• El Uniandino

Ojo con el 2020

Juan Nicolás Vizcaya Molina es miembro del Centro Democrático Uniandes. Aquí su columna "Ojo con el 2022". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.



En Colombia se están viviendo sensaciones de incertidumbre con lo que podría ser el futuro en el 2022. El expresidente Álvaro Uribe Velez se refirió en la Revista Semana a un “proyecto socialista” impulsado principalmente por funcionarios públicos como Gustavo Petro, exguerrillero del M-19 y seguro candidato para las elecciones del 2022, quien promueve la lucha de clases y tiene como intención general incendiar al país con un discurso y una política que ya señalaba Carl Schmitt: de división, de amigos y enemigos. Esto se nota a leguas en muchas de sus declaraciones, principalmente en redes sociales, clamando por “desobediencia civil”. Ese es, al final, su proyecto: uno socialista basado en destruir la cohesión social, asfixiar a las empresas públicas y privadas.


La amenaza es inminente y no está tan lejos como se veía hace algunos años. La democracia en Colombia está en peligro y si no nos unimos para salvar a este país de las fauces del socialismo del siglo XXI, tendremos que vivir con las consecuencias permanentes que el fenómeno podría dejarnos, como ya las está viviendo Venezuela. Dicho todo esto, vale la pena preguntarnos: ¿qué le espera a Colombia si llegamos a un gobierno de izquierda en el 2022?



Para nadie es un secreto que algunos sectores de la izquierda, como la Colombia Humana y el Partido Verde, defienden un acuerdo de paz polémico y una justicia transicional que ha sido objeto de cualquier tipo de críticas, principalmente por falta de garantías para la verdad del conflicto. Por otro lado, su defensa se hace más indignante cuando los que alguna vez fueron miembros activos del partido FARC hoy hacen parte de las disidencias de esa guerrilla, y siguen en el narcotráfico, asesinando y secuestrando al pueblo colombiano. Sus exmiembros dicen cumplir los acuerdos de paz, pero hasta el momento no se evidencia un compromiso con la reparación, como explicó el director de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, Ramón Rodríguez Andrade. Estas personas fueron indultadas por un proceso de paz dudoso entre los colombianos por su forma de proceder, y todavía no existe nadie en la guerrilla desmovilizada que haya pagado jurídicamente por los delitos atroces cometidos en el conflicto. Es claro pues que la política de estos sectores de la izquierda está basada en la impunidad. Como consecuencia de esto tenemos en el congreso a los responsables de graves delitos sin que pagaran un solo día de cárcel.


Por otro lado, quienes han luchado por la seguridad democrática y los valores de libertad económica de Colombia han sido perseguidos por sectores políticos y judiciales, como vimos que le pasó al expresidente Uribe. A su vez, es preocupante ver a prófugos de la justicia y desertores del “proceso de paz” sumando gran apoyo político de funcionarios públicos, como es el caso de alias “Jesús Santrich”. Él ha llegado inclusive a agradecerle a los senadores Iván Cepeda y Roy Barreras, ambos miembros de partidos con postulados de izquierda, por “defender su inocencia”, estos mismos narcoterroristas como Santrich que lanzan amenazas al presidente de la república Iván Duque, aludiendo a frases como “memento mori” en videos amenazantes y enviados desde su refugio Venezuela. Estos sectores de izquierda generan temor entre los colombianos que creemos en una justicia con pesos y contrapesos, en un país donde se respeta la empresa privada, uno con un verdadero Estado Social de Derecho.


El país, lamento decirlo, vive poco a poco un control y dominio de la izquierda: tenemos en la mayoría de ciudades principales a este tipo de políticos. Está Bogotá, con Claudia López y su erróneo empleo de recursos (miren el caso de las camas UCI, que no fueron suficientes para atender la emergencia de la pandemia). En Medellín está Daniel Quintero Calle y las pésimas decisiones con EPM, y en Cali está Jorge Iván Ospina y el uso desmesurado de recursos para situaciones irrelevantes en medio de una emergencia sanitaria como el despilfarro en una Feria Virtual y un alumbrado móvil. Los tres han tenido administraciones nefastas que, en época de pandemia, han sido notables solo por sus errores. La gestión que han demostrado estos gobernantes evidencia lo que se puede avecinar para el 2022. Se deben analizar las ocasiones en la historia de Colombia en las que la izquierda ha tenido control de las entidades territoriales, que han sido casi siempre sinónimo de administraciones deplorables. Solo hay que mirar hacia atrás y encontraremos la que alguna vez fue la alcaldía de Gustavo Petro y el detrimento patrimonial de 56 mil millones de pesos con un modelo fallido de recolección de basuras.


Con todo esto invito a reflexionar sobre lo que sería Colombia en un gobierno de izquierda, un país con una indiscutida cleptocracia y cacocracia. Estamos a tiempo de salvarnos, como lo habría dicho alguna vez la senadora Paola Holguín: “La democracia es difícil tenerla, fácil perderla e imposible recuperarla”. Valoremos lo que hoy tenemos para que mañana no lamentemos haber tomado una decisión incorrecta.


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Por: Juan Nicolás Vizcaya Molina, miembro del Centro Democrático Uniandes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.


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