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La política no es cosa de mujeres


Hace poco me reuní (con todos los protocolos de bioseguridad) con unos amigos de toda la vida. Luego de largas conversaciones variadas a eso de las 2 de la mañana tocamos un tema inquietante y polémico: el feminismo. Comenzó un arduo debate sobre las mujeres, su posición en la sociedad, lo que reclaman y lo que “merecen”. Sí, un grupo de 5 hombres, como es de costumbre, discutiendo sobre lo que viven las mujeres y cómo podemos “ayudarlas”. De manera vehemente mis contrincantes afirmaban que las mujeres no se encontraban en una posición de desigualdad frente a los hombres, que ellas contaban con las mismas oportunidades, solo que había diferencias naturales que eran la causa de esas estadísticas que yo traía inútilmente a la discusión. Este debate que se extendió por una hora y media me dejó muchas reflexiones, que hoy les compartiré.



Primero lo primero, cuesta creer que en pleno siglo XXI siga existiendo una actitud generalizada de incredulidad frente a un fenómeno inmensamente documentado: la desigualdad de género. Este es un tema con mucha tela para cortar, por eso me centraré en un campo que disfruto: la política. Igualmente, me sirve para construir la reflexión que quiero traerles. Atreviéndome a caer en la “trampa patriarcal” que advierte Alda Facio, volveré a demostrar las ya probadas condiciones desventajosas y desiguales que sufren las mujeres. Comienzo.


Las mujeres componen el 51,2% de la población en Colombia, sin embargo tan solo el 19,7% de los congresistas son mujeres. Pero la situación es aún más grave a nivel territorial, donde el 12% las alcaldías y el 16% de las gobernaciones están en cabeza de mujeres. Igualmente, las mujeres representan el 16% de los concejales del país. Ahora bien, para que no crean es un problema del realismo mágico colombiano, la situación por fuera no es mucho mejor. En el mundo las mujeres son el 49,6% pero en zonas como Latinoamérica, Norteamérica, y Europa son más del 50%. Similar a como ocurre en Colombia, el 24,3% de los congresistas a nivel mundial son mujeres. Si bien la ONU reconoce 194 países, tan solo contamos con 11 mujeres jefas de Estado, 12 jefas de Gobierno y para febrero de 2019 solo 3 países contaban con 50% o más mujeres en el parlamento.


Luego de este mareo de cifras, mis amigos decían, “pero eso es esperable, al fin y al cabo la política siempre ha sido de mayor interés para los hombres que para las mujeres, ellas son más sociales (lo que sea que quiera decir eso), y en últimas, eso qué tiene de malo”. Pues señoras y señores, aquí hay dos grandes problemas. Primero, nuestro modelo de estado se basa principalmente en una idea de democracia participativa, que quiere decir que las grandes decisiones que moldean cada aspecto de nuestras vidas las tomarán nuestros representantes. Lo que pasa es que en este país la mayoría son mujeres y las decisiones a nivel nacional las toman en un 81% los hombres. Puede que en este punto aún sigan sin estar convencidos, ya que igual eso no tendría porque ir necesariamente en desmedro de las mujeres. Piénsenlo de la siguiente manera, los hombres deciden sobre los derechos y necesidades de las mujeres, si estas pueden o no abortar, si es necesario o no que cuenten con cobertura pública de métodos anticonceptivos o elementos de salud menstrual, etc. Por otro lado, tenemos que desligarnos de tanto prejuicio y estereotipo que lo único que sigue haciendo es clavar a las mujeres en un destino que no es el que ellas escogen. Esto es grave, según PNUD, Colombia se encuentra de 79 en el Índice de inequidad de género, somos un país donde el 91.4% de las personas mantienen al menos un prejuicio grave sobre la mujer. La respuesta es simple, no es que las mujeres estén menos capacitadas o motivadas para participar en política sino que en realidad este ha sido un espacio extremadamente dominado por los hombres y el sexismo.


Acá vale resaltar la discusión sobre paridad de género, que se dio en las últimas semanas en el Congreso. En Colombia contamos con la Ley de Cuotas, que impuso una participación femenina en los niveles decisorios de la administración pública de al menos 30%. Sin embargo, esto era claramente insuficiente, el cambio había sido mucho menor del esperado. Por esta razón, hace unos días el Congreso, históricamente, aprobó la paridad de género, es decir, igual porcentaje de mujeres y hombres en las listas de candidatos para el Congreso, concejos, asambleas, etc. Si bien aún falta conciliar algunas diferencias entre los congresistas, la revisión de la Corte y la sanción presidencial, este es definitivamente un gran paso. Pero no la solución definitiva al problema.


Incentivar la participación femenina en la política es una deuda pendiente que tenemos como sociedad, para lograrlo necesitamos crear mecanismos fuertes de democracia interna en los partidos. Si no, los mismos de siempre serán los elegidos y si la regla es solamente incluirlas en las listas, veremos a los partidos “rellenando”, sin verdadera convicción, para cumplir con las exigencias legales y evitar sanciones. Esto sucede actualmente en las diferentes listas, desde la JAL hasta el Senado.


Finalmente, la reflexión. No hay duda, las protagonistas del movimiento feminista son las mujeres, después de tanto androcentrismo sería una insensatez pensarlo de otra manera. Pero no deja de ser indispensable concientizar a los hombres de la posición de privilegio que detentan. Un pequeño mensaje para mis compañeros de género: el uso del término patriarcado no es sinónimo de locura y no haga chistes misóginos, solo está propagando el problema. Respete a todas las mujeres, converse de este tema con sus amigas y familiares y verá que los hombres somos más ciegos de lo que pensamos. La ignorancia muchas veces es una decisión, busque salir de ella. Cuando lo logre, no se quede ahí, debátalo con sus amigos y busque que ellos se concienticen. Ya veremos si algún día logro convencer a los míos.


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Por: Juan Camilo Monsalve

Estudiante de Derecho y Economía en la Universidad de los Andes.


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