue detenidamente y parece haber manipulado la situación para que el asesino fuera una persona específica. Sin embargo, nosotros sabiendo que todo aquello es mentira, dudamos. Dudamos porque no siente empatía por nadie, no se ve conmovido por los asesinatos -sino más bien por haber atrapado a la persona incorrecta-, es frío y calculador, es muy inteligente, no establece vínculos afectivos a largo plazo, rompe las leyes constantemente y, por último, parece no sentir miedo, culpa o vergüenza. En otras palabras, es un psicópata.


Al nombrar este trastorno lo primero que se nos viene a la mente son personas peligrosas y violentas, capaces de cometer los actos más atroces, a pesar de no ser lo más común. Este estereotipo se vio alimentado, y me atrevo a decir que creado, debido a Hollywood y su manera especial de trastornar la realidad. Los psicópatas tienden a estar en puestos de poder y no en las calles matando gente. True Detective juega con este estereotipo y nos muestra algo más cercano a lo que sucede en nuestro entorno. A primera vista, y de hecho durante todo el transcurso de la serie, Rust se ve como una persona común y corriente.

Atribuí su comportamiento antisocial al cinismo y muchas veces me burlé de sus acciones, impresionada ante la astucia de los creadores de los personajes. Fue solo al detenerme a analizarlo cuando me di cuenta de que era un trastorno. Su carácter fue teniendo cada vez más sentido y ahora, después de haber visto la serie, puedo entender mejor muchas cosas que sucedían. Al estudiar este personaje dentro del contexto en el que se presenta, se puede percibir un compás ético fuerte, al contrario de su compañero, Marty. Este último reluce por su forma descarada al actuar en relación con su familia y sin embargo critica a las demás personas que actúan igual que él, como su hija. Esto hace que en Rust sobresalga más lo conservador que es en cuanto a sus valores, pues pareciera nunca contradecirse y estar consciente de lo que se supone que es correcto. Sin embargo, vemos momentos en la serie en la que esta imagen de “persona correcta” fluctúa. El detective Cohle roba evidencia, se droga, bebe en exceso, tortura a gente y miente constantemente sin el menor asomo de arrepentimiento. El trastorno de psicopatía impide que las personas que lo padecen se acoplen a ciertas reglas de la sociedad y les dificulta la convivencia: no tienen sentido de moralidad ni capacidad de formar relaciones sin un propósito en sus vidas.


Cuando actúan lo hacen de acuerdo a un concepto de correcto e incorrecto generado por sus mismas vivencias y cosas que pueden percibir de sus alrededores, pero no por acoplarse a una colectividad. Este fuerte “compás ético” que mencionaba anteriormente no es más que una herramienta de manipulación para el detective. Es una herramienta que utiliza para provocar en otros una reacción y lograr algo con ella. Durante los últimos episodios Rust le muestra una cinta a Marty en la que una niña es maltratada. Esto lo hace porque necesita ciertos archivos a los que él no tiene acceso y Marty le puede brindar la ayuda que necesita. Para el detective Cohle no se trata de compartirle evidencia a su ex compañero porque siente un deber con el caso, sino como excusa para su obsesión con él e incentivo de culpa y remordimiento para que el detective Hart le colabore. 





A pesar de que este aspecto de la psicopatía está muy bien presentado, hay ciertas inconsistencias en el personaje. Parece que Rust fuera capaz de superar su inhabilidad para formar relaciones sociales y termina teniendo una gran revelación acerca de la luz y el amor al final. Esto se debe a una experiencia cercana a la muerte que lo traumatiza y parece cambiar su forma de ver la vida radicalmente. De manera más general, hay ciertas cosas que nunca son explicadas en la serie, como el por qué le llamaban “The Yellow King” al asesino, qué pasó para que Rust y su segunda esposa terminaran y en qué momento la ex esposa de Marty rehizo su vida. Este último me parece importante ya que a través de la serie le dan cierto protagonismo y se lo quitan de repente. Más allá de esto creo que solo queda tirarle flores a todo el equipo que produjo esta temporada.

En algún momento de la serie Rust habla de que la vida es un círculo y todo se repite constantemente. Por más que lo intentes, siempre acabarás en el mismo lugar. Sin embargo, esta serie me produjo muchísimas emociones y me dejó en un lugar completamente diferente del que estaba al iniciarla. Como mencioné anteriormente, True Detective superó mis expectativas y me dio aquella emoción que hace rato no experimentaba por algo en una pantalla. Me mantuvo en constante suspenso, análisis y duda. Continúo fascinada por los detalles que hacen que esta serie sea tan maravillosa y entretenida. Me dejó intentando descubrir significados en mi propia vida y buscando reconocer qué tan hipócrita puedo llegar a ser sin darme cuenta. Creo que por eso soy tan fan de True Detective. Trasciende la ficción y la pantalla y te deja pensando. Te comparas con aquellos personajes tan comunes y, no obstante, tan extraños, en un intento de comprender qué es lo que tienen que hace que te logres reconocer en ellos. Dos hombres de edad media, uno sin ética ni moral, otro con trastorno psicópata. ¿Qué aprendes de ellos sobre ti?


Por: Salome Rubio

Ilustraciones por: Maria Paula Bernal


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