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La sociedad parasitaria

El largometraje, ubicado en el contexto de Corea del Sur, nos narra las inesperadas consecuencias del encuentro entre dos familias de condiciones sociales y económicas diametralmente opuestas.





El gran director surcoreano Bong Joon-ho, quien evidencia a menudo en su filmografía críticas al sistema que nos rodea, yendo desde la caracterización de la eterna lucha entre oprimidos y opresores en “Snowpiercer” (2013), hasta la cruda realidad de la industria alimentaria con “Okja” (2017); nos presenta “Parásitos”, un filme que desde ya está arrasando en todos los festivales y premios de cine, además de ser la favorita para ganar la estatuilla a mejor película en los Oscar. El largometraje, ubicado en el contexto de Corea del Sur, nos narra las inesperadas consecuencias del encuentro entre dos familias de condiciones sociales y económicas diametralmente opuestas. Sin duda alguna la película resalta técnicamente, pero lo que más llama la atención es la lectura profunda y neutral que hace de las clases sociales y las interacciones que surgen de su encuentro.


Resulta interesante que este tipo de cine provenga de Corea del Sur, ya que los productos culturales a los que estamos acostumbrados nos muestran un país impecable, la utopía capitalista en donde la precariedad no tiene asomo. No obstante, “Parásitos” desenmascara otra cara de Corea, una cara en donde las personas viven en precarios semisótanos bajo deslumbrantes megaciudades como Seúl, o escondidos en bunkers bajo grandes mansiones, en condiciones insalubres y llevados al borde del desespero por el desempleo. Este retrato enmarca muy bien el objetivo del autor: “El mundo cree que Corea del Sur es una alegre sociedad de consumo. Yo quiero mostrar otra realidad”. Este tipo de narrativas nos permiten replantearnos la manera en la que se lee al primer mundo, puesto que tiran abajo los referentes y crean una historia que proyecta a cualquier sociedad, haciendo fácil encontrar similitudes y sentirnos identificados con la historia, a pesar de que esta ocurra al otro lado del globo.


Además de crear una crítica social que trasciende fronteras, los planteamientos de Bong Joon-ho superan los arquetipos sociales tradicionalmente utilizados al hablar de las desigualdades. Aquí no se romantiza la pobreza de modo que los pobres son vulnerables víctimas; tampoco se sataniza la riqueza, dejando por fuera el tradicional papel de ricos déspotas. La cinta lanza una mirada igual de severa a las actuaciones de ambos. Mientras que el desespero de algunos por sobrevivir los lleva a engañar, e incluso dañar a los demás, los exorbitantes lujos de otros crean barreras mentales al mundo real, generando una pérdida de empatía por lo ajeno y un desprecio pasivo con los que no gozan de la misma posición. “Parásitos” no nos muestra héroes o villanos, sólo personas cuya forma de obrar está condicionada por su capacidad económica.

El título de la película parece referirse y juzgar -en principio- la situación en la cual un grupo de personas, debido a la carencia de oportunidades legítimamente aceptadas, han admitido la disminución moral, e incluso psicológica, para vivir a costa de sus anfitriones, aprovechando la más mínima oportunidad de tomar sus recursos. Sin embargo, llegando al final de la película nos damos cuenta de que el título pareciera también recoger en su definición a aquellos que requieren un sequito de trabajadores para realizar la más mínima actividad cotidiana, de los cuales consumen su tiempo y energía como simples objetos descartables de los que sólo les interesa su utilidad. Bong Joon-ho, hace una lectura de la sociedad como un conjunto de mutuas relaciones parasitarias, dirigiendo su crítica no a las personas, sino al modo en el que está constituido el sistema, el cual sostenido en las dinámicas de la propiedad como medio de coerción -esto se hace evidente utilizando a la casa en la cual se desarrollan los hechos como metáfora-, empuja a unos y a otros a consumir los recursos ajenos, buscando, por encima de todo, el aumento de calidad de su propia existencia.


El director aprovecha el lenguaje cinematográfico en cada escena para mostrarnos los contrastes entre las diferentes realidades en las que se desenvuelven los personajes. Todo nos indica que los grupos sociales se encuentran separados por fronteras irreconciliables, desde la fotografía hasta la colocación de los personajes en el plano -unos arriba y otros abajo-. Así mismo, los planos contrastantes destacan de manera visceral las diferencias que el estatus económico impone; por un lado, la lluvia trae tranquilidad y puede convertirse incluso en un juego, por el otro, puede destruir los hogares de las personas llevándolas a perder todo. El filme contrapone en la misma ciudad, a no mucho más de unos cuantos kilometros, hermosos hogares con jardines y obras maestras de la arquitectura, con hogares humildes sumidos en la podredumbre de las aguas negras. De igual manera, ilustra la estratificación social metafóricamente, por medio de la profundidad en la que los personajes residen, siendo el subsuelo la clase social más baja y la superficie la riqueza extrema. Esta estratificación se muestra como insuperable pues, aunque siempre está el deseo incontrolable de los de más abajo por llegar a la superficie, cuando se mezclan las realidades opuestas, chocan por completo desencadenando el caos y la locura, como lo muestra magistralmente la escena del jardín. Esto se debe al carácter de las relaciones impuestas por las estructuras sociales, ya que la única relación entre clases que permite esta arquitectura es la del parasitismo, estas dinámicas resaltan la fragilidad de las interacciones sociales en un sistema de clases tan excluyente.


Bong Joon-ho nos muestra una postura refrescante frente a la sátira social, pues rompe con los clichés habituales realizando una crítica inteligente y divertida de las interacciones entre clases sociales. Sin presuponer malos o buenos, se cuestiona la arquitectura de las dinámicas entre diferentes clases sociales, las cuales empujan a ricos y pobres a utilizar a los demás. Así mismo, muestra los contrastes de dos realidades irreconciliables, que como denota en el acto final, son totalmente repelentes entre sí y su unión, por medio de una relación distinta a la parasitaria, desemboca en el caos, debido a que el sistema sólo permite este tipo de interacciones por medio de la objetificación mutua. En suma, además de encontrar una película técnicamente excelente y con una propuesta innovadora, “Parásitos” invita a cuestionar los privilegios -entre ellos la educación universitaria, tema abordado constantemente en la película y que los personajes ven como una oportunidad de ascenso- y a evaluar la manera en que nos relacionamos con los otros basados en esos privilegios. En consecuencia, creo que esta película es perfectamente coyuntural con el contexto uniandino e invito a todos a verla, les aseguro que además de entretenerlos mucho, los confrontara.





Por: Laura Manuela Silva

Diseño: David Aches


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