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La revolución de Hora de aventura


Hora de aventura no solo se ha convertido en un referente de la cultura pop, sino que ha revolucionado la animación occidental; simplemente sin Hora de aventura no existirían series del renombre de Rick y Morty. La serie cuenta con más de 10 temporadas y 3 miniseries, y estuvo 8 años en emisión. Su éxito fue arrollador y registró uno de los más altos ratings para la televisión infantil cuando la industria parecía estar en decadencia. Pero ¿qué hace de Hora de aventura un fenómeno tan importante?


Primero, es necesario remitirse a The Marvelous Misadventures of Flapjack, serie que ya preveía una nueva forma de hacer cartoons con historias profundas, nuevos estilos, influencias variadas, y un humor ácido y bizarro –altamente influenciado por predecesoras como Bob Esponja y Catdog–. Con apenas dos temporadas, esta serie fue capaz de gestar varios talentos como Pendelton Ward, quien darían origen a Hora de aventura y esta a su vez sería la base de Regular Show, Gravity Falls, Steven Universe, Over the garden wall, Bee and Puppycat, entre otras. A partir de The Marvelous Misadventures of Flapjack ya se evidencian tramas más oscuras y universos con mayor riqueza, que van más allá de los tópicos usuales, pero no es sino hasta Hora de aventura que estos elementos se catalizan y se evidencian con claridad.


Hora de aventura, además de crear tramas más elaboradas en series infantiles, demostró que es posible crear contenido profundo y disfrutable tanto para niños como para adultos. Hora de aventura no es una serie con temas subidos de tono presentados al público infantil, sino que trata temáticas complicadas con un tono reflexivo a diversos niveles, que son capaces de llegar a diferentes públicos. La serie parte de la idea de que los niños son más inteligentes de lo que antes se creía y de que es posible, a través de un medio de entretenimiento animado, reflexionar sobre temas tan serios como la depresión, el abandono paternal y la masculinidad; basta con observar el capítulo de “Princesa galleta”, el cual –muy adelantado a su época– fue uno de los primeros episodios de la televisión infantil en hablar seriamente del travestismo. Hora de aventura fue capaz de poner sobre la mesa de discusión temas que antes se mencionaban tímidamente.



Hora de aventura, aunque tiene episodios autoconclusivos, muestra personajes que evolucionan, con dilemas que se van desenvolviendo, diversas facetas y que crecen con el tiempo. El protagonista, Finn, inicia la serie con 12 años y para el final tiene 17; pasa de ser un héroe medieval, que resuelve sus dilemas blandiendo espada, a convertirse en un mediador pacífico y diplomático. Este aspecto se mantiene en los personajes secundarios y los menos recurrentes. Por ejemplo, la Pequeña Mantícora, aunque aparece escasamente en tres episodios, tiene una construcción de personaje sólida y resuelve sus profundas disyuntivas filosóficas a lo largo de sus intervenciones. Estos elementos de construcción temática se habían aplicado poco en la animación occidental, e incluso en las series para adultos su desarrollo había estado limitado, pero después de Hora de aventura casi toda serie animada se apropió de esta narrativa.


Las influencias variadas de la serie atraviesan diversos planos disciplinarios y dogmáticos. Hora de aventura se diferencia de sus predecesoras por ilustrar el panorama filosófico del eterno retorno nietzscheano, e incluso mostrar influencias budistas en toda su línea temporal, mediante la exposición de un universo que se extiende mil años en el pasado o en el futuro sin ningún problema y el planteamiento de personajes que representan la reencarnación no solo de los elementos esenciales que forman dicho universo, sino también de valores, antivalores e incluso de figuras mesiánicas. Así mismo, cuenta con personajes inmortales nihilistas que comprenden que nadie vive lo suficiente para entender el ciclo sin fin de la existencia, pues todo termina inevitablemente retornando sobre sí. Estas reflexiones se hacen evidentes en el último capítulo con la canción del personaje BMO:


“Solo es ilusión ver el tiempo correr.

Vives el presente una y otra vez.

Si algo bueno acaba parece muy cruel,

mas siempre entonces se podrá volver.

Siempre entonces se podrá volver”


Dichas características de desarrollo argumental rompieron los paradigmas occidentales respecto a cómo contar historias por medio de la animación. Esto se ayudó, en gran medida, por el estilo de animación minimalista –con trazos simples y colores sólidos– que dio lugar a la escuela del “Calarts”, la cual predomina hoy en las series animadas, con exponentes del estilo como Rick y morty, Steven Universe y el Increible mundo de gumball, por mencionar algunas. Paradójicamente, esta estética permitió contar más con menos, de allí destaca el estilo particular del artista Ghostshrimp, que creó metáforas visuales hermosas como el icónico sauce llorón, que señala la evidente preocupación de la serie por contar una historia trascendente.


El universo de Hora de aventura y su mitología son riquísimos como el de ningún otro producto cultural, pues cuentan con influencias de lo más variadas que van desde animes, mitos griegos, esoterismo y nigromancia, hasta cantares medievales y Calabozos y dragones; por lo cual, resulta un festín de referencias bellamente integradas de formas inesperadas. La serie cuenta con un bestiario que va desde deidades absolutas que representan el mal en su estado más puro y seres neutrales que trascienden el espacio-tiempo hasta pequeñas criaturas del bosque mágico, todas ellas perfectamente integradas con una lógica y coherencia impresionante. Hora de aventura, además, destaca porque es una oda a la diversidad en todo sentido al integrar personajes con sexualidades variadas en sus tramas, dar el papel de héroes y heroínas a personajes en su cotidianidad, resaltar que la bondad y la magia puede encontrarse en lugares insospechados y tener un humor único basado en el extrañamiento.


En conclusión, Hora de aventura revolucionó de manera definitiva la animación y es una serie hermosa que destaca por llevar a cabo ideas innovadoras de forma magistral al tratar temas coyunturales, imponer un nuevo estilo de animación y valerse de diversos elementos narrativos y referencias culturales variadas. Personalmente, yo crecí con esta serie y me marcó profundamente, pues es una invitación expresa a aceptar aquellas cosas que te hacen diferente, a resaltar que en todos hay bondad y de una forma u otra podemos ser héroes. Esta obra maestra de Pendelton Ward invita a abrazar la identidad y es, sin duda, una de las mejores series animadas de la última década.


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Por: Manuela Silva



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