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The Midnight Gospel : joya psicodélica de Netflix



A comienzos de este año tuve una larga conversación en casa de una amiga sobre por qué a la animación no necesariamente le faltaba ese algo que tanto elogiamos del cine de culto. Me recetó una lista que parecía interminable -y que aún no estoy ni cerca de acabar- de películas animadas, en un intento de curar mi esnobismo, y empacó todas las que tenía en su casa en mi maleta. No resulta nada sorprendente el hecho de que ella tuviera la razón, una cosa no niega a la otra, y estos últimos meses descubrí que más veces que pocas el contenido no es infantil, ni mainstream. De no ser por aquella “terapia de conversión” no me habría sumergido en el extravagante mundo de The midnight gospel.


Clancy es el humanoide rosa que nos lleva de la mano por la serie, y de paso nos brinda una ligera sensación de orientación en ese mundo lleno de más mundos. Es, literalmente, un cuento de nunca acabar. A través de un simulador de segunda mano, que resulta el objeto más importante en esa casa rodante -medio chatarra, medio sacada de un mercado de pulgas- donde vive, es lanzado como un meteorito a otras realidades. Cada capítulo es un paseo por un nuevo mundo, cada uno más variopinto que el anterior.


Prácticamente lo único que sabemos del protagonista es lo que podemos inferir de la caravana antes que se sumerja en el simulador, que es blanco y de forma inusualmente evocadora a una vulva. Está ubicada en una especie de vórtice psicodélico, estacionada en lo que parece una serpiente de tierra que se enrosca y se enrosca entre el fondo de colores de ese universo. Al frente, hay un patio repleto de vapores de colores intocable, cada uno con un efecto más mortal que el anterior. Al lado vive un granjero galáctico gruñón, que junto con sus dos hijos se dedican a ordeñar vacas bioluminiscentes para untar esa leche en sus simuladores.


-Sí, si mi yo esnob de antes hubiera leído esta descripción, no habría tardado ni un parpadeo en descartar la serie y buscar algo “mejor que ver” en Netflix, pero en realidad vale completamente la pena. -


Clancy da la sensación de haber escapado de una vida anterior. La caravana parece una solución apresurada a la necesidad de salir de donde sea que estuviera antes, pero que es claro no era un ambiente que lo hiciera feliz. En el último capítulo los creadores dejan escapar algo sobre su infancia y su relación con su madre –pues es un reflejo de la de uno de ellos, Duncan Trussell, con la suya - pero al terminar la temporada, la identidad de Clancy sigue siendo un misterio.


Ahora, los paisajes no son ni remotamente lo más interesante de la serie. Es más, no tienen absolutamente nada que ver con la gracia de la serie, que son las entrevistas que hace Clancy a los seres del planeta que visita ese día. Entrevistas para su podcast, cabe mencionar. Cada detalle hace que la serie sea un poco más excéntrica, y el resultado es una oleada de irracionalidad absolutamente genial.


El hecho es que estas entrevistas siempre giran alrededor de un tema, cabe mencionar, nunca fácil de digerir. Clancy es una especie de Jean Paul Sartre postmoderno. El filósofo utilizó en algún momento los cuentos como medio de difusión para sus pensamientos existencialistas, de manera que explica su ideología casi que “con plastilina”, para aquellos que no sabemos nada, como yo. Esta misma estrategia es la que encauza a The midnight gospel. Entrevistador y entrevistado llevan una discusión a la vez relajada y profunda a lo largo de los veinte minutos que dura un capítulo, al tiempo que resuelven peripecias completamente absurdas, como la vez en que Clancy y un pez conectado a un cuerpo humano atravesaron las vísceras de un gigante durmiente y salieron a un claro de bosque donde había pegasos que cagaban helado... todo lo anterior mientras discutían los valores de la religión y la espiritualidad. Asimismo, Clancy entrevista a otros individuos sobre la muerte, el amor, el uso de psicodélicos, la capacidad de perdonar, la forma en que escuchar atentamente a los demás nos conecta entre nosotros, entre otras. Y claro, estas entrevistas no son dirigidas a juicio de cualquier mengano. Los verdaderos diálogos son fruto de las entrevistas que hacía Trussell a verdaderos personajes en su podcast Duncan Trussell Family Hour.


De cualquier manera, la dialéctica nunca tiene que ver con el sinsentido de las circunstancias en las que se ven envueltos, y es precisamente esa la chispa de toda serie. The midnight gospel invita a tratar temas intelectualmente excitantes al tiempo que la animación te arrastra y hace serpentear en atmósferas de lo más psicodélicas. Es un constante tira y afloja entre la sanidad de lo que se escucha y la insania de lo que se ve.


Recomiendo cada minuto de esta serie, y aseguraría que si a esta esnob (casi) curada le encantó, cualquiera que le dé una oportunidad podrá apreciar la magia que transpira. The midnight gospel logró poner de cabeza lo que ya antes no tenía pies, y al final resulta siendo una sinfonía tanto para los ojos como para el cerebro.


Por: Andrea P. Gómez Jaime



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