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La “Extrema Derecha” y la astucia de la oposición




Paracos, fascistas, guerreristas y hasta narcotraficantes son solo algunos adjetivos con los que nuestros opositores nos descalifican. Adjetivos que los antiuribistas repiten sin siquiera saber sus significados y que tanto daño le hacen a la democracia, al buen nombre, al debate de las ideas, a la parrhesía, a las posibilidades de lograr verdadera paz y un Gran Acuerdo Nacional que permita construir políticas de estado.


A algunas personas racionales y sensatas independientes al Uribismo solo les basta con analizar el trabajo legislativo del Centro Democrático, la agenda política del presidente Iván Duque y la trayectoria política de Álvaro Uribe Vélez para que todos los insultos, calumnias, injurias y acusaciones se caigan por su propio peso. Sin embargo, Goebbels, jefe de campaña de Adolf Hitler, tenía razón en la estrategia que se le atribuye a su propaganda Nazi: "repite una mentira con suficiente frecuencia y se convierte en verdad". Esto ha sido comprobado por estudios empíricos y llamado por la comunidad de psicólogos como la “Ilusión de la verdad”. Es tan grave, por la forma en la que cuestiona nuestra racionalidad y la de las masas, que según un estudio de University College London, publicado en la revista “Nature Neuroscience”, el cerebro de los mentirosos se va adaptando progresivamente al engaño, un fenómeno llamado adaptación emocional.


Luciano de Samosata, escritor de la segunda ola sofística, en su escrito llamado “Luciano” parece describir con exactitud la estrategia política de nuestros opositores y la esencia de las Fake News:


“En resumen, los calumniadores planean y dicen aquello que saben es más capaz de provocar la cólera del oyente, y, como conocen el punto en que cada cual es vulnerable, a él disparan sus flechas y dardos, de modo que el oyente, agitado por la cólera súbita, no tenga ya serenidad para inquirir la verdad; y, aunque uno pretenda defenderse, no se lo conceda, previamente ganado por la naturaleza sorprendente de la revelación, como si fuese cierta.”


Así es como algunos políticos, periodistas, “pensadores” e incluso académicos manipulan la forma en la que las personas que influencian ven el uribismo. Sin argumentos válidos, con la simple estrategia de repetir adjetivos y mentiras. Tristemente he tolerado a más de un profesor de la facultad de Economía y de la Escuela de Gobierno que cae en estas bajas e identificables prácticas que mucho logran políticamente pero que poco le aportan a nuestra democracia. No obstante, lo realmente grave y preocupante de esto es que tanto académicos, políticos o grandes medios de comunicación tienen tanto poder que no dejan un resquicio para defendernos y poder evidenciar la calumnia.


Somos de “extrema derecha” por nuestra determinación contra el terrorismo. Por ser los que más han desmovilizado insurgentes en la historia. Por creer que la mejor política social para superar la pobreza y generar bienestar es un empleo digno. Por promover un Estado del tamaño del territorio, unitario y descentralizado con una mayor autonomía en las regiones. Por saber que el mercado también puede brindar servicios públicos y apostarle a su acceso y a la inversión privada nacional e internacional. Por rechazar políticas asistencialistas insostenibles. Por apoyar la Nueva Gestión Pública. Por ver la industria privada como socios para el progreso y no como parásitos. Por defender la institucionalidad, la objeción de conciencia y por trabajar por la equidad y contar con el apoyo de empresarios y religiosos.


Somos de “extrema derecha” por creer que la seguridad es libertad y está aislada de cualquier contradicción con la democracia. Sabemos que sin seguridad no hay lugar para la discrepancia, ni para la oposición, la crítica, la inversión o para el desarrollo y el crecimiento económico sostenido, por eso la consideramos un valor democrático. Bien lo defendía y predicaba Ezequiel Rojas: “la seguridad en personas y bienes es esencial para que las sociedades y sus miembros puedan conseguir su bienestar. La inseguridad produce malestar, miseria, ruinas y atentados”.


Reconozco que, en palabras de Foucault, nuestra oposición carece de parrhesía por su cobardía, por su falta de coraje e incapacidad de tolerar la verdad por miedo a destruir su fortín político revestido de “progresismo” y de “justicia social”. Aunque lo bueno de trabajar duro y en silencio es tener resultados que mostrar y estadísticas que compartir, que hacen más ruido que cualquier discurso populista. Sabemos que para nuestros opositores “una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera vista como peligrosa”, como dijo Alfred Alder. Por eso somos el “partido paramilitar” sin un solo congresista condenado por parapolítica.


Nuestra posición radical se sustenta en promover la ley del árbol, las exenciones para vehículos eléctricos, en desincentivar el uso de plásticos, en reforestar las cuencas hídricas e introducir los biocombustibles y la energía eólica. En promover y fortalecer programas sociales como Ingreso Solidario permanente para adultos mayores, la “Guajira Azul”, Familias en Acción, la devolución del IVA y Generación E. En duplicar el subsidio de Adulto Mayor y llevar 22 millones de ciudadanos al Sisben. En nuestro compromiso con la educación, en salvar a la Universidad del Atlántico, multiplicar el Sena por 7 y el ICETEX por 4. Somos los opresores y los patriarcas que apoyan la seguridad social para parejas homosexuales, que tienen el primer gabinete paritario, a una mujer en la dirección nacional, a la primera mujer vicepresidente, a la primera procuradora y la bancada con más mujeres en el Congreso.


Por último, creer en un equilibrio entre Estado, seguridad, mercado, inversión y participación ciudadana, no nos ubica ni en la derecha ni en la izquierda e incluso nos acerca más al Estado comunitarista del que habla Etzioni. Además, nuestro Estado austero no pretende ser el Estado mínimo de Nozick y por eso muchos libertarios difieren con nosotros a pesar de apoyarnos en las elecciones nacionales.


Los invito a no quedarse solo con los adjetivos que nos imponen sino a compararlos con las políticas del presidente Duque y con la agenda legislativa del Centro Democrático.



Por: Cristian Londoño, estudiante de Economía y Gobierno, Coordinador del Centro Democrático Uniandes y presidente del Comité Interpartidista.


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