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La Reforma Académica: ¿En qué nos estamos metiendo?

Actualizado: 16 de oct de 2018


Respecto a la reforma académica que el Consejo Estudiantil Uniandino divulgó el pasado viernes 20 de abril, El Uniandino estuvo hablando con algunos de los actores involucrados para entender en qué nos estamos metiendo. En general, los representantes estudiantiles se muestran preocupados, los profesores reticentes, y el vicerrector académico, impulsor más

visible de la reforma, conciliador.


Para leer la entrevista completa al vicerrector académico haga clic acá.




En los últimos años hubo dos intentos de reforma académica que se hicieron públicos: la trimestralización, y la que se dio a conocer hace poco. La primera propuesta fue descartada relativamente rápido a partir de las discusiones en la comunidad académica, pero las ideas que en ese entonces se plantearon surgieron nuevamente en la versión que ya se empezó a implementar. La bimestralización de los cursos de inglés, la reestructuración del curso de español y la reforma de CBUs, son apenas la punta del iceberg de lo que se espera cambiar en la estructura académica.


Cuando le preguntamos a Carl Langebaek, vicerrector académico, qué era lo que le molestaba del estado actual de las cosas, mencionó indicadores. Según él, los estudiantes se demoran mucho más tiempo para graduarse de lo que estipula su currículo, lo que al final lleva a que paguen más de lo planeado. Además, cerca del 25% de los admitidos deserta. Pero esto no es todo, Langebaek también habla de una responsabilidad de Los Andes por «ver cómo están cambiando las formas de enseñar y aprender en el mundo», y su propuesta de reformar responde en parte a eso. Sin embargo, hay una preocupación que pareciera ser principal y dirige muchas de las decisiones que se están tomando: la carga. «No se puede confundir cantidad con calidad. Uno va a cualquier universidad europea o norteamericana que no se puede acusar de ser mediocre y la carga de los estudiantes está perfectamente calculada. Son pocos cursos, pero en cada uno de ellos la profundidad es enorme».


El entusiasmo no es el mismo por fuera de la oficina del vicerrector. En entrevista con los directores del Comité Académico del CEU, quienes son miembros del Consejo Académico de la universidad, El Uniandino encontró justamente en la carga una de las mayores preocupaciones. Para Juan Felipe Bonivento, codirector del comité junto a Lina Moya, la reforma tiene muchas virtudes, pero podrían verse opacadas por la rigidez de los topes en carga que se quieren establecer. Bonivento se refiere a la primera propuesta de topes que hay en la reforma: 16 créditos al semestre, 4 o 5 cursos simultáneos, o 48 horas totales de trabajo semanal por periodo (semestral o bimestral). Preliminarmente, ninguno de los tres se puede violar. Para él, «es viable diseñar currículos ajustados a esos topes; lo que es difícil es que a los estudiantes se les exijan los tres de forma simultánea. Eso restringe la facilidad que tienen los estudiantes para desviarse del modelo».


Y es que hay una diferencia marcada entre la visión del vicerrector y la de los representantes al respecto de lo que constituye la esencia curricular de la universidad. Mientras para el primero los programas de Los Andes tienen «cierta flexibilidad», y su característica principal está centrada en una formación integral; para los segundos, «una de las grandes ventajas que tiene Andes es que los currículos son sugerencias, no obligaciones».


Pero sigamos por ahora con la visión de Langebaek: la formación integral. Al preguntarle por el papel del CBU en este contexto, el vicerrector responde que tiene uno protagónico.


¿No es contradictorio entonces que en la reforma se le hayan bajado los créditos al CBU?


No. Porque de nuevo, cantidad no es calidad. Efectivamente se redujeron un poco en créditos, pero ahora los estudiantes tendrán más tiempo para concentrarse con profundidad. Por otra parte, Español, que es un componente importante de la educación general, tiene ahora más créditos. La nueva propuesta del CBU enfatiza el tema Colombia, y además ha tenido un proceso de acompañamiento pedagógico importante. Ya hay nuevos planes de estudio aprobados, como Historia del Arte, donde el peso total de la educación

general no se reduce.


¿Quiénes se encargaron de esta parte de la reforma?


La comunidad. Existía un comité que integraban tres decanos (Ciencias, Artes y humanidades y Ciencias sociales) y el vicerrector. Se pidió a los decanos que sugirieran nombres para ampliar el comité encargado, participaron tanto profesores como estudiantes. Dicho comité elaboró una propuesta que se distribuyó a todos los profesores, muchos de los cuales hicieron comentarios que fueron revisados. Por último, la propuesta fue avalada por el Consejo Académico y el Comité Directivo.


¿Usted cuántos CBU ha dictado?


El único curso que dicto es CBU, y lo he dictado por varios años. Se llama Etnohistoria, el contacto entre indígenas y españoles en el siglo XVI. Este semestre lo retomé después de varios años y no fue presentado como CBU por el departamento de Antropología. Hoy solo los estudiantes de antropología lo toman. Como vicerrector soy juez y parte de cuáles son los cursos CBU y por lo tanto no me meto en ese asunto.




De regreso a la carga. Una de las preocupaciones más grandes que tiene Lina Moya es que «el documento deja por fuera muchos aspectos que afectan la flexibilidad. Por ejemplo: los dobles programa y las opciones. Si estas dos cosas no se vuelven a pensar al mismo tiempo que el resto, lo más posible es que cuando la quieran implementar, como siguen en su mayoría el modelo anterior, la flexibilidad que se promete se vea restringida». El vicerrector lo ve de otra forma. Aunque reconoce que una preocupación grande está centrada en la posible dificultad que surgiría para hacer doble programa, insiste en que se va a poder seguir haciendo.


¿Pero en el doble del tiempo?


No señor.


¿Matemáticamente cómo si uno no está extracreditado?


Usted puede seguir haciendo doble carrera. Pero ojo, hoy en día no todo el mundo puede hacerlo tampoco: hay unos límites, eso no es nuevo. El documento solo se refiere al tema de la carga total, no incluye otros elementos que darán flexibilidad. La gente va a seguir extracreditándose con unas reglas, y ni siquiera hemos dicho cuál es el promedio para extracreditarse. Todavía no lo sabemos.


Hoy una persona con un promedio de 3.8 puede tomar 17 créditos de la carrera y otros 3.5, eso ya reduce el tiempo. Los nuevos currículos, en cambio, vienen muy ajustados.


Yo he visto una sola propuesta: Química, mucho más flexible. Mire el efecto que tiene para hacer doble carrera que las cadenas de prerrequisitos no sean tan largas. En la única propuesta que hay de Ciencias bajan de 6 a 4. ¿Qué efecto tiene esto para las personas que quieren hacer doble carrera? Pues buenísimo. Ahora, también hay que dar un mensaje muy claro, y en esto no voy a ser populista: no se pueden hacer dos carreras en el mismo tiempo que una.


¿Y una opción?


Todas las que quiera. El número de créditos de las opciones se va a flexibilizar. A ver, ¿cuál era la posibilidad real de hacer una opción cuando eran de 18 créditos? Implicaba un semestre entero. Ahora las opciones van a tener un rango mucho mayor, va a ser posible hacer una desde 10 créditos.


Esas opciones eran 6 cursos de 3 créditos, se podían ver a lo largo de la carrera de tal manera que en sexto semestre se acababa sin necesidad de estar extracreditado...


Sí, ¿y no lo vas a poder hacer ahora? Es que cuando uno entra con preconceptos fuertes es muy difícil escuchar. Cuando tienes opciones que van a ser de 10 créditos, se pueden volver 5 cursos de 2 créditos o 3 cursos de 3 créditos y una actividad de 1. Se vuelve mucho más flexible. De ninguna manera se acabará con la posibilidad de hacer opciones.


¿No podría ser efecto colateral?


No. Cada aspecto de la reforma será evaluado seriamente. Y no solo eso, el propósito de las reformas implica que la universidad tenga un conjunto de indicadores que permitan medir qué tan exitosas han sido. Es muy importante anotar que las reformas aplican a los estudiantes nuevos, y que siempre los procesos de transición tienen el principio de favorabilidad para los estudiantes.





Demos un paso al costado. Existe otra preocupación, esta vez entre algunos profesores, sobre ciertos aspectos pedagógicos. Muchos de los docentes consultados por El Uniandino temen que las reformas que se implementen en cada departamento no sean motivadas por una convicción educativa sino por cumplir una directriz. Lastimosamente, no podemos citarlos en esta edición porque así lo pidieron. Sin embargo, la preocupación es legítima: ¿Qué pasará con aspectos fundamentales de la reforma cuando sean objetados desde la pedagogía? La respuesta del vicerrector en este ámbito es más general que específica. Según él, «las reformas no las van a hacer la Rectoría ni la Vicerrectoría, sino las unidades. En breve, los profesores junto a los estudiantes», y agrega que ojalá se busquen otras opiniones que generalmente no se tienen en cuenta: la de los egresados, por ejemplo. Langebaek parece apostarle, más que nada, a la voluntad de la universidad para dialogar y diagnosticarse sin que ello implique un trauma. Si es una idea viable en nuestro contexto o no, solo el tiempo lo dirá.


Mientras tanto, representantes, profesores y vicerrector transmiten un mensaje claro: si no hay participación, no funciona. Los tres, desde su perspectiva particular sobre el futuro académico de Los Andes, encuentran en la participación estudiantil la plataforma más importante para que la reforma no deje a unos contentos y a otros insatisfechos. Específicamente, Langebaek hace la siguiente invitación: «ayuden a que la discusión la demos sin miedo y sin prevenciones. Porque creo que podemos darnos el lujo de escuchar mucho y argumentar».



Por: Alejandro Lozada (a.lozada10@uniandes.edu.co)


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