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La Imposibilidad de Cerrar los Ojos



“La realidad perdida, la que ya no puede producirse a sí misma,

salvo repitiéndose incesantemente en un despertar jamás alcanzado”

Roland Barthes, Camera Lucida


En la grecia antigua los teatros estaban localizados en la misma infraestructura que los hospitales. El teatro y la medicina parecían significar la expulsión de distintos males, del alma y el cuerpo, tanto individual como colectivo. El arte, desde los principios de la humanidad, ha representado, sino otras dimensiones en sí mismas, portales para aprehender el mundo o para trascenderlo.


En la actualidad, pareciera que se hubieran separado las esferas culturales y las sociales del hombre, pasando las expresiones culturales y artísticas a un segundo plano en la vida humana. No obstante, esta consideración está lejos de la realidad: frente a la imposibilidad de aprehender el mundo, el arte deviene en resolución simbólica, en explicación, en alivio, en protesta, en visagra. En consideración a esto, nos enfrentamos al arte que mas se ha entruncado y movilizado en la estructura de nuestra modernidad: el cine. Podríamos decir que todas las películas de terror cuentan la misma historia y utilizan los mismos trucos, sin embargo, lo defiendo como el más noble de los géneros narrativos y estéticos, pues justamente permite la voz de lo que no habla, y el discurso de lo que está oculto.


De este modo, quisiera hablar sobre Sinister (2012), película dirigida por Scott Derrickson, con guión de C. Robert Cargill, producida por Blum House Productions y estrenada en el festival británico SXSW. La primera escena nos enfrenta con el enigmático asesinato de cuatro personas anónimas. La imagen está velada por la textura y el grano del film súper 8, elemento que planta un distanciamiento frente a la observación del espectador y, simultáneamente, hace que nuestra mirada participe de la escena del crimen como testigos. El misterio es tanto el crimen sin resolución ni explicación, como la imagen misma.


El inconsciente cinemático significa la “verdad narrativa filmica”, lo que está por fuera del encuadre y que con el desenvolvimiento de la película se irá revelando, como un proceso psicoanlaítico de sí misma. Sinister se introduce en la tradición narrativa del terror a la irrupción de la tecnología, por medio de la herramienta del “metraje encontrado”. Esta tradición ha sido explotada magistralmente por películas como Ringu (Hideo Nakata, 1998) y Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), las cuales plantean los temores al hiper desarrollo tecnológico y las consecuencias de su irrupción dentro de la vida cotidiana de sociedades que no han logrado un acoplamiento global a este cambio de paradigma histórico. Lo siniestro, lo reprimido, lo oculto, ya no se encuentra en la profundidad de los bosques, o de los mares, ni en la negrura de la oscuridad, sino precisamente al interior de las pantallas luminosas que nos conectan al mundo del progreso digital. También, es interesante pensar la utilización del “metraje encontrado” como motivo conceptual y narrativo. Desde películas como The Blair Witch Proyect (1999) de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, se utiliza este truco para cubrir bajo el manto de la veracidad la historia sobrenatural, recurso que ha servido a la literatura desde sus inicios (pensemos en Don Quijote de la Mancha) para, además del tono de verosimilitud, devolver la mirada sobre el acto mismo de narrar historias como un comentario metaliterario, en este caso, metacinematográfico. Sinister presenta un giro en el cual el portal tecnológico no se localiza en el futuro o en el presente (un televisor, un telefono, un DVD,…), sino en el pasado: las películas caseras y análogas grabadas en film súper 8. Lo cual plantea un comentario sobre la herencia y la memoria, sobre ese lastre pesadillesco que nos persigue y del cual no podemos librarnos. Esta es una película sobre la carga de la herencia y de la familia, sobre miradas que se devuelven y sobre el abismo entre la muerte y la inmortalidad.



El abismo latente: lo Siniestro de la imagen


La imagen virtual, reproducida, capturada, es una presencia espectral puesto que nos devuelve la mirada, pero no hay nadie allí, es una mirada sin cuerpo, una dimensión vacía a la que cargamos con espíritus. La mirada cinematográfica es un velo que esconde el abismo entre la muerte y la representación, inmortaliza a los muertos. ¿Qué esconden las cintas que Oswalt encuentra en el ático de su nueva casa?, justamente el punto de vista, el agente, el ejecutor; esconden lo que todos sabemos en el fondo de nuestro corazón, el temor al parricidio y al fraticidio, latente y espectante, la corrupción última del espíritu inocente, la hija parricida. Al final, la estructura misma de la película va transmutándose, adoptando la estética del film súper 8, devora a los personajes. Así, las películas caseras dejan de ser un portal para convertirse en la contigencia misma de los personajes, en un continuo entre el reino oculto y el reino de lo real. El miedo aquí es: ¿Cuál es el alcance de esa engullición, llegará a tocarme a mí en mi sofa de la sala?



El lenguaje de Buughul


Tenemos el derecho de reconocer que el inconsciente mismo tiene, en el final, la estructura del lenguaje. Así, necesita ser decifrado después de haber traducido, en elementos simbolicos significantes, los cuales aparecen en el área escópica como la mirada”.


Lacan plantea un medio no solo para la aprehensión del inconsciente, sino también para la subjetivación del ser, gracias a la mirada que puede ser devuelta. Así, el lenguaje es una dialéctica que carga de significado y esencia a los sujetos que participan de él. Hemos mencionado anteriormente que la revelación narrativa cinematográfica funciona como un proceso psicoanalítico sobre sí misma. Es esto de suma importancia para las películas de terror puesto que estas dan finalmente a lo oculto, lo reprimido, a la herida, el trauma, la capacidad de articular su voz a través de los elementos formales del cine. El fantasma, tiene, en el cine, las herramientas para pronunciar no solo su discurso, sino también su presencia, al igual que su ausencia. Nosotros, como espectadores podemos aprehender el misterio cuando es finalmente explicado, traducido. Las películas caseras en súper 8, los dibujos de Ashley en la pared de su cuarto y de la sala, los asesinatos mismos, adquieren el poder místico, no solo de abrir el portal hacia lo siniestro, sino también se vuelven en el símbolo que oculta el terror latente. El Buughul necesita ser narrado, simbolizado, para poder ser reconocido. Es a través de su imagen que el trauma es reconocido. El verdadero terror es justamente ese reconocimiento puesto que el fantasma, el monstruo, el asesino, el Buughul, nos devuelve la mirada.



Finalmente, recomiendo esta película por varios elementos, en términos generales me parece un desarrollo estructural sólido y autocontenido, con sus bellos guiños a diferentes géneros como el noir y el neo noir para añadir un picante atractivo al misterio. Una tensión ofuscante que mantiene el terror latente hasta el final, una producción musical que añade ese distanciamiento místico por medio de sonidos exotizantes, dándole su enclave folklórico a la historia de terror. He de añadir mi gusto personal por el parricidio, ese asesinato del padre coherente con el desenvolvimiento de su narrativa y por último, una historia deliciosamente misteriosa.Si Ethan Hawke perdiendo lentamente su cordura y la tensión insostenible no son suficientes para convercerlos, ociosos lectores, la recomiendo por una hermosa escena magistralmente coreografiada entre los vivos y los muertos, un bello despliegue de un baile entre nuestro protagonista y los juguetones niños muertos.


Calificación: 4.7/5

Por: Catalina Morales Ramírez



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