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Parte 1 | La política del tejido: agobio, tedio y digna rebeldía en cuarentena

Actualizado: may 4

Juan Lombo es estudiante de filosofía y ciencia política en la Universidad de los Andes. Representante de la facultad de ciencias sociales. Aquí la parte 1 de su columna "La política del tejido: agobio, tedio y digna rebeldía en cuarentena". Para contestar la columna de envía tu propuesta a preiodicoeluniandino@gmail.com.


Monte, después de varios meses a la deriva, absorto por el inhóspito y oscuro universo y solo con la compañía de una pequeña bebé de apenas meses de nacida, descubre crudamente uno de los más terribles sentires humanos: el tedio. Hallándose devorado por este malestar y experimentando el escape sin tregua del sentido, el protagonista de la última cinta de Claire Dennis, High Life, es tan solo comparable con Sísifo, aquel sabio griego castigado a la repetición perpetua de una labor sin sentido. Así, mientras Monte únicamente reproduce su vida material y se ahoga en los recuerdos de su desventurado viaje espacial, y Sísifo, a su vez, carga una enorme roca cuesta arriba solo para verla caer una y otra vez, el tedio invade cada resquicio de sus cuerpos humanos arrebatando cualquier forma de satisfacción y constituyéndose como su único modo posible de ser.


Sin embargo, el tedio no es más que una de las caras de la moneda, de manera que para acercarnos a Monte y a Sísifo es menester entender también los arrebatos que surgen de la insoportable levedad del tedio y que se constituyen en ese otro lado necesario. No son más que evidencia del agobio, de la opresión nerviosa, del ahogarse. Nuestros protagonistas padecen de una dolencia doble: por un lado el tedio invade, corroyendo lentamente, el sentido, y por otro la pesadez del agobio que oprime y desespera, de la que surge el absurdo y que deriva en deseo de abatida resignación. Ya lo decía Baudelaire: ¡Resignate, alma mía; duerme un sueño pesado! Agobio y tedio, dos sentires esenciales para explicar, no solo la psicología que subyace tanto al personaje de Dennis como al rey de Éfira, sino también para arrojar luz sobre nuestra atmósfera afectiva en época de cuarentena; y, asimismo, fundamentales para pensarnos una política concreta que, entendiendo las dificultades y limitaciones del aislamiento, nos permita actuar y no desfallecer bajo el yugo de la impotencia.


Pues bien, la cuarentena ha demostrado ser un festín absoluto para el tedio y el agobio, dado que muchos cuerpos y muchas cuerpas devoradas por el aislamiento y bajo el bombardeo incesante de las cifras de fallecidos y fallecidas, se ven tomadas por el malestar, cualidad esencial del tedio, y tal cual Monte, se regalan al mero paso de las horas, de los días y las semanas, bajo la ausencia total del sentido. Del mismo modo, y esta vez más bien como Sísifo, aquellos cuerpos y cuerpas se descubren agobiadas dadas sus repetitivas tareas cotidianas, por el ruido de un mundo que parece colapsar y por el dolor en las entrañas por la implacable injusticia; cargan, de esta manera, la terrible roca que implica levantarse a presenciar de nuevo un panorama desolador. Las consecuencias de este universo afectivo son tan predecibles como trágicas, ya que frente a la levedad del tedio se escoge la protección en el alejamiento, el aislamiento dentro del aislamiento, y contra la pesadez del agobio se elige el entretenimiento inmediato que aliviana la carga del despertar. Así, pues, la acción política, como un encuentro con la alteridad que implica relaciones profundas con el entorno, se constituye como una imposibilidad, como un utópico idilio.


¿Cómo contrarrestar el avance de la injusticia capitalista y patriarcal, en el marco de una epidemia de escalas globales, si se navega la tormenta del desasosiego y la incertidumbre que nace del agobio y el tedio? La acción política, así parezca más bien un tópico secundario frente a la brutalidad del Covid-19, es entonces la gran pregunta que debemos plantearnos, porque según le demos respuesta el futuro no estará marcado ni por el tedio o por el agobio, pues ni siquiera estará para ser marcado; o será, por otra parte, tierra fértil para cosechar nuevas realidades. Ahora bien, la política a ser llevada a cabo debe comprender la dificultad en la que se encuentran sus ejecutantes, limitaciones que no se agotan en lo material, sino que también se expresan corporalmente. En este sentido, ella debe comenzar por enfrentar la ausencia en muchos y muchas de verdadero suelo existencial para proveer sentido -esto es, el malestar del tedio- y, asimismo, asumir la existencia de un estrés crónico que se posa a modo enorme roca en la espalda de cada cuerpa y cuerpo -es decir, la pesadez del agobio-. Así, y solo así, la acción política surgirá orgánicamente de la cuarentena como resistencia concreta y como augurio de un futuro de lucha. A este horizonte nos vamos a acercar la próxima semana, como Política del tejido para la revolución en diminuto.


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Por: Juan Lombo

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