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No todo emprendedor es negociante, ni todo negociante es emprendedor




Actualmente nos invade el término “emprendimiento” o “emprendedor” en nuestras conversaciones diarias. Incluso por los bienes que adquirimos por plataformas digitales que nos permiten acceder a un sinnúmero de productos que quizás nunca hemos visto en la vida real. A todas estas creaciones atractivas y fáciles de acceder las denominamos emprendimientos, pero ¿realmente este es el término para definir a alguna persona que ofrece cualquier tipo de bien? En la mayoría de los casos estas personas son simples negociantes que al poner su producto en una red social como Instagram, con un nombre atractivo, un contenido fotográfico de alta calidad y más importante aún: cantidades de “Me Gusta” y de seguidores en la cuenta, logran cautivar a un público enorme. Esto ha llevado a que en muchas ocasiones las personas no compren por necesidad o gusto propio, sino por una tendencia que nos rodea a todos a seguir lo que el medio nos impone en las pantallas de nuestros celulares. Hoy en día, las redes sociales nos conocen mejor que nadie, organizan su contenido de tal forma que veamos las cosas que más nos atraen en segundos. A raíz de dicha enfermedad que no hace falta nombrar, muchos de estos “emprendimientos” se han visto vulnerados o hasta acabados por completo por falta de una demanda activa por parte de sus compradores. Es por esto que de allí subyace la verdadera pregunta de todo esto: ¿Quiénes son realmente los emprendedores? Sólo aquellos que logran adaptarse, generar un valor adicional a la sociedad y ofrecer más allá de un producto: una solución. Solo así podrán ser considerados emprendedores. Adaptarse a un escenario tan incierto como el que vivimos actualmente puede ser tenebroso e inquietante. Sin embargo, un incentivo enorme para cada emprendedor debe ser forjar aún más la confianza de sus clientes. El éxito detrás de todas estas personas que logran imponerse como agentes de cambio es cautivar la continua demanda de sus clientes en épocas difíciles ya que estos últimos saben que encontrarán una respuesta por parte del emprendimiento correspondiente. Es por esto que un negociante deja de serlo y pasa a convertirse en un verdadero emprendedor cuando son sus compradores quienes buscan una solución por parte de él y no al revés.


Un emprendedor no será quien venda camisas y ahora no sabe qué hacer porque sus locales no pueden atender; este será únicamente un negociante. El emprendedor es aquel que se adapta y decide innovar hacia otro tipo de prendas (por ejemplo, para las necesidades de la salud). Es por esto que la idea de un emprendimiento en su totalidad, debe estar enfocada hacia la innovación y el posicionamiento como fuente de soluciones ante las necesidades del día a día de los consumidores. Espero que con esto cada persona que decida emprender se guíe por un modelo que beneficie a la sociedad teniendo en cuenta todas las dificultades a las que puede enfrentarse, como la situación que vivimos hoy en día. Es momento de reflexionar sobre los verdaderos objetivos que debe visualizar un emprendedor. Este no puede basarse únicamente en bienes o servicios rígidos en un solo contexto. Debe entender su mercado para atender todo tipo de dificultades y velar por el pilar de su creación: satisfacer al consumidor en cualquier escenario. Todo aquel que decida emprender sabrá que su reto más grande es darle una solución al consumidor y no simplemente un bien que en muchos casos puede ser inservible, como pasa ahora con todo lo que no nos brinda una saciedad casi que inmediata. ¿Para qué servirían prendas de verano o equipos de entretenimiento al aire libre si no podemos salir? Es por esto que un emprendedor debe idearse las diferentes formas de trasladar sus bienes a otros sectores. Cuando una persona inicia un negocio vendiendo un producto basado en sus propios gustos e intereses sin pensar en la ayuda que puede representar para alguien más, esta persona es únicamente un negociante. Pone un precio según su criterio y esperar crear una demanda a raíz de sus gustos. Lograr adaptarse a las necesidades de la sociedad y entender lo que el consumidor pide o querrá pedir por encima de nuestras convicciones es la clave de ser un gran emprendedor. Los grandes océanos azules no ofrecen productos, ofrecen soluciones, fidelidad y empatía con el consumidor. El arte del comercio nace en el momento donde un negociante va más allá de la simple venta de un producto. Este nace realmente cuando entiende el provecho intangible que hay entre ambas partes de dicha acción. Con esto suponemos que crear un vínculo entre el proveedor y el consumidor propone ingresos fijos si este realmente se logra. El propósito de un verdadero emprendedor debe ser su compromiso al poder brindar soluciones, momentos, felicidad o una experiencia a alguien más por parte de su creación. No simplemente intercambio de bienes regidos por un determinado contexto de “antojo” o quizás necesidad.


El éxito finalmente estará en la satisfacción del emprendedor y la dependencia positiva que genere en un mercado. Creer que el éxito estará en el dinero, seria reducirnos de nuevo a un negociante que hace una transacción tan rápida como el expansión de este virus y obtiene el dinero tan fácil como la capacidad que tenemos de contraerlo. El dinero es un bien efímero e incierto, tal como los días que vivimos ahora. Es por esto, que queremos a través de este texto concientizar al lector que no todo negociante es un emprendedor. Y que el éxito trasciende al dinero, un bien que todos podemos tener y del cual somos víctimas en este momento como vector de contagio.


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Por: Andrea González Melo


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