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Hacia las antípodas del Noir



Se agotaron los detectives y los asesinatos cubiertos por el misterio. El dramatismo de las sombras de Perminger y Reed se desplomó ante el daltonismo de Nicholas Winding Refn y su realidad hipercromática. La primera subversión del Film Noir nació de la irreverencia intrínseca de Roman Polansky. En Chinatown (1974) nos encontramos con una víctima disfrazada de femme fatale, un detective incompetente y un antagonista que se libra de la justicia para perpetuar una senda criminal. Las convenciones del cine negro fueron violentadas por completo en un final irresoluto.


Una primera generación de cineastas, que acoge posiblemente a Fritz Lang y a Peter Lorre, reorganizó los medios hollywoodenses para crear efectos psicológicamente complejos mientras explotaban temas controversiales. Pintaron la industria de negro. Se crearon personajes apáticos y desolados, antihéroes perdidos en una iluminación discreta como respuesta al optimismo insoportable de los musicales y el realismo romántico. La angustia era el elemento esencial de la condición humana.


¿Qué es el noir?, ¿es un género, un estilo, un ambiente… un capricho?, ¿es la forma? Preguntamos por la belleza, cualidad que por omisión casi nos remite al arquetipo normativo de la forma. En contados casos evocamos lo terrorífico directamente. Nos preguntamos por aquello que empezó como un modelo neo-noir de estetización excesiva y terminó indescifrablemente en una sádica historia de terror surrealista.


Era imposible no caer desarmado ante la presencia de Jesse. Su aparición inocente y encantadora convertía las salas en un carnaval voyerista. La protagonista de The Neon Demon (2016) despierta una discusión sobre el carácter de la belleza, mirarla se convierte en una experiencia estética que obnubila la mirada sobre todas las demás. Detrás de ella corre un séquito que la adora de forma irracional o que la devora, al fin y al cabo, en la película no parece haber diferencia alguna.


Del tufo neo-noir que Refn había dejado en Drive (2011) y la serie de Pusher (1996) queda poco más que el motel sórdido en el que se aloja Jesse custodiada precariamente por un Keanu Reeves depravado y grotesco. La trama se coordina con la transmutación de la protagonista en un demonio narcisista. La película plantea una estética neo-noir en línea con sus trabajos anteriores de la que se aleja en un paralelo con la degeneración del personaje que encarna Elle Fanning. Hay una sinergia entre la degeneración de la modelo inocente y la subversión del género. En el boceto de la atmósfera que se desdibuja se encuentra la coherencia formal entre el contenido en la forma. Después de todo, en palabras de Roman Jakobson, para el arte moderno, la forma es también el contenido.


Refn inicia con trazados convencionales, una fábula moderna que reflexiona sobre los peligros morales de una búsqueda acérrima de la belleza, el culto a la imagen que parece no serlo todo, es lo único. Presenta a una novata que se pierde ingenua en los más frívolos componentes de su propio rostro y se apoya en la construcción de planos simétricos que aluden a los cánones hegemónicos de lo que es bello. La superficie estética sobre la que se edifica la película se ve fracturada en el punto en que la realidad y la metáfora empiezan a operar en un mismo plano. Cuando aparecen pumas en la habitación del motel, cuando una joven que maquilla muertos y modelos hace de la vida una analogía pueril que se queda en lo superficial.


A través de la cinematografía, la película transita desde el terreno del nuevo neon-noir hasta un misticismo surrealista que recuerda vagamente a Lynch y a Jodorowski, mientras que Jesse pierde su candidez adolescente hasta convertirse en una figura que encarna la banalidad extrema. En una misma línea el género y la protagonista alcanzan un momento de alienación completa, en perversión que se encuentra con el canibalismo y la necrofilia.


Drive se estableció como una reformulación del género neo-noir desde un esteticismo desbordante característico del director danés. Planteaba un tono habitual del cine de autor, demandaba ritmos lentos y momentos de introspección prolongada pero siempre en contrapunto con una persecución sensacionalista del crimen. Sin embargo, también ha construido sus historias en torno a la destrucción de sus personajes en una espiral de violencia. The Neon demon es un nuevo paso de Refn en la consolidación de su inconfundible sello formal. Se aleja de los convencionalismos formales del género sin miedo a deformar sus métodos y sus rostros. Es un último paso en el que deja atrás el noir para degenerarlo en terror esotérico de un esteticismo exuberante.



Por: David Mejia Ráve



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