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Los grandes olvidados de los Oscar


Los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (AMPAS), más conocidas como Oscars, son la gala más popular entre el público general. Es el sueño de muchos darse lugar como ganador de una estatuilla y disfrutar del reconocimiento del mundo célebre de Hollywood. Pero por más prestigio que los premios puedan tener en la opinión popular, la realidad es que no han quedado fuera de controversias, muchas de las cuales, en retrospectiva, se ven como grandes errores que la Academia ha cometido.


Vamos con lo básico primero. ¿Cómo funcionan los premios? ¿Cómo se eligen a los nominados? ¿Quién elige a los ganadores? Tras la formación de la AMPAS en 1927, y con el objetivo de galardonar a personajes que destacaron por su trabajo en distintos ámbitos relacionados al cine, se dio su primera ceremonia el 16 de mayo de 1929. Desde aquel entonces se han entregado estatuillas por casi 100 años, y con tantas entregas es casi imposible que no se hayan cometido equivocaciones en el veredicto de los jueces. Aunque la dinámica electiva de los Oscar ha variado con los años, hoy en día distintos miembros de la Academia tienen la oportunidad de votar para elegir a los nominados y luego seleccionar entre estos a los ganadores. Cada uno de los jueces debe votar en el área en la que es especialista, con una excepción: la categoría de mejor película –que puede ser votada por todos–. Entre los más de 6.000 miembros votantes se encuentran actores, productores, directores entre otros. Los posibles nominados son propuestos y de entre ellos luego se realiza una segunda votación de ganadores. Cada categoría tiene requisitos específicos que se deben cumplir para lograr una candidatura entre los que se encuentra, por ejemplo, que la película haya sido proyectada en Los Ángeles durante al menos 2 semanas durante el año previo a la votación. Este factor es sumamente importante para entender por qué los premios tienen una reputación negativa que se refleja en el desprestigio en tema de calidad y equidad, pues, aunque parezca que la cantidad de votantes ayuda a tener un panorama más imparcial, no existe realmente una diversidad real entre estos “jueces”. La mayoría de los votantes resultan ser hombres, generando una brecha abismal en el porcentaje paritario en materia de género. De igual manera, las minorías no tienen un margen alto de participación como votantes. Es por eso que últimamente la academia ha optado por reestructurar sus políticas tanto de nominaciones como de participantes electivos, lo que, claro, también ha sido tema de controversia y polémica. ¿Pero cuales vendrían siendo los olvidados en este caso y bajo esta perspectiva? Serían precisamente las cintas, actores o aspecto técnico que participando como nominados no fueron galardonados o, de plano, los que ni siquiera fueron considerados como candidatos y fueron olvidados por completo por la institución.


1. OldBoy (2003): la exclusión de lo no angloparlante.


En el 2003 Oldboy se estrenó y casi inmediatamente arrasó en festivales. La crítica se puso de acuerdo para resaltar la narrativa audaz y la impactantemente violenta historia de venganza, pero los Oscars manejan cierta exclusión hacia el cine extranjero y en particular al cine que no es angloparlante. El cine americano, a diferencia de otras escuelas en el mundo, tiende a tener un enfoque moralista que solo aviva esa corriente de favoritismo hacia historias menos disruptivas. Este es un factor por el cual grandes películas, como Ciudad De Dios (2002) o Drunk (Another Drink) (2020), ni siquiera compiten dentro de la categoría principal de mejor película. Las pocas participaciones de filmes extranjeros en dicha categoría han resaltado el impacto que tiene la premiación en otros contextos de la cultura norteamericana. La exclusión de dichas películas ha sido un pretexto, por ejemplo, para Donald Trump para resaltar sus ideas políticas cuando compartió su inconformidad con Parasite de Boon Jong-hoo –que entre varios premios ganó el de mejor película en el 2019–, que, al ser una cinta de origen surcoreano, desató disgusto en el magnate y ex mandatario quien argumentó que no debió ganar debido a que solo pertenecería a la categoría de películas extranjeras.


2. Hereditary (2018) y Toni Collete: los géneros olvidados.


Otro aspecto es el desprestigio que tienen los Oscar con géneros particulares. Grandes propuestas cinematográficas se desprenden de temáticas tan extrañas como la comedia o el terror, y muchas veces son pasadas de alto solo por tratar estas temáticas. Hereditary (2018) es un claro ejemplo de esto. Ari Aster creó una cinta simplemente impactante, con un montaje increíble y que se apoya desmedidamente de las actuaciones sin descuidar el aspecto técnico. Así mismo, logró transformar un drama familiar en una verdadera pesadilla, demostrando que la profundidad se puede lograr inclusive en una cinta de horror. Es innegable que Toni Collete comparte el sufrimiento de una madre en duelo de manera desgarradora y que con su actuación nos da escalofríos aún en escenas que no tienen que ver con el aspecto sobrenatural. De igual manera, películas como The Babadook (2014) o The Witch (2015) ni siquiera fueron nominadas a pesar de su gran narrativa, despliegue técnico y actuaciones. Cabe resaltar que últimamente se han generado aperturas ligeras hacia géneros menos dramáticos y tradicionales (los cuales son los preferidos por la ceremonia) y películas como Get Out (2017) y cintas fantásticas como La forma del agua (2017) llegaron a tener su lugar en la premiación.



3. Salvando al soldado Ryan (1998), La Vida es Bella (1997) y la usurpadora Shakespeare in love (1998).


Uno de los puntos más debatibles es si se dan injusticias en las entregas, y es que la objetividad no existe realmente a la hora de seleccionar al mejor de entre los nominados, entre los cuales directores, actores y filmes se han visto apabullados ante selecciones que dejaron a todos con cara de extrañeza y consternación. Algunos casos muestran selecciones bastante reñidas, que hacen casi imposible decir qué cinta es mejor, como es el caso de Pulp Fiction (1994) y Forest Gump (1994) –enfrentadas por la estatuilla de mejor película en 1995–. Otras entregas han sido catalogadas como absurdas, como es el caso de la sobrevalorada Shakespeare In Love (1998), que ganó contra cintas como La Vida Es Bella (1997) o Salvando al Soldado Ryan (1998). Aunque en este último caso a simple vista parece ser una injusticia absurda, resultado de una ceguera a favor de un drama de época cargado de sentimentalismo, la verdad es que hay un trasfondo más oscuro. Así es que el nombre del enemigo número uno de los Oscar se marca como Harvey Weinstein –el productor y depredador sexual convicto–, quien durante años posicionó a cintas producidas por sí mismo dentro de la premiación. En muchos casos logró su cometido difundiendo rumores falsos sobre sus competidoras y jugando sucio, Shakespeare In Love es el claro ejemplo de esto: producida bajo el sello de Miramax –productora de Weinstein– que ganó la estatuilla a mejor película. La misma situación se ha repetido a lo largo de premiaciones más recientes. En la entrega numero 83 películas como Toy Story 3, 127 Horas, Inception, El Cisne Negro y La Red Social perdieron contra el drama tradicionalista de El Discurso Del Rey –que por supuesto fue producida por Harvey Weintein–.


4. Taxi Driver (1976): ¿mejor popular que real y cruda?


El caso de Taxi driver es uno bastante curioso, pues la cinta contra la que perdió fue una que bajo los ojos de muchos es digna del galardón: Rocky. Esta última presenta una visión más optimista sobre la condición coyuntural que atravesaba Estados Unidos, mientras que la obra de Scorsese presenta una perspectiva sumamente derruida de la realidad Neoyorquina y que maneja un viaje de introspección desesperante y desolador. Pero, ¿realmente estos premios exaltan el valor verdadero de una obra o simplemente son un carnaval de favoritismo? Es innegable que la popularidad de la cinta en cuestión llega a ser un factor de bastante peso en la votación y, lastimosamente, se convierte al premio en un concurso de popularidad que se desliga de los verdaderos valores fílmicos. Mucho se ha dicho de los Oscar; a diferencia de otras premiaciones durante festivales, este galardón no llega a estar en sintonía con los críticos, como sí pueden llegar a estar los reconocimientos en Cannes, Venecia o inclusive Sundance, en el mismo Estados Unidos. Precisamente la popularidad de las películas o de los intérpretes puede llevar a opacar el verdadero valor de una cinta que no cuente con elementos tan atractivos, pero que puede tener aspectos más resaltables.


5. Persépolis (2007) y la condena de la animación.


La animación también es un punto de controversia; categorizarla como un género aparte y no como una forma de contar una historia ha generado muchos matices frente a las películas animadas. Es por esto que filmes con tramas complejas y enfocadas hacia un público más maduro se ven obligadas a competir contra películas que se crean para espectadores infantiles; tal fue el caso de Persépolis que compitió y perdió contra Ratatouille. Este aspecto no está exento de segregación, y es que el cine japonés cuenta con grandes animaciones cada año que generalmente son pasadas por alto, enfocándose así en premiar a las mismas compañías que año tras año monopolizan la estatuilla entre ellas.


La premiación, aunque conserva su glamour, cada vez pierde su credibilidad, y se ve como un espectáculo vacío. Sí, claro, sigue siendo el mayor referente en cuanto a premios cinematográficos, pero su enfoque tan sesgado también ha hecho que se pierda el significado de la estatuilla como reconocimiento. Por eso otros galardones que se desprenden del esquema tan cuadriculado y se arriesgan a evaluar cintas más arriesgadas y hasta controversiales han adquirido más prestigio, abriéndose paso poco a poco dentro del pensamiento colectivo. A pesar de sus políticas cambiantes y de todo el progreso que afirman tener, el panorama no sigue siendo muy esperanzador a la hora de recuperar la imagen de calidad que tanto caracterizó al Oscar.


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Por: Santiago Patiño




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