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La lección de Maquiavelo



Claudia López es una mujer preparada, aparentemente bien rodeada, que llegó a la Alcaldía de Bogotá después de una larga carrera política en la que fue escalando puestos a pulso. Iván Duque, por su parte, hizo una corta carrera política siendo el que dijo Uribe. De esta diferencia en carácter y carrera podrían esperarse zanjas profundas en su desempeño político, pero la política iguala por lo bajo a quienes pretenden triunfar en ella. El texto de hoy más que defender una tesis viene a recordar la lección que Maquiavelo dejó en “El Príncipe” y lo que algunos parecieran olvidar cuando al nombre de un político le añaden el sufijo -ismo para anunciar el nacimiento de una nueva religión, la virtud y la política no van de la mano: de nada sirve tener a Claudia López de alcaldesa si para mantenerse a flote tiene que igualarse con Iván Duque.


Aunque Maquiavelo terminó de escribir El Príncipe en 1515, este no vio la luz sino hasta 1532, solo para ser prohibido en 1559. El pecado del texto es mostrar que el engaño, el fraude y la traición son conductas necesarias para ser un político exitoso, lo que en ese momento no era otra cosa que decir que no se podía ser buen cristiano y político al mismo tiempo. Siendo el Papa un político, esa premisa era inaceptable. Pero hay otros seres de luz por los que vale recordar esta lección, aún cuando ya son movimientos de masas con seguidores que creen infantilmente que el poder ennoblece.


Comencemos por Santos, cuyo proceso de paz borró de la memoria de los colombianos cualquier relación suya con Uribe o con Odebrecht. Esta gran “victoria” de nuestro Nobel se remonta a una promesa incumplida: un referendo vinculante que hasta que lo perdió. Y no lo digo con el ánimo revanchista de los votantes del NO, yo voté por el SI, pero respetar las reglas de cualquier juego es más importante que ganar una partida específica; sin las reglas el juego no existe. Pero bueno, el fin justifica los medios, todo sea por la paz. Su sucesor, Iván Duque, se hizo elegir, entre muchas cosas, con la promesa tácita de hacer trizas el acuerdo de paz y de que no habría fracking en el país. La JEP sigue funcionando, Santrich se voló, las FARC siguen en el congreso y se sabía que destruir un acuerdo de paz tan blindado jurídicamente era difícil. Y si bien en Colombia aún no hay fracking, de a pequeños pasos se avanza para lograr hacer sus primeros pilotos y sacar sus primeros barriles. Claudia López publicó un vídeo durante su campaña a la alcaldía en el que decía que no subiría impuestos ni extendería el pico y placa; tachando ambas ideas de “absurdas”. Este año propuso ambas cosas: la extensión del pico y placa a los sábados y el aumento del ICA para los que los empresarios que sobrevivieron al Covid tuvieran otra plaga por la que preocuparse. ¿Y las necesarísimas obras en que se gastaría ese dinero que tanto sudor les cuesta a los bogotanos? Un monumento de cinco mil millones de pesos en honor al M-19. También fue evidente la deshonestidad en el actuar de la alcaldesa cuando colocó un papel con el nombre de Iván Duque en una silla vacía, pese a que éste había avisado previamente que no podía asistir y había enviado a un delegado. O la del secretario de gobierno Luis Ernesto Gómez Silva, grabando el recinto del Concejo durante la hora del almuerzo de una sesión virtual para luego decir que ningún concejal había asistido. Ninguna de las principales figuras políticas actuales, ni de la oposición ni del gobierno, salen bien librados cuando de mirar a su honestidad y entereza se trata.


La defensa acérrima que se suele hacer de los políticos en cualquier espacio es un signo de que se nos olvidó la lección de Maquiavelo: la virtud, ser buena persona, es incompatible con el ejercicio efectivo de la política. Sí, hay políticos y candidatos que aplican el “no todo vale”, pero justamente por eso perderán ante quienes sí están dispuestos a hacer lo que es necesario para llegar al poder. En el 2018 Fajardo en un momento de lucidez excepcional aceptó que subiría la edad de jubilación en Colombia -como en efecto hay que hacer-, pero tuvo que corregir y mentir diciendo que no, pues la honestidad no tiene ni tendrá opciones reales de poder; hay que desconfiar de los que llegan.



Por: Juan Esteban Quintero*. Fundador de Confesiones Uniandes & Chompos

*Pseudónimo


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