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La última entrevista del rector

Actualizado: 4 de jun de 2019

En el final de su rectoría, el saliente rector de la Universidad de los Andes, Pablo Navas, le concedió a este periódico la última entrevista mientras todavía ostentaba su cargo. Le preguntamos por los cambios de la universidad, por la diversificación de sus estudiantes, por Ser Pilo Paga, el despido de la profesora Carolina Sanín y muchos otros temas.


Con esta publicación, tal como avisó nuestro editor de Contenidos Periodísticos en esta editorial, El Uniandino guarda silencio por ahora. Muchas gracias por leernos.




Empecemos haciendo un balance general de la universidad que recibió y ahora deja. ¿Cuáles son los cambios más notables que ha experimentado?


Primero, empiezo diciéndole que yo entré a esta universidad en 1983. Es decir, llevo como 36 años. No es que yo haya recibido una universidad y ahora entregue otra, parte de lo que fue muy valioso es que construimos sobre una maravilla de construcción que se ha hecho por muchos años. Yo creo que lo único que hicimos fue potenciar una serie de procesos que estaban andando. Una de las grandes cosas de esta universidad es que tiene un norte muy claro; el rector es obviamente el líder mayor, pero son muchas las personas que están detrás de ser lo que somos y que además le han dedicado su vida a llevarla donde está.


Igualmente hubo grandes cambios mientras usted fue rector: la internacionalización, la diversificación de sus estudiantes y profesores, la infraestructura, los rankings, etc. ¿Cómo ha sido el proceso de todos esos cambios?


Yo creo que hay muchos temas en donde no empezamos de cero. Por ejemplo, toquemos el tema de la inclusión. Si uno mira lo que querían los fundadores, el tema de conseguir recursos para poder asegurarse de que las personas que no tenían el dinero pudieran estar en la universidad está presente desde 1948, eso no es nuevo. Tenemos que estar muy orgullosos porque esto sí fue un esfuerzo de todos. Fue abrir las puertas de una manera mucho más activa y más propositiva a estudiantes que no habrían llegado aquí si no hubiera sido por programas que ocurrieron en estos últimos años.




¿Se refiere a Quiero Estudiar?


El primero fue Quiero Estudiar, que tuvo un vuelco muy grande y nos enseñó una cosa maravillosa: el talento está uniformemente distribuido pero las oportunidades no. El resultado de Quiero Estudiar es fantástico en términos de sus resultados. El aporte que la universidad le ha hecho a los más de 600 egresados del programa o de los 850 estudiantes que tenemos hoy, es algo de lo cual tenemos que estar orgullosos, pero también conscientes de que la universidad se ha beneficiado enormemente.


Después de Quiero Estudiar sale Pilo Paga. El gobierno anterior lo ve como una fórmula ganadora: buscar personas a las cuales la sociedad ya les ha invertido 18 años, que llegan a terminar su secundaria siendo muy buenos, pero que no tienen la posibilidad de seguir en una excelente universidad. Entonces abrirles las puertas a esos estudiantes es la mejor inversión que puede hacer la sociedad. Ya los estudiantes de Ser Pilo Paga están demostrando que son maravillosos. Mire, de 7 Suma Cum Laude que entregamos en los grados de abril, 3 son de Ser Pilo Paga y van a ser oradores. O sea que el número de Suma Cum Laude de SPP comparado con el número de graduandos ordinarios de la universidad los cuales fueron Suma Cum Laude es absolutamente fenomenal.





Claro que Ser Pilo Paga también ha sido bastante polémico y ha recibido varias críticas, no tanto en el aspecto teórico como en el práctico. Se ha dicho, por ejemplo, que la universidad se puedo haber visto económicamente beneficiada por este programa.


Depende de qué quiere decir con “económicamente beneficiada”. Si se refiere a que tuvimos ingresos que no teníamos antes, es absolutamente falso. De hecho, para nosotros tuvo un impacto financiero muy adverso porque los estudiantes de Ser Pilo Paga nos cuestan mucho más que los tradicionales. Por ejemplo, el número de secciones de inglés se tuvo que aumentar significativamente porque los Ser Pilo Paga no tienen las competencias de inglés que tienen los estudiantes que entraban antes. Solo el año pasado, asignamos casi 6 mil millones de pesos del presupuesto para ayudar en transporte, comida, vivienda, y otras cosas a estos estudiantes. Entonces, en el caso de Los Andes, le costó mucho más. Y en el caso del país, yo creo que el enfoque es totalmente equivocado. Si usted mira, los estudiantes de Ser Pilo Paga que vinieron a los Andes se están beneficiando de 540 PhDs, 148 laboratorios, casi de 200 mil m2 de instalaciones. Y todo eso al Estado no le está costando un peso. Imagínese lo que le costaría hacer esa infraestructura en la universidad pública, que no se beneficiara de lo que ya hay en la universidad no-estatal. No me gusta hablar de universidades públicas o privadas, sino de universidades estatales o no-estatales porque esta yo creo que tiene más de pública que de cualquier cosa.




A propósito de la capacidad instalada, ¿la universidad sí estaba preparada para poder recibir a todos esos estudiantes? Usted dice que cambió más el estudiante que la universidad, pero…


Para la universidad ha sido muy difícil, fue un reto muy grande. Tenía muchas más solicitudes que puestos, entonces recibir esta cohorte de Ser Pilo Paga ha sido un esfuerzo enorme. La zona de confort habría sido quedarse donde estábamos.


Bueno, entonces es claro que los estudiantes del país estaban listos para entrar a la Universidad de los Andes, pero, ¿la Universidad de los Andes estaba adecuada y lista para afrontar ese desafío? Lo digo por temas como el edificio SD, donde tuvieron que adecuar unos parqueaderos y tuvieron que hacer varios cambios y ahora se siente un hacinamiento generalizado


Sí mire, lo del SD fue precisamente porque hubo necesidades de abrir muchas secciones de inglés que nunca habíamos previsto. Efectivamente cuando tomamos la decisión, la tomamos apostándosela toda a recibir el número de estudiantes que recibimos. En la primera cohorte entraron 660 estudiantes. Eso era un reto muy grande para la universidad. Evidentemente tuvo implicaciones, como la que usted anota. Nos tocó pasar de 90 secciones de inglés a 230 y no teníamos dónde hacerlas. Alguien puede criticar diciendo: mejor que no hubieran hecho eso. Eso tiene riesgos, tiene costos y tiene como hemos visto, enemigos, porque hay gente que no le gusta que la Universidad de los Andes, hoy, sea una de las más incluyentes de Colombia.


¿Qué pasa con los estudiantes que no se van a graduar a tiempo?


Unos tuvieron la dificultad y otros no, porque hubo unos que se quedaron más tiempo, que cambiaron de carrera, o tomaron una opción o alguna cosa. Eso no debe ser considerado como una dificultad. Para ellos, el ICETEX abre una línea de crédito, les va a financiar el semestre adicional o los dos semestres adicionales que les faltan.


Después de estos años, ¿cuál cree que es el balance en general?


Mire, yo creo que el país se va a dar cuenta, más pronto que tarde, que fue una gran equivocación acabarlo y soy contundente. Hubo 40 mil estudiantes que se beneficiaron de poder ir a las universidades públicas y privadas a las que antes no estaban yendo. Mire una cosa, mire la universidad Nacional. Esa universidad, si mal no me fallan las cifras, tiene 86 mil solicitudes y solamente recibe 6 mil. Es decir, deja por fuera 80 mil. Hay 80 mil estudiantes que trataron de entrar a la universidad Nacional y se quedaron por fuera. Esos son los que venían a Los Andes con Ser Pilo Paga. Estudiantes que las excelentes universidades públicas no recibieron, que se quedaron por fuera del sistema. Es muy bonito mirar las estadísticas, pero cuando usted mira la cara de un estudiante que viene de Ciénaga, Magdalena, y le dice “¿sabe qué? Usted no puede entrar porque vamos más bien a asignar nuestros recursos en otras políticas”, es muy duro. Yo creo que muy pronto se va a ver que esa fue la mejor inversión que hizo el país.




Sigamos hablando de inclusión, pero cambiemos el enfoque por uno de género. ¿Qué ha hecho usted para cerrar la brecha que todavía existe en términos de género en la universidad?


Mire, yo no creo mucho en lo que llaman la ‘acción afirmativa’: uno no debería tener cuotas para las mujeres. Entre otras, me imaginaría que una persona como usted se sentiría muy mal de saber que está aquí por ser mujer y no por sus capacidades. Esto no es de esta administración, toda la vida las mujeres han sido más que bienvenidas en esta universidad. Que yo sepa nunca ha habido un sesgo en contra de la participación de la mujer; al contrario, lo que nos han demostrado es que lo hacen mucho mejor que los hombres, pero ellas mismas, están labrando su futuro. Lo que sí hemos hecho con mucha fortaleza es intervenir cuando alguien discrimine por razones de género. La universidad quiere jugar un papel definitivo, tajante y expreso. Por eso los protocolos, por eso la figura del ombudsperson, por eso muchas de las cosas que ha hecho la universidad en términos de decir: en nuestra comunidad no hay ningún tipo de matoneo, ni ningún tipo de discriminación independiente de cuál sea la razón.


Y, sin embargo, cuando estábamos revisando la planta de profesores, notamos que sí había una diferencia importante: son, más o menos, 65% de profesores hombres contra 35% de profesoras mujeres… ¿Qué se hizo?


Mire, yo creo se puede estimular a las mujeres para que se interesen en áreas que tradicionalmente no las han interesado. Eso no es un tema exclusivamente de Colombia. Por ejemplo, en países desarrollados, en Estados Unidos y Europa, hay programas específicos para que las mujeres se interesen por la ciencia y las ingenierías. El decano de ingeniería de Los Andes, por ejemplo, lleva un par de años haciendo un esfuerzo enorme de conseguir profesoras de ingeniería: resulta que, en la ingeniería, tradicionalmente, ha habido un sesgo masculino. Si usted va a disciplinas como la ingeniería mecánica, no sé el dato exacto, yo me imagino que la relación es 80/20 o de 85/15 y resulta que ingeniería es la mayor facultad que tiene la universidad. Representa el 45%.


¿Diría que eso ha mejorado en los últimos años?


Yo creo que sí, sobre todo ha evolucionado en que haya una actitud más activa. Más interés real en que eso ocurra y se estimule. Lo que pasa es que, como todo en la educación, es a largo plazo. Si vas a los colegios ¿cómo haces para estimular a las niñas para que estudien ingeniería? Yo te pregunto, ¿de tu colegio cuántas estudiaron ingeniería?


Varias


En mi caso, cuando yo me gradué, el altísimo porcentaje de los hombres iban hacia las ingenierías y muy poquitos estudiaban historia, o música, o biología, o microbiología. Si tú miras, por ejemplo, microbiología, ¿por qué es una carrera eminentemente femenina? No lo sé. En medicina, se le ha dado un vuelco impresionante. En mi época eran muy pocas las mujeres médicas. Si mal no recuerdo, en nuestra última cohorte el 68% de los estudiantes que se graduaron de medicina eran mujeres. ¿Por qué? Porque las mujeres se interesaron en la medicina, no porque estuviéramos buscando mujeres.




Ahora hablemos de investigación, de rankings, de profesores. La universidad se ha elevado en los rankings y ahora ha estado publicando muchísimo más, ¿a que se debe esto?


A una decisión estratégica de la universidad que radica básicamente en tres componentes. El primero, que los profesores tuvieran doctorado. Hoy en día el 76% de nuestros profesores tienen doctorado. Hace 5 años, era apenas el 60%. Eso es un esfuerzo que hace la universidad enorme, porque un profesor con doctorado, entiéndame, puede enseñar en cualquier parte del mundo, vienen además de haber sido doctorados en las mejores universidades. Lo segundo, la presencia de los programas de doctorado. Cuando tú tienes personas haciendo el doctorado en la Universidad de los Andes, obviamente el nivel de investigación sube enormemente. Lo tercero es una serie de estímulos, en dónde además está el tema económico, para que haya un interés y una incidencia en investigar desde que se está en pregrado. No tienen que llegar a posgrado para investigar, queremos que la investigación sea parte fundamental del proceso formativo de nuestros estudiantes.


Obviamente el gran reto es ¿Cómo se financia la investigación? Entonces, ¿qué ha pasado en los últimos años? Que todo este ecosistema está produciendo resultados. Hoy en día las publicaciones por profesor son de lejos las más altas de Colombia, por encima de instituciones tan importantes como la Nacional o la Universidad de Antioquia, que tienen un sistema de investigación muy respetable. Eso ha tenido implicación en los rankings. Yo creo que la universidad tiene que estar muy orgullosa de su puesto espectacular en América Latina.


Ya sabemos que nuestros profesores son grandes investigadores, pero en el tema de la pedagogía, ¿cómo puede verse relacionado con la investigación? ¿Se puede garantizar que un buen investigador sea un buen docente?


No, no lo garantiza. Eso no es que sea o lo uno o lo otro, lo que sí hicimos fue un centro de evaluación y tiene la intención de estar evaluando continuamente a todos nuestros profesores en términos de sus capacidades como docentes. El gran insumo es la opinión de los estudiantes, obviamente. Para eso, la facultad de educación, que es nueva, tiene un programa de capacitación para profesores recién llegados.


Pero, ¿es una exigencia para la universidad que haya competencias tanto de un lado como del otro?


Claro. De hecho, fíjese que en el último estatuto profesoral que aprobamos aparece la evaluación de la docencia con la misma fortaleza que la investigación. Por eso tuvimos que crear un centro de evaluación…


¿Y la investigación dentro de la universidad? Hablo de las revistas estudiantiles, los medios dentro de la universidad, ¿eso también ha ido creciendo?


Enormemente y lo que es lindo de eso es que no son decisiones de los vicerrectores, ni del rector, ni de los decanos. Es una dinámica que hay en la universidad. Esta es una organización de abajo para arriba, como dicen, aquí no es que haya un señor por allá o una señora o un grupo de personas en el Consejo Directivo, en el Consejo Académico que toman unas decisiones… Aquí hay una cantidad de movimiento, incluyendo este periódico. Esto no se le ocurrió al rector.




En su visión de universidad, ¿qué relación debería tener la universidad con el sector privado? ¿Qué tanto debería acercarse?


Muchísimo. Ese es uno de los temas en donde creo que hay un camino grande por recorrer y creo que somos un ejemplo a nivel latinoamericano. En el tema de la relación de la universidad con el sector productivo tenemos que aprender mucho de otras instituciones que lo hacen mejor que nosotros. En el mundo, obviamente, pero en Colombia hay que ir a Medellín y aprender mucho de cómo la universidad antioqueña ha podido trabajar mucho más con el Estado y con la industria y el sector privado antioqueño, para beneficio de todos. Entonces esa unión de universidad, empresa y Estado es algo que tenemos que fortalecer mucho.


¿Cómo evitar la instrumentalización del conocimiento? No enseñar para producir resultados para las empresas y deslegitimar otro tipo de conocimientos importantes en la universidad cuya ‘utilidad’ no es tan evidente


Esa es una pregunta lindísima y es difícil decir “blanco o negro”. Lo que pasa es que ahí tiene que haber un balance importante. Yo digo que lo que tiene que hacer la universidad es balancear la pertinencia con la impertinencia, porque la universidad tiene que ser un poco impertinente también, no solo enseñar cosas que a juicio de otros tienen impacto inmediato. La universidad, también, debe decir cosas que en el gobierno de turno no quieran oír.


¿Qué prioriza la Universidad de los Andes? Las humanidades, por ejemplo, ¿son una prioridad? En términos económicos y de presupuesto, obviamente


Definitivamente. Pero, ¿qué quiere decir utilidad para las distintas personas? Yo creo que parte de lo que es maravilloso en la universidad es que los estudiantes estén expuestos a toda la historia de la humanidad, a las reflexiones sobre la naturaleza del ser humano, de las angustias, oportunidades e intereses que tenemos nosotros como seres humanos en nuestro paso por esta existencia. Entonces, si aquí no les permitimos a nuestros estudiantes reflexionar sobre estas cosas centrales de la naturaleza del hombre y de la sociedad, creo que estamos perdiendo una oportunidad linda. A eso no es a lo que vendrían nuestros estudiantes, sino irían a un técnico o a un tecnológico a aprender un oficio que probablemente les daría una profesión en dónde desarrollan su oficio y ya. Resulta que una universidad trasciende eso y por eso la diversidad que proviene de estos esfuerzos de inclusión ayudan muchísimo a que cada día seamos más universidad.




El tema de las opiniones y de las posiciones encontradas han sido una de las mayores polémicas que ha tenido la universidad en los últimos años. Uno de los casos más sonados es el debate sobre la libertad de expresión y sobre la libertad de cátedra que hubo en el 2016 y que continúa hoy en día a propósito de lo que sucedió con Carolina Sanín. ¿No cree que las cosas debieron haber sido diferentes? ¿No le parece que hubo muchos errores?


No, yo no. El otro día reflexionábamos acerca del tema y yo creo que la universidad toma la posición que debería ser porque se enfocó equivocadamente el problema. Ese no fue un problema de libertad de expresión. Si hay algo que la universidad valora, promueve, consciente y venera es la libertad de expresión. Si aquí no hay libertad de expresión, ¿en dónde? El problema es cuando uno ofende y maltrata a la comunidad en aras de la libertad de expresión, y es un debate que se está dando hoy a nivel mundial y a nivel nacional. La razón por la cual la universidad tomó la decisión que tomó es porque tuvo aquí quejas formales de muchísimos profesores, de estudiantes, de maltrato a ellos, que se sintieron maltratados y sentían que la universidad no estaba apoyándolos o defendiendo sus derechos a no ser maltratados. Yo creo que la universidad ahí tomó la decisión correcta porque tuvo en mente la libertad de expresión, pero también el bienestar de la comunidad universitaria. Es que las personas que se sienten ofendidas, maltratadas, también tienen que ser oídas por la universidad.


A Carolina se le ofrecieron todo lo que estaba en las manos de la universidad para rechazar de igual forma eso

¿Y que pasó con el otro lado de la historia, con lo que ella argumentaba, el maltrato que ella recibió, y las eventuales amenazas, por parte de estos grupos en las redes sociales?


¡También lo defendimos a capa y espada! A Carolina se le ofrecieron todo lo que estaba en las manos de la universidad para rechazar de igual forma eso. Lo que pasa es que no se hace públicamente. Además, una cosa son los conflictos y las dificultades que toca manejar en una institución dónde pasan 25 mil personas a diario y otras son aquellas que llegan a los medios. Una de las cosas que es sagrada para nosotros es proteger la identidad de nuestros estudiantes. Entonces es muy tentador coger y poner un estudiante en la palestra, pero no lo hacemos, nunca lo hemos hecho. Entonces esos estudiantes, esos miembros de la comunidad que maltrataron o amenazaron a la profesora Sanín pues fueron judicializados, pero no necesariamente tenemos que salir a los periódicos a contarlo.


Igualmente hubo un límite en la libertad de expresión, ¿hasta dónde pueden llegar?


Eso no se lo podría contestar yo porque no creo que sea blanco y negro. Hay gente que dice que uno de los derechos fundamentales es el derecho al insulto, yo más bien le preguntaría a usted, ¿eso debe existir o no?


Debatible


Exacto, es debatible. La pregunta es si hay momento en donde yo difamo, en donde yo maltrato, en donde yo pongo en peligro la integridad de una persona, ¿qué eso no tenga consecuencias en aras de la libertad de expresión? Por ejemplo, una de las discusiones que se dieron en ese momento era si los estudiantes que estaban amenazando a la profesora lo estaban haciendo en aras de su libertad de expresión.


No se protege la discriminación y el odio…


No, no. Lo que te quiero decir es que esa no es una cosa que en una pregunta yo te lo pueda responder. Lo que creo que tendremos que aprender a manejar como sociedad es cómo defendemos la libertad de expresión al máximo, pero también defendemos la integridad, el buen nombre y las sensibilidades de los miembros de una comunidad.


Muchas veces hemos visto cómo los estudiantes se organizan por sus intereses. Con el alza de matrículas en el 2017, por ejemplo, con la reforma académica también hay un pliego. ¿Cómo ha visto usted la relación con los estudiantes? ¿Se siente cercano a ellos?


Mire, yo creo que la participación de los estudiantes es maravillosa. Una de las cosas que he tratado de hacer durante este periodo es fortalecer al máximo al Consejo Estudiantil y la presencia de estudiantes en todas las tomas de decisiones de la universidad. No quiere decir que los estudiantes tomen la decisión, pero que haya presencia de estudiantes en los análisis y en todos los procesos de toma de decisiones. Desde que llegué y desde que me voy dicen: uno de los grandes problemas es la comunicación. Por eso Elena Arenas está aquí y yo creo que le ayudará al próximo rector o rectora que venga. Hoy los estudiantes están participando más que nunca, para bien de la universidad y creo que las preocupaciones que tienen son absolutamente legítimas. De hecho, cuando miramos en detalle la reforma de la flexibilización curricular, los que más han participado fueron los propios estudiantes. A veces uno lo que siente, y es lógico que ocurra, es que hay un estudiante que no es uno de los que participó en esos grupos y por consiguiente supone que eso se ha hecho a sus espaldas o sin haber tenido suficientemente en cuenta los intereses estudiantiles.


Ojalá usted tenga la oportunidad de entrevistar a aquellos estudiantes que si han participado y verá que ellos encuentran que, primero, su entendimiento de la universidad es otro porque no es fácil transmitirles a los 19 mil estudiantes todo lo que hay detrás de cada decisión, pero créame que están muy bien representados. Lo otro es una oportunidad para felicitarlos y reconocerles. Los representantes estudiantiles desde que yo estoy aquí han sido maravillosos, críticos, a veces contestatarios en el buen sentido de la palabra; exigentes, cuestionadores, pero siempre positivos y siempre con un enorme respeto personal entre unos y otros, así a la administración le toque tomar decisiones que no siempre son bienvenidas por los estudiantes.


¿Se pueden conciliar esas ideas de universidad diferentes?


Sobre todo se pueden explicar. Es que una de las cosas que usted tiene que entender es que generalmente el estudiante está preocupado por los estudiantes que están en la universidad y que están en estos 4 o 5 años. Están interesados por los que entraron, generalmente defienden las cosas con ese prisma. Resulta que uno como rector tiene que preocuparse por los que no están, por aquellos que se quedaron por fuera: esos también son preocupaciones de la universidad. Nos tenemos que preocupar por el estudiante que hoy tiene 8 años y va a entrar dentro de 10 años; y nos tenemos que preocupar para que dentro de 10 años esta sociedad sea mejor, más grande, más importante. Ojalá esta universidad pudiera prestarle sus servicios a más colombianos, hay muchos que se beneficiarían de lo que ofrece la Universidad de los Andes.




¿Y si lo vemos al revés? Hay un dicho, que me imagino que lo habrá escuchado, que dice: ‘Los Andes está de cara a Monserrate y de espaldas al país’ y eso es una acusación fuerte, ¿cómo prepara Los Andes al estudiante que se va a enfrentar con el futuro y la realidad de un país, en el cual participa activamente de su construcción y destrucción?


Esa frase se acuñó hace unos 30 años y es absolutamente falsa. Sigue sonando y obviamente habrá personas que no les gusta lo que hace la universidad, pero yo creo que el mejor ejemplo fue con el que empezamos esta entrevista: el mayor interés de Los Andes es que aquí esté representada toda Colombia, no solo los que vienen de Bogotá y están mirando a Monserrate. Aquí está representada, cada día más, toda Colombia. Estamos convencidos que todos esos estudiantes fuera de Bogotá, que han tenido la experiencia de pasar por aquí, volverán a sus regiones y harán un aporte importantísimo a Colombia desde allá. Si miramos servidores públicos, por ejemplo, nuestros egresados en organizaciones no-gubernamentales, encontramos que los estudiantes de Los Andes no están encajados dentro de ese estereotipo que quieren mostrar. Yo cuando hablo con los estudiantes los encuentro personas sensibles, llenos de deseos de servir, mucho menos egoístas de lo que eran los estudiantes hace 30 años, mucho más atentos a la realidad del país, a la realidad nacional. Y le voy a decir una cosa: son más conscientes del privilegio que significa estar aquí.


Usted ha dedicado prácticamente toda su vida profesional a la educación, ¿cuáles son las lecciones que aprendió y qué le quiere dejar a la educación del futuro?


Mire, nada más gratificante, a nivel personal, y nada donde uno pueda dedicarle todos sus esfuerzos que tenga un impacto mayor, que la educación. No me queda la menor duda. Por eso yo me siento afortunado, porque es difícil encontrar algo más significativo y que tenga mayor sentido que gastarle horas y horas de trabajo al tema de la educación. Eso lo hablo por los profesores, lo hablo por todos los que tengan que ver con educación: profesores de preescolar, de colegios. La rectoría es más compleja porque tiene una cantidad de retos, a veces hay temas difíciles de manejar, a veces uno siente que está siendo injustamente juzgado, pero eso no le quita en lo más mínimo la enorme satisfacción. Yo me siento de las personas más afortunadas y le doy gracias a Dios y a la vida. Esta es la mejor forma de devolver y de entregarle al país y a la comunidad todo lo que hemos recibido como individuos.



Por: Susana Echavarría

y Alejandro Lozada


Fotografías por: Sebastián Sotelo


Fotomontaje: Nicolás Lozada, El Uniandino

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