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Los dos papas – Un retrato de la polifonía en el catolicismo

Con 4 nominaciones en Globos de Oro y 3 en los Oscars la película promete brindar una nueva visión de los íconos católicos.




Una de las propuestas más audaces de Netflix el pasado año fue, sin lugar a duda, Los dos papas. El largometraje, dirigido por Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, Blindness) y realizado con un presupuesto de 40 millones de dólares, cuenta los detalles privados de un suceso de reconocimiento mundial: la renuncia de Benedicto XVI al papado y la elección de Jorge Bergoglio como nuevo pontífice. El hecho es narrado a partir de una perspectiva que incluye, además de la visual pública de ambos personajes, una mirada a la parte más íntima de su relación.


La mirada que propone César Charlone (Ciudad de Dios), director de fotografía del largometraje, tiene el objetivo de enfatizar en los detalles y parece buscar que el espectador sienta que se encuentra frente a un formato correspondiente a un documental. El plano general se convierte en el principal cómplice de Charlone a lo largo de la obra, es a través de esta herramienta que logra brindar a la audiencia una experiencia que fusiona la curiosidad y el husmeo. Mediante el uso abundante de primeros planos y de tomas con cámara en mano, Charlone asoma a la audiencia a una obra que pretende trascender el plano de lo biográfico a través de empujar su límite con el género documental.


La banda sonora de la película, a cargo del compositor Bryce Dessner, juega un rol primordial en la caracterización de los dos papas. La dualidad entre los personajes se empieza a entrever con ayuda de la música que los acompaña. Caracterizado por el tango y acompañado generalmente por guitarras y bandoneones que aluden a lo folclórico, la figura liberal latinoamericana de Bergoglio se contrapone al dogmatismo alemán de Ratzinger, representado mediante el piano clásico y piezas que van desde compositores como Debussy y Mozart hasta Gregorio Allegri.


Realizado por Anthony McCarten (La teoría del todo, Bohemian Rhapsody), el guion es el elemento clave que permite la transformación y humanización de quienes son ya íconos de la iglesia católica. La adaptación realizada por McCarten de una obra también de su autoría, The popes, le ha valido una nominación a los Golden Globes y una cuarta nominación a los Premios de la Academia, tras las ya recibidas por su trabajo en La teoría del todo (2014) y Darkest Hour (2017). Es precisamente en este rasgo que se haya una de las grandes virtudes de la película, en un guion que no se limita a relatar la historia de dos hombres, sino que muestra la transición y los conflictos entre dos figuras que representan el pensamiento de dos generaciones profundamente divergentes.


De la mano del guion se encuentran también las acertadas interpretaciones de Anthony Hopkins, nominado a mejor actor de reparto en los Golden Globes y en los Oscars por su interpretación del dogmático y conservador Joseph Ratzinger, y Jonathan Pryce, quien compite por una estatuilla en la categoría de mejor actor en ambas premiaciones debido a su representación del innovador y reformador Jorge Begoglio. Pryce y Hopkins generan un contrapunteo a partir de su actuación, creando un espacio que le permite al espectador moverse entre las mentes de ambos personajes y comprender sus más profundas motivaciones, destacándose su trabajo por conseguir una representación que logra articular a la audiencia entre la rigidez de Benedicto XVI y la progresividad del posteriormente electo Francisco.


Con la inclusión y posterior rechazo del papa emérito como coautor de un polémico libro acerca del celibato, la publicación de varias cartas del pontífice que confirmarían su deseo por participar en la obra y una propuesta de Francisco que buscaría permitir a hombres casado ejercer el sacerdocio en la Amazonía, la película reafirma su importancia. A pesar de encontrarse dentro de un nicho espiritual y cultural como lo es la religión católica, la pertinencia del largometraje atraviesa varios niveles, permeando a la doctrina a la vez que pone en tela de juicio las diversas preocupaciones que aquejan a una institución que ha tenido una pérdida significativa de adeptos frente a una generación de jóvenes cuyos paradigmas no son los mismos que los de sus padres, que buscan respuestas concretas para las innumerables preguntas que deja la generación anterior y cuyos ideales no se veían representados en Benedicto XVI.


La discusión desarrollada en la película acerca del rol moral y social que debe tener la iglesia es un tema actual y controvertido que sale a la luz ante los distintos escándalos ocurridos dentro de la institución. Habiendo tenido a lo largo las pasadas dos décadas una disminución significativa de jóvenes creyentes, el largometraje insinúa que dicha pérdida podría corresponder precisamente a la falta de adaptabilidad que tuvo la institución católica con los últimos dos pontífices. Bajo esta consigna la obra de Netflix se transforma en un punto de flexión que testimonia el involucramiento de las necesidades de nuestro tiempo con la tradición, que presenta a un Francisco con la posibilidad de conjugar la parte más docta del catolicismo con las problemáticas actuales, mostrando que dicha coyuntura resulta imperativa para una generación que exige que la única constante sea el cambio.



Puntuación:


• Guion: ★ ★ ★ ★ ★

• Música: ★ ★ ★ ★

• Fotografía: ★ ★ ★ ★

• Actuación: ★ ★ ★ ★ ★


Calificación general: 4.5





Por: Melissa Betancour

Diseño: David Aches

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