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La historia del bordado: cosmovisión, identidad y transformación social



Antiguamente el bordado era sinónimo de estatus y riqueza ya que los utensilios con los que se trabaja solían ser bastante costosos. Además, se tenía en cuenta como una habilidad que enmarca el camino de una niña hacia la condición de mujer. Por estas razones, al revisar nuevamente la historia del bordado, podemos ver que era una actividad direccionada a las mujeres. Sin embargo, en el artículo “Voces de hilo y aguja: construcciones de sentido y gestión emocional por medio de prácticas textiles en el conflicto armado colombiano” publicado en la revista de los Andes Historia, teoría y crítica del arte se afirma que: “Lo textil ha sido usado para subvertir el carácter doméstico y privado que se le atribuía a lo femenino, así como para denunciar la marginalización y trivialización de las prácticas históricamente feminizadas (…) las relaciones socialmente establecidas de madre, esposa y hermana que se ejercían en los espacios privados se exteriorizan hacia el campo público para denunciar, resistir e interpelar. De esta forma, las mujeres entablan una interpelación-diálogo con la sociedad por medio del quehacer textil”. Es decir, la concepción del bordado ha cambiado. Ahora, hay una nueva historia narrativa en el uso del tejido. Debido a esto, en este blog defenderé cómo los hilos con la aguja sirven para contar lo que no puede ser narrado, lo que la palabra misma no puede expresar.


El tejido, desde una perspectiva histórica en relación con la cosmovisión de diferentes culturas, es un factor fundamental en las identidades de las culturas. En estas el uso del tejido se ha tenido como una narrativa de comunicación, porque en su proceso se construye una metáfora de la cotidianidad. Esto perdurará para siempre. Al revisar los tejidos de las culturas, podemos ver que sirven para entender su pensamiento.


Al recorrer la historia del tejido en Colombia podemos ver que para las culturas indígenas es algo importante que se sigue usando hoy en día. Por ejemplo, en culturas como la Wayuu, Misak, Kogis, el tejido es la base fundamental de su cosmología, este se convierte en una herramienta para representar su forma de ver el mundo. En los Misak, las mochilas que realizan muestran su representación de la naturaleza alrededor de su propia cosmovisión. Además, cada color y forma usada tiene un significado único. Debido a la cultura de estas comunidades, la importancia del tejido surge a raíz de diferentes elementos, como la mitología, por ejemplo, para los Wayuu, el tejido ancestral se crea gracias a Wareke, en este mito Wareke es la araña que le enseñó a tejer a los wayuu a cambio de vacas o burros. También está el mito del tejido Wayuu, en el que Irunnu rescata a una pequeña joven y la deja al cuidado de sus hermanas. Sin embargo, ellas la rechazan y en una de las noches de soledad la pequeña joven se convierte en una hermosa doncella que de su boca hace brotar los hilos para crear chinchorros y wayucos, ella los teje y se los deja a su protector (Irunnu). Al final, ella desaparece como araña e Irunnu guarda los tejidos para que las próximas generaciones Wayuu puedan replicarlos. Para los Kogui, los conocimientos sobre el tejido surgen por el significado espiritual que muestra el universo y la conexión de los diferentes elementos que habitan ahí dentro. Todo esto lo representa Waunana, la Madre universal, quién les enseñó a tejer. En estos fragmentos de mitos seguimos viendo reflejada la relevancia del tejido en estas comunidades, tanto así que tienen una historia que cuenta su origen. También, es importante tener en cuenta la forma en la que recogen los elementos necesarios para el bordado ya que no son los mismos que usamos nosotros. Por ejemplo, los indios Guayabero o la comunidad Nukak Makú usan las herramientas de elementos que encuentran en las selvas tropicales de la Amazonía. Con estas fibras vegetales tejen chinchorros, fabrican canastos y esteras para sentarse.


Por otro lado, el bordado colectivo como una forma de sanar y reconstruir formas para narrar la realidad. En “Voces de hilo y aguja: construcciones de sentido y gestión emocional por medio de prácticas textiles en el conflicto armado colombiano” se afirma que “algunas investigaciones han encontrado que lo sanador es que la costura sirve para contar de manera gráfica las historias de dolor; por su parte otras publicaciones, desde una perspectiva neuropsicológica, muestran que el tejido en tanto narrativa corporal puede resultar beneficioso en contextos en que es difícil representar eventos traumáticos por medios verbales. Se ha insistido en que la realización de labores textiles ayuda a desbloquear recuerdos del pasado y facilita el procesamiento emocional”. Así pues, hoy en día la concepción pasada del tejido se ha transformado, ya no es una actividad impuesta a las mujeres, sino que ellas lo han empezado a usar como herramienta para empoderarse y sanar. Tal como las mujeres de Mampujan, Bolívar. Esta es una asociación de mujeres del corregimiento de María. Se creó a raíz de la violencia y desplazamiento forzado por parte de los paramilitares. Ellas han tejido tapices hechos con pedazos de tela para mostrar la violencia que tuvieron que vivir entre 1997 y 2001. En el año 2015 estas mujeres obtuvieron el Premio Nacional de Paz. Al final ellas están tejiendo memoria y vida ante las violentas situaciones que vivieron. En los tejidos muestran los sucesos que tuvieron que vivir, retratan a los desaparecidos y asesinados. Cada vez que hacen un bordado vuelven a recordar la historia, trabajan juntas y van transmutando sus emociones, las liberan. El bordado en conjunto se vuelve una terapia, este refleja un sentido de pertenencia.


De esta forma, podemos ver las diferentes maneras en las que se han usado los tejidos para narrar la historia de grupos sociales en algunos países. Por ejemplo, En la conferenica sew to speak narrative textiles in Human Rights and Healing practices en el 2014 se habla cómo en Guatemala mujeres de ciudades históricas han generado una identidad a partir de los distintos patrones, colores y técnicas que usan para la elaboración de la ropa a mano. Es decir, cada tela cuenta historias simbólicas de la tejedora, su familia y el pueblo. Asimismo, Coral Bijoux, representante del museo de las voces de las mujeres en Durban, Sudáfrica, presentó un proyecto en el cual aproximadamente 3.000 telas bordadas reúnen los recuerdos e historias personales de las mujeres bajo el régimen del Apartheid. Esto ayuda a contribuir la narrativa del país. Finalmente, se da otro caso en el cual Siham Abu Ghazeleh y Faiha Abdulhadi hablaron de su trabajo en Palestina, en el cual dan voz a las mujeres que viven en difíciles situaciones. Siham, quien es una artista textil de la tradición palestina y activista, se refiere al simbolismo y diáspora que tiene la costura palestina para narrar historias en estas piezas.


Tal y como afirma Vérez, Molina & Pinzón en “El telar de la desmemoria y la metáfora del bordado. Arte relacional desde una perspectiva intergeneracional y de género: “Como en la trama de la vida, los hilos que se tejen juntos posibilitan el vínculo y la permanencia a una historia común a la que arraigarse en el tejido del Ser, enhebrando nombres, pensamientos, emociones y sucesos que nos definen en relación con Otro y en la alteridad. Más allá de la estimulación cognitiva, la acción artística del bordado revela el universo simbólico del conocimiento y los significados de cuidar y ser cuidado”. Es por esto que se le considera como una narrativa de la memoria colectiva. Se convierte en una forma de registrar la memoria y la historia. Debido al proceso de cada persona, este pensamiento colectivo tiene una parte individual en la que se desarrollan modos específicos y diferentes de interpretar la realidad, de tratar con su pasado dependiendo de la historia de cada persona.


Surge una necesidad de reconocer el tejido como un relato social que deriva en un diálogo entre los relatos históricos al interior de las comunidades y las formas hegemónicas con las que cada uno construye su propia memoria. Un ejemplo claro de esto son las Arpilleras de Chile (1973-1990), en “Reflexiones sobre la politización de las arpilleristas chiles (1973-1990)” se realiza una investigación respecto a los roles que desarrollaron estas mujeres por el impacto de la dictadura militar chilena. El contexto histórico permitió que un grupo sumergido en unos roles establecidos socialmente como madres y esposas en ámbitos privados y domésticos empezaran a cambiar por un rol de sujeto contracultural. Ellas tomaron conciencia de sí, haciendo que naciera una necesidad de generar identidad respecto a la violencia que estaba viviendo el país. En este mismo artículo, se afirma que “En este sentido, las mujeres arpilleristas, debido a la ausencia de sus familiares, toman conciencia de que la resolución de esta carencia sólo es posible por medio de la denuncia y la protesta pública, realizada, en una de sus formas, por medio de las arpilleras.” Esto se refiere a que todos aquellos actos de denuncia que realizaron las arpilleras a través del arte textil y el tejido fueron fundamentales para una interpelación frente al resto de la sociedad en el espacio público desde la preocupación que genera la desaparición y detención forzosa que vivieron sus familiares.


Como expuse anteriormente el acto de bordar ha unido a las mujeres durante siglos. En todos estos diferentes contextos a nivel mundial se ha usado como un relato social que cuenta las diferentes historias que se ciernen sobre las comunidades. Es un acto simbólico e íntimo de comunicación entre todas las tejedoras. El tacto, la escucha, el silencio, las miradas y las palabras reflejan la construcción de identidad que se va formando. Como se puede ver el bordado colectivo se convirtió en una forma de sanar, de construir otras formas de narrar la realidad.


En conclusión, se puede comprender que hay una necesidad de tejer en las comunidades, esto se debe al significado y simbolismo que representa el entrelazar los hilos. Se crea una visión que resignifica la memoria social e histórica a través de la acción de bordado y el resultado mismo. Los hilos al final se convierten en un vínculo que permanece estampado en el tejido, un arraigo en los corazones y el relato de cada persona que hizo parte de esta acción. El tejido no es sólo una estimulación de la creatividad y la coordinación mano-ojo, se convierte en un universo de significados sobre el cuidado, el amor y el perdón. Cabe resaltar que esta experiencia también ha sido intergeneracional (culturas ancestrales-presente) por lo que contiene cargas emocionales, sociales y culturales muy fuertes. Esto permite reconstruir los lazos sociales que alguna vez estuvieron rotos; como los lazos rotos a causa de la violencia permeada. Finalmente se establecen formas para sanar mentalmente y generar recursos de cuidado colectivo.


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Por: María Paula Guativonza Higuera



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