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Las raíces equivocadas del liberalismo




El sábado 22 de agosto mientras veía en Twitter a Iván Duque gambetear cualquier responsabilidad sobre la masacre de Samaniego y a Claudia López dar clases magistrales de cómo lavarse las manos de las cuarentenas y del retiro de su “Plan Marshall” en Bogotá la esperanza de un proyecto político decente me asaltó por un momento al leer el titular: “El proyecto político de raíces liberales que busca ser opción de poder”. Pero al abrir la noticia volví al mismo punto en el que ha estado estancada la palabra “liberal” en Colombia desde el siglo XX: confundir el liberalismo con, el hoy nada relacionado, “Partido Liberal” y creer que en las “raíces” de este partido falsamente remontadas al siglo pasado se halla la verdadera doctrina liberal, cuando deberíamos ver hacia el siglo XIX. Estos errores han hecho difícil que en Colombia resurja una opción de poder liberal en el sentido de Smith, no de Pumarejo, Serpa o Gaviria.


Que el Partido Liberal no tiene base ideológica no es un secreto ni requiere mayor profundización. La falta de doctrina política de los partidos en Colombia es la norma más que la excepción, al ser estos carteles de avales y puestos burocráticos. Del Partido Liberal basta recordar que vendió una de sus “banderas”, i.e., la defensa de la paz, para apoyar a Iván Duque a cambio de entrar en la repartición de la torta burocrática.


Pero incluso quienes reconocen la esencia burocrática del Partido Liberal y pretenden volver sobre sus bases se equivocan en las raíces que buscan desenterrar. No son las ideas del Partido Liberal del siglo XX a las que hay que mirar, sino las del siglo XIX, cuando el Partido Liberal y la doctrina del mismo nombre sí se parecían. Propuestas como la protección arancelaria de la industria nacional, poner en “cintura” a los bancos o castigar penalmente la incitación a la violencia no son políticas liberales, pese a que su bancada y los mal llamados liberales así lo crean. Sin duda alguna van en línea con las políticas de izquierda y de justicia social que ha defendido el Partido Liberal desde inicios del siglo XX, pero esas no son sus raíces. Con los bancos, por ejemplo, la banca libre y la no intromisión del Estado era una de las banderas del Partido Liberal en el siglo XIX. De hecho, la creación del Banco Nacional y el fin de esta banca libre fue lo que sacó corriendo a los liberales independientes que se habían aliado con Rafael Núñez durante su primer mandato. Penalizar la incitación a la violencia -lo que sea que eso signifique- tampoco tiene mucho de liberal. Fue durante los gobiernos liberales entre 1853-1886 que la libertad de imprenta se dio sin ninguna clase de consecuencia, incluso para disgusto de algunos presidentes liberales. Resulta paradójico que mientras el liberalismo en Colombia desde el siglo XIX tomó las banderas de la iniciativa privada, del fuero absoluto del individuo y de limitar al Estado, quienes hoy se consideran “liberales” pretendan volver a las “raíces” defendiendo las posiciones contrarias. Esta vinculación del liberalismo con la izquierda en Colombia es un accidente de inicios del siglo XX, en el que el Partido Liberal fue absorbido en parte por las reivindicaciones de los movimientos sociales y obreros que comenzaron a aparecer con la industrialización del país y que no tenían cabida dentro del Partido Conservador. Lamentablemente, por compartir nombre y doctrina en el siglo XIX, la transformación del Partido Liberal en un partido “popular” de izquierda también transformó en Colombia el significado de liberalismo como doctrina política, error que persiste hoy.


Así, el Partido Liberal no sólo está alejado del liberalismo por ser un partido desideologizado como la mayoría sino también porque lo que muchos consideran sus “raíces” no es el liberalismo político, sino la usurpación que de este hicieron las corrientes de izquierda y de nacionalismo a inicios del siglo XX. La falta de referencias al liberalismo clásico de Smith, Locke o Rousseau, que fueron recibidas acá en el siglo XIX, así como su reemplazo por otras doctrinas mal llamadas liberales, hará muy difícil que un verdadero proyecto liberal tome vuelo en Colombia. Hay que volver a las raíces del liberalismo, pero a las correctas.



Por: Juan Esteban Quintero*. Fundador de Confesiones Uniandes & Chompos

*Pseudónimo


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