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Parte 2 | La política del tejido: agobio, tedio y digna rebeldía en cuarentena

Juan Lombo es estudiante de filosofía y ciencia política en la Universidad de los Andes. Representante de la facultad de ciencias sociales. Aquí la parte 2 de su columna "La política del tejido: agobio, tedio y digna rebeldía en cuarentena". Para contestar la columna envía tu propuesta a preiodicoeluniandino@gmail.com.


Parte 1





La semana pasada develamos la atmósfera afectiva de la cuarentena en términos de la dualidad necesaria entre tedio y agobio. Monte, el protagonista de High Life de Claire Dennis, y Sísifo, aquel griego condenado a una labor perpetua, nos permitieron acceder a ambos sentires de forma concreta y material. Es necesario ahora explorar cómo ambos personajes nos funcionan, también, como líneas de fuga, como resistencia real, a la impotencia política surgida en el encierro. Pues bien, es de la mano de Camus que Sísifo vence efectivamente el tedio, en tanto que halla en la propia lucha que emprende, al cargar la enorme roca por la colina, el motivo para continuar. Hay cierta tensión en la solución Camusiana entre la insípida resignación y la potente aceptación, la primera alternativa sería un cerco total a la acción, pues se fundamentaría en un simple asumir la situación sin hallarle verdaderamente sentido. En cambio, la aceptación se trataría de un despliegue de las potencialidades del cuerpo y de la cuerpa por cuanto es la lucha misma la que brinda el sentido. De esta manera puede superarse el malestar del tedio gracias a la potente aceptación que asume sin temor las contingencias dadas para actuar radicalmente sobre ellas. La política de la pandemia debe partir, en consecuencia, de la potente aceptación de la contingencia, no de la insípida resignación de lo necesario.


De modo similar, Monte, aún frente al desolador negro que cubría las ventanas de su nave espacial, halló en la cuerpa de aquella diminuta bebé el camino para superar el agobio. De la relación formada con su hija, el protagonista logra acallar el ruido de una existencia desventurada, consiguiendo así sortear la pesadez de un viaje estelar insignificante. Dennis nos comunica, de esta manera, la importancia capital de la relacionalidad en la naturaleza contingente de los y las cuerpas, que solo a través de la alteridad se puede aliviar la pesadez del agobio. Para nuestra política naciente esto implica comprender la otredad y la relacionalidad como condiciones de posibilidad para la acción, pues solo en y junto a ellas se puede emancipar al cuerpo y a la cuerpa de la opresión del agobio.


Antes de seguir, cabe volver a lo dicho por la profesora Laura Quintana del departamento de filosofía de la universidad, quien hace menos de un mes publicó un tuit muy interesante -que de la mano de Carolina Sanín, admirable escritora que también hizo parte de esta comunidad, evidencia un redescubriendo de lugares para el pensamiento crítico-, en él criticaba “el afán de conceptualizar en estos tiempos” de filósofos profesionales como Slavoj Žižek, que encajan “todo lo que pasa y sigue pasando a sus categorías”. Entonces, atendiendo su llamado a escuchar el fenómeno para que se despliegue antes de arrebatarle su especificidad desde categorías prediseñadas, propongo una política de la pandemia que comience, efectivamente, por atender a la extrañeza inherente del fenómeno. Esta política es, pues, la Política del tejido. Ella recoge las lecciones que nos dan Monte, Sísifo, Camus y Dennis para afrontar y vencer al agobio y el tedio.


¿Qué es la Política del tejido? ¿cómo sería la acción bajo su lógica? Se debe comenzar por a-bordar el tejido; este es el material que resulta de entrelazar, de hacer encontrar, de entrecruzar hilos y, asimismo, es una confección que se produce bajo una lógica, unas determinaciones previas que constituyen su específico modo para ser llevado a cabo. Ambos elementos esenciales, la pluralidad de los hilos y su lógica determinada, comparecen también en la política que se sirve de su imagen para bordar un futuro de rebeldía. Así, pues, como al tejer, dicha política se fundamentaría en el entrelazamiento de la variedad de cuerpos y de cuerpas, que como hilos confeccionarán acciones aún más grandes que sí mismas. Sería, entonces, una política de la relacionalidad. Asimismo, ella tendría que acoplarse a las lógicas ya dadas, pues como en el tejer ya están dadas las formas que llevan a la confección, la Política del tejido es aquella que acepta potentemente la contingencia; ello, no obstante, no es en ningún momento una dificultad, más bien se trata de la más grande de las oportunidades.


En este sentido, la Política del tejido se vería materializada en una acción que entienda las limitaciones del encierro y, del mismo modo, la esencialidad de la relacionalidad. Ahora bien, estos cercos de la cuarentena van más allá de la sola imposibilidad del encuentro físico, pues pasan también por la incapacidad -para la gran mayoría- de llevar a cabo acciones aparentemente trascendentales, como el asistir a una enorme movilización o realizar un viaje a un encuentro nacional. En consecuencia, la acción política debe dar un vuelco hacia lo pequeño, hacia lo concreto y que generalmente pasa desapercibido, una vuelta a lo opacado por la magnificencia de la historia de los grandes acontecimientos. No es una acción individualista basada en el sujeto autónomo y soberano que todo lo puede; más bien, es la acción colectiva que resiste desde el cine foro virtual o por medio de la asamblea a pequeña escala en el barrio; es también la rebeldía de un grupo de lectura por Instagram o de la discusión colectiva vía Twitter. En suma, es una acción prefigurativa, que en el hacer va construyendo su propio futuro, donde se teje pacientemente los hilos de solidaridad que confeccionan el horizonte de la emancipación. Un resistir diminuto pero jamás atómico, un llenar la cuarentena de dignidad asumiendo la contingencia como la posibilidad misma del encuentro; en suma, un prepararse para llenar el futuro de rebeldía.



Por: Juan Lombo

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