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Julián Burgos: entre la sublimidad y la ironía

Invisible es el nombre que lleva la exposición que albergó, hasta el domingo pasado, el Museo de Arte Moderno, dedicada al artista Julián Burgos (Pereira, 1976). Sin embargo, si hay algo por lo que esta muestra artística se destaca, es precisamente por no pasar desapercibida. La exposición, que fue posible ver hasta el 8 de marzo, es la culminación de la experiencia artística de Burgos, quien vivió 20 años en Europa y asistió a la Escuela de Artes y Letras de Marsella, además de frecuentar la Academia de Bellas Artes de Bolonia y La Sorbona.




El arte que plantea Burgos en Invisible se caracteriza por generar una coalición entre lo clásico y lo contemporáneo, conjugando elementos tradicionales y disruptivos que tienen como resultado obras irónicas e innovadoras. El arte renacentista es un gran referente para la obra de Burgos, y es a partir de este que él plantea un estilo artístico que se basa en una especie de reciclaje de símbolos y alegorías ya naturalizados en el repertorio artístico. Dicho proceso transforma aquellas representaciones mediante una renovación que les da vigencia, así el retorno a las figuras primigenias de dicho periodo histórico se convierte en una herramienta que permite dar luz a una nueva propuesta dentro del marco del arte contemporáneo.


La abstracción que plantea Burgos en obras como Un sistema voraz y caótico (2018) o Hiperestética coyuntura (2019), se transforma en una vorágine que atraviesa la retina de su espectador, el cual mediante claves representacionales participa en un ejercicio lúdico que busca ordenar las imágenes planteadas por el artista. Burgos presenta una serie de obras cuyo tema principal es la articulación entre deconstrucción e ironía, trayendo como consecuencia la re-figuración de una imagen que resulta en muchas ocasiones fragmentaria y laberíntica. En el arte de Burgos el principal protagonista es el caos que concilia elementos de dos espectros totalmente opuestos, mezclando lo sagrado con lo profano, el bien con el mal y el arte renacentista con figuras caricaturescas. El artificio que compone a la obra de Burgos permite generar una dialéctica entre el barullo alegórico recreado por el artista y las referencias que transportan al espectador una convencionalidad frustrada.


La labor artística de Burgos, analizada bajo la primicia del arte meta-reflexivo, propone una teoría de formas cíclicas, una especie de “eterno retorno” del arte cuya finalidad es generar un diálogo entre la convencionalidad y la potencialidad que puede hallarse en el arte visual. Esta modalidad creativa que plantea se apoya en la reubicación de la representación clásica dentro de campos semióticos inusuales para su aplicación. El valor y la excelencia de la obra de Burgos se encuentra en la utilización e inclusión de la imperfección dentro de su obra, dicha característica atribuye a la exposición múltiples perspectivas que la hacen atemporal y cuya única invisibilidad radica en la experiencia innovadora e intangible que brinda a sus espectadores.


Por: Melissa Betancour


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