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Elecciones en Bolivia: Un golpe de democracia



El pasado 19 de Octubre Luis Arce ganó la presidencia de Bolivia. Miembro del partido Movimiento Al Socialismo (MAS) y ex-ministro de Economía y Finanzas Públicas de Evo Morales, dirigió el país entre el 2006 y 2019. Ganó después de casi un año de incertidumbre en la que la derecha neoliberal y racista, estrechamente ligada al departamento de Estado de EE.UU, junto con las fuerzas militares, le dieran un golpe de Estado a Evo Morales. Golpe de estado antecedido por la intervención de la OEA, organismo que publicó un informe que exponía irregularidades en el proceso electoral que ponían en duda por cuántos votos ganaba las elecciones a la presidencia Morales. Hoy, el triunfo aplastante de Luis Arce con el 55.1% de los votos no solo pone en duda las supuestas irregularidades de las pasadas elecciones, sino que reafirma el apoyo popular al modelo económico que venía implementando Evo y del cual Luis Arce es el artífice central.



El gobierno de Morales tiene significativos logros y es responsable de un avance sin precedentes para Bolivia. Durante su mandato, en el 2012, se universalizó la educación primaria a la cual accedieron 99 de cada 100 niños entre 6 y 11 años. La pobreza disminuyó de 60% a 37% según datos oficiales, se elevó el PIB hasta multiplicarse por 4.2, en 2019 Bolivia resultó ser el país con mayor crecimiento económico según el FMI, en 2010 conformó un gabinete con paridad de género, donde 4 de las 10 mujeres de su gabinete eran indígenas provenientes del movimiento social, la inversión pública fue eje central de su gobierno y aumentó 5.5 veces y 66% de la misma fue destinada al área rural.


El milagro Boliviano no se dio gracias al modelo neoliberal, hegemónico de la región. Por el contrario, como reza en el programa de gobierno con el que ganó Morales en 2006, proponía “desmontar, no sólo los dispositivos económicos, sino también los políticos y culturales, coloniales y neoliberales, erigidos por la cultura dominante, que se encuentran diseminados en los intersticios más profundos de la organización del Estado y también en la mente de las personas a través de la práctica social individual en detrimento de la solidaridad y la complementariedad”. Morales propuso reemplazar lo anterior por un modelo que tiene características de un capitalismo de Estado y que García Linera, en su momento vicepresidente de Morales, nombró como “posneoliberalismo”.


En Bolivia el modelo neoliberal derrotado empezó con Victor Paz en 1985. De acuerdo con el documental “El Robo” en 2006 el saldo de este modelo contaba la enajenación del 80% de las empresas públicas del país, la pérdida del 119% del PIB, el traspaso de recursos naturales a valor cero, el aumento del desempleo, la migración del campo a la ciudad y asentamientos urbanos cada vez más precarios e informales. La logística y la burocracia para privatizar o capitalizar las empresas públicas costó cerca de 300 millones de dólares entre consultorías, bonos e inversiones incumplidas. Retiraron 30 billones de dólares de los departamentos mediante la privatización de las Corporaciones de Desarrollo Departamental, muchas de ellas en zonas rurales. Todo esto lo lograron mediante una red de poder de individuos con nexos políticos, familiares y empresariales, que abiertamente ofrecieron en vitrina al país y a sus recursos.


“Porque no hay un solo país en América Latina más dependiente que Bolivia a la cooperación… Sabe señor, señora maestra le estoy pagando la plata… una parte de su salario de la limosna internacional que recibo porque extiendo la mano” dijo Carlos Mesa, quien quedó de segundo en esta última contienda electoral contra Luis Arce, en un discurso televisado en su presidencia entre 2003 y 2005, mandato en el que mantuvo y profundizó las políticas neoliberales: “hacer discursitos de independencia y de soberanía sentado del otro lado del escritorio es muy fácil… Evo Morales tiene mucha facilidad de salir a bloquear Bolivia, porque eso es muy cómodo...venga usted a gobernar y verá usted lo que es la administración del Estado”. Estas palabras dan cuenta de la profundidad con la que confió la suerte del país y de su gente a la economía de mercado y con qué desidia se descartó un modelo soberano, no dependiente de la “limosna internacional”, un modelo promotor de la producción nacional, respetuoso de la multiculturalidad. Dan cuenta también del ambiente de esos años en los que se esperó sin fruto que el ingreso del capital extranjero mejorara los índices sociales.


La gestión de Evo Morales lleva consigo varias críticas, una de las más recurrentes fue el rompimiento con la cosmovisión del “Buen vivir” al centrarse en un neo-desarrollismo extractivista que avala la megaminería transnacional, con sus enormes e inevitables impactos en el medio ambiente y que deja el debate abierto sobre sus voluntades para construir un modelo respetuoso con el medio ambiente que al tiempo posibilite una fuerte inversión social. Sin embargo, demostró la posibilidad de construir mejores condiciones de vida para los bolivianos fuera del modelo hegemónico, fuertemente impuesto en América Latina por organismos multilaterales como el FMI, el BM y la OCDE, y que hoy demuestra tener el respaldo del 55.1% de la población. ¿El secreto? Morales lo atribuye a la suma de la unidad, a la movilización permanente y al compromiso y la paciencia para no responder a provocaciones. Fórmula que deberíamos replicar en Colombia para 2022 si queremos tener un proyecto político alternativo que le dé una victoria soberana y democrática a los colombianos.



Por: Daniela Álvarez Gallo. Miembro de La Universidad más Pública y expresidente del Consejo Estudiantil Uniandino


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