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La vida en un campus virtual

Actualizado: hace 3 días

Clases, huecos, grupos, contacto, ruido y gente, mucha gente. Esta es la vida típica en el campus de la Universidad de los Andes. Pero en medio de una pandemia y la conversión de nuestras rutinas a la virtualidad, ¿qué se ha perdido? ¿Qué se ha ganado? El campus universitario no es simplemente un espacio para almacenar conocimientos y personas que aprenden. Para la mayoría de nosotros era el lugar de convivencia por excelencia durante el semestre regular, incluso más que nuestro propio hogar.



El 16 de marzo de este año lo que comenzó con una serie de recomendaciones, como la cancelación de eventos en el campus y viajes institucionales, se convirtió en la transformación de la totalidad de las clases que ofrece la universidad en sus programas de pregrado y posgrado al formato virtual y remoto. Así, se dieron largas jornadas de capacitación a profesores, directivos, empleados y estudiantes para llevar a cabo la virtualización de las dinámicas del campus, como lo contó El Uniandino en esta historia.


“El campus está recibiendo sujetos que no solo vienen a estudiar. Recibe personas que tienen historias, relaciones, gustos, un cuerpo con el cual se relacionan con el mundo, familia, amigos, etc. El reto precisamente que nos impone el aislamiento es trasladar una buena parte de la interacción de ese espacio físico a uno virtual”, dice Patricia Padilla, psicóloga del área de Apoyo de la Decanatura de Estudiantes y coordinadora de Ágora, un espacio virtual de apoyo estudiantil. Con todos en la casa y solo a través de internet, ¿cómo se desarrollan esas redes que antes se daban con naturalidad?



El espacio


“Tengo tres trabajos de tiempo completo: profesora de universidad, profesora y cuidadora de niño chiquito, y el tema del hogar pues antes yo le pagaba a alguien para que lo hiciera”

“Tengo tres trabajos de tiempo completo: profesora de universidad, profesora y cuidadora de niño chiquito, y el tema del hogar pues antes yo le pagaba a alguien para que lo hiciera”. Catalina Muñoz es profesora del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales. Desde su casa nos contó cómo uno de sus mayores retos en esta situación ha sido la separación de espacios: “Estar en la casa tiene un montón de retos, pensar que simplemente es trasplantar el trabajo del campus a la casa es un error”.


Uno de los aspectos que ofrece un campus físico tiene que ver con la posibilidad de separar espacios, los cuales generan dinámicas propias del entorno. Al tener todas estas dinámicas en un mismo lugar, se dan otros problemas relativos a la organización de las tareas, la multiplicidad de roles, la concentración y tantas cosas más.


Jean Paul Bernier, estudiante de último semestre de Arquitectura se encuentra realizando su tesis sobre los puntos de encuentro entre lo que llama las actividades “íntimas” y las actividades “expuestas” dentro del espacio. También trabaja muy de cerca con iniciativas estudiantiles en la Decanatura de Estudiantes. “Esas actividades que son espontáneas y asociadas al ser y a la identidad se dan más en espacios domésticos que públicos. Cuando se mezclan o se invierten las actividades con los espacios para los que fueron hechos, pues se le desfigura a uno en la mente para qué sirve el espacio” comenta Bernier.





“Se han sobrepasado las fronteras de lo que es tu vida privada y tu vida laboral o profesional” comenta Natalia Torres, coordinadora de Construcción de Comunidad de la Vicerrectoría de Desarrollo y Egresados. Lleva 25 años trabajando para la universidad y su labor se basa principalmente en el relacionamiento con las personas. “Cuando tú sales de la oficina y vas para tu casa, logras poner otro escenario en la mente y te desconectas de las cosas del trabajo. Tú ya estás en otro espacio, con otras personas, en otras dinámicas”.


Pero esto no es solo una impresión de los empleados de la universidad. Laura Arias, estudiante de sexto semestre de Arte y Diseño comenta que lo que más extraña es saber que tenía un espacio para cada cosa: “saber que tengo un momento para estar sentada, esto me generaba los espacios de atención y concentración. Siento que el tiempo era más fluido, por lo menos solo en el hecho de cambiar de espacio”.


Sobre este punto, Bernier explica que la virtualización no implica una transposición directa del espacio del campus a lo doméstico. “Creo que la mayoría de gente entiende que vamos a virtualizar un espacio construido y vamos a seguir todos igual y eso no pasa porque igual estás teniendo una sola pantalla, una sola imagen de la realidad. No creo que una sala de chat sea como muchos espacios virtualizados sino que cada uno está en lo suyo, como en soledades compartidas”.


“Me parece que las comunicaciones a través de la tecnología -que son medios fríos- hacen que tú no tengas el mismo nivel de confianza y de reacciones genuinas”

Y es que a pesar de las 6 semanas que llevamos de clases virtuales y al proceso constante de adaptarnos a plataformas para estas nuevas interacciones, no terminamos de acostumbrarnos a las dinámicas digitales. El computador y el celular se han convertido en los objetos de mayor uso en la casa: “Me parece que las comunicaciones a través de la tecnología -que son medios fríos- hacen que tú no tengas el mismo nivel de confianza y de reacciones genuinas”, comenta Torres, y termina diciendo que las posibilidades ahora están frente a una pantalla, un chat, correo o una videoconferencia.


Bernier agrega que estamos creando nuevas dinámicas, otra forma de interactuar y redefinir los espacios. “No es como que el campus ahora es virtual, no, o es campus o es un escenario virtual pero lo que estamos haciendo acá es un híbrido, una mezcla de dos cosas”. En ese sentido, ¿cómo estamos creando esas redes en el campus? ¿cómo estamos siendo parte de la comunidad a partir de nuestros roles en estos medios fríos, como los llama Torres?



La participación


“Los espacios que se han usado como “CBU´s que deberían meter” son espacios que siempre se han usado y siempre han servido para esta clase de cosas”.

“Los espacios que se han usado como “CBU´s que deberían meter” son espacios que siempre se han usado y siempre han servido para esta clase de cosas”. Para Valentina Ibarra, presidente del Consejo Estudiantil Uniandino, sí se ha generado mayor participación en los estudiantes mas no por la cantidad de canales sino porque “de repente se sienten decisiones más trascendentales que afectan nuestra vida en comunidad”. Así, a través de los mismos medios creados por estudiantes a través de redes como Facebook e Instagram se ha generado mayor diálogo frente a diferentes situaciones.





Por su parte, Laura Arias, estudiante de diseño y arte, nos comentó que siente mayor participación en nuevos canales pero sugiere que se han convertido un poco en espacios “tóxicos”. “Es más un problema de comunicación, siento que por la misma desconfianza de que todo va a salir mal, uno no está abierto ni alcanza a comprender las presiones que tienen los demás”. Esto respecto a la última asamblea de la Facultad de Arquitectura y Diseño a la que ella nunca había ido antes y en la cual participó el Decano y profesores destacados. “Uno nunca tiene un vínculo con el último de la facultad”, afirma.


Las redes sociales tenían un fin más lúdico y de esparcimiento antes de la cuarentena. Hoy es nuestra única realidad por lo que vemos que han cobrado un papel determinante en la forma de relacionarnos, de construir comunidad y de participar en ella. Las discusiones que antes se podían dar en un salón, en un auditorio, en la entrada de la universidad, en la pola, ahora tienen cabida en infinitas salas de chat y plataformas de videollamadas.


Ibarra también sugiere un factor para el incremento de participación estudiantil. “Siento que un cambio gigante tiene que ver con Alejandro Gaviria en la rectoría, cómo él responde los tweets, cómo él responde correos, como que la gente se siente más tranquila de intentar hablar con esta instancia grande, porque no se siente lejano, como algo a lo que nunca podrías acceder”. Este aspecto burocrático, según comenta Ibarra, puede promover mayor confianza en los estudiantes para que sean escuchados. Cabe anotar que este canal virtual del rector puede ser cuestionado como sucedió en el comunicado sobre el proceso de admisiones del siguiente semestre, y contamos acá. La mayoría de personas leyeron la noticia en twitter antes que en un canal oficial. ¿Podría esto generar un cambio en la forma de acceder y participar en las decisiones institucionales? ¿O podría generar confusión sobre la veracidad de la información y sus fuentes?


“Por lo menos antes uno podía ir a la universidad y sí o sí tenía que haber una respuesta. En cambio ahora por medio del correo es supremamente complicado y siento que la información y la comunicación es poco efectiva”.

Marlly Chaparro, presidente de la organización estudiantil ANDAR, siente que la burocracia sigue siendo la misma. “Por lo menos antes uno podía ir a la universidad y sí o sí tenía que haber una respuesta. En cambio ahora por medio del correo es supremamente complicado y siento que la información y la comunicación es poco efectiva”.


Hablamos también con la oficina de PLUS de la Decanatura de Estudiantes y su coordinadora, María del Pilar Pérez. Su labor consiste principalmente en apoyar las iniciativas estudiantiles en el campus. Según cuenta Pérez, esta interacción cambió porque han tenido que desplazar su atención a lidiar con el asunto académico. “En ese sentido ha menguado muchísimo las iniciativas que deciden contar con nosotros y el trabajo ha disminuido. Hasta ahora de un 100% de las iniciativas estudiantiles que venían con nosotros, aproximadamente un 40% están aceptando al reto de pensar actividades virtuales. Estamos encontrando estrategias para saber si es posible que se activen o no”


Sin embargo, Pérez considera que una habilidad que ha ido en aumento para la posición de los líderes uniandinas es la autonomía: Tenemos conocimiento de que muchos líderes han adquirido más independencia, han querido darse a la tarea de producir contenido ellos solos y eso es algo que no controlamos nosotros y está bien”.



Respecto a la participación de los estudiantes en las aulas de clase remota, Ibarra comenta que ha recibido opiniones diversas pues algunas personas empezaron a participar más porque -según sugiere ella- “ya no tienen miedo a que los vean”. No obstante, comenta que no es una generalidad y que hay varios estudiantes que no se han logrado concentrar en estos medios.


La profesora Muñoz también comenta que percibe otras modificaciones en la dinámica de clase respecto a la participación. “Me doy cuenta que en el chat que tengo al lado, están expresando sus opiniones estudiantes a quienes no les he oído la voz en clase, entonces eso se le atribuye a la virtualidad. Esta ofrece algunos espacios de participación donde el estudiante por algún motivo se siente menos expuesto, quizás, no sé si se sienten más tranquilos de pensar mejor su idea antes de darle enter”


Por otro lado, considera que esta coyuntura ha promovido que todas las personas se involucren con las problemáticas del otro, esto es, un llamado más a la colaboración y sensibilización. “Creo que esta situación me ha invitado a ser aún más sensible con esos temas, entonces trato de dedicarle tiempo en las sesiones de clase a saber cómo están, cómo se han sentido, qué retos están experimentando”.



La cara más amable


Sin embargo, algunos destacan valiosos aprendizajes que han empezado a descubrir. Natalia Torres, coordinadora de la oficina de Construcción de Comunidad que leímos al principio de la nota, afirma que en medio de todo tanto administrativos como profesores y estudiantes han logrado amoldarse, aceptar y enriquecer los espacios de trabajo o estudio remoto. “Creo que hay muchas posibilidades de enriquecernos, como principal ventaja veo que estar en la comodidad de tu casa no tiene precio”


Desde su posición de profesora, Muñoz comenta que la coyuntura ha supuesto un reto para los profesores. “Esto de la virtualidad sin duda nos está volviendo mejores profesores porque nos está haciendo pensar el proceso de aprendizaje , como quizá en nuestra forma tradicional no lo pensamos siempre porque enseñamos como aprendimos”


La idea es dejar preguntas y encontrar puntos de encuentro con la forma en que cada uno pueda estar viviendo esta situación. No sabremos si la vida vuelva a la normalidad acostumbrada, pero con algunos aprendizajes, con otros ánimos, podemos prever algunas ideas para el futuro. En palabras de Torres: “sí extraño el momento en el que volvamos a nuestra vida cotidiana, tal vez disfrutarnos más a las personas cuando las tenemos de frente, eso puede ser un aprendizaje valioso para todos”.



Por: Gabriela Herrera Gómez

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