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El faro: el terror del aislamiento



Una pequeña isla en medio de la nada, aislamiento total, un capataz abusivo, litros de alcohol y mucha mitología son la receta perfecta para desatar el caos y la locura. Es este el escenario que plantea El Faro (2019), una película que nos tenía con altas expectativas, pues el director Robert Eggers ya nos había sorprendido con su genial debut en La bruja (2015). Adicionalmente, la productora -A24- ha rodado algunas de las mejores películas de terror de los últimos años con títulos como Get out (2017) o Hereditary (2018). Por lo tanto, el espacio a llenar era grande; sin embargo, la película cumple muy por lo alto todo lo esperado y sin duda es de las mejores de 2019. La trama inicia cuando un joven -Robert Pattinson-, es enviado como ayudante de cuidador de faro a una pequeña isla en Nueva Inglaterra, aproximadamente a principios del siglo XX, allí sólo estará en compañía de su superior -William Dafoe-, un viejo ex marino quien le encarga las tareas más duras y lo trata con desprecio. Muchos secretos, visiones monstruosas y una obsesión con el faro que custodian serán el presagio de un trágico final.


Lo primero que llama la atención del filme es su estética, es una película grabada totalmente a blanco y negro, con tonos saturados. Se utilizaron lentes Baltar de Bausch & Lomb, los cuales no se ocupan desde 1936, se tuvieron que adaptar las cámaras para ello, esto con el fin de dar un aspecto de la época en la que ocurren los sucesos, pues estos son los mismos lentes que se usarían en a principios del siglo XX. Así mismo, el ratio es de 1:19:1, casi cuadrado, lo cual además de rendir tributo a las primeras etapas del cine de terror, aumenta ese sentimiento de claustrofobia y encierro que quiere transmitir la cinta, el cual incrementa debido a la gran cantidad de primeros planos. Sumado a esto, cuenta con una edición de sonido que hace sentir bastante incomodidad, particularmente el constante sonido del faro, que parece casi el rugir de una bestia mitológica.


El Faro es una película que desde el inicio ya se siente agobiante, todas las interacciones se sienten incómodas, tensas y se presiente el turbio final que le espera a los personajes, el punto es ¿cuándo será el momento de quiebre? Este suspenso está muy bien manejado y casi en cada conversación uno espera que la frase anterior sea el detonante que desate el caos. Sobre todo, dada la cambiante naturaleza de la relación de los personajes – que va literalmente del amor al odio-, y cómo están construidos, de tal modo que sus intenciones verdaderas siempre están ocultas, sus personalidades son impredecibles y nunca sabemos en realidad quién es quién. Si en un momento los protagonistas están a punto de besarse, al otro se van a los golpes sin motivo aparente; por lo cual, el espectador siempre está al borde del asiento, atento a que una frase como “no me gusta la langosta que cocinas” no termine en un asesinato.


El faro es una película de terror que explora varias facetas del género; de forma más superficial se encuentra el horror cósmico. La cinta transmite esa sensación de que algo no está bien, de que hay algo más observando, invisible a nuestros ojos y manipulando las circunstancias e incluso a los mismos protagonistas. Lo anterior parte de inspiraciones lovercraftianas y nos presenta una mezcla de monstruos de la mitología y el folklore marino de principios del siglo XX, con entidades superiores que escapan de lo humano –por ejemplo, el mismo faro podría encajar perfectamente como un personaje en sí- y están ligados a fuerzas fuera de su entendimiento que, aunque causan miedo, también producen una inexplicable atracción, y por ello los personajes entran en una búsqueda obsesiva por el conocimiento oculto. No obstante, este conocimiento llevará a quienes lo encuentran a un destino fatal, como ocurre al final de la cinta.


Así mismo, de fondo se encuentra el terror psicológico, pues el aislamiento que vive el protagonista es angustioso. Por un lado, se nos presenta el terror que pueden significar las relaciones humanas en la reclusión y cómo esto diferente al imaginario colectivo, pues en lugar de ser “un alivio para el encierro”, puede ser lo que devele los deseos e impulsos más oscuros de los individuos. Por otro lado, y en consecuencia con lo anterior, se encuentra la paranoia de nunca saber verdaderamente las intenciones de nuestros personajes, ¿es todo el infierno que nuestro protagonista está viviendo producto de los místicos poderes que su compañero quizás posee?, o tal vez ¿nos equivocamos y el personaje con el que tanto empatizamos es alguien trastornado con tendencias violentas? Siempre el filme está explorando la pérdida de la cordura que un largo tiempo fuera de la realidad a la que estamos adaptados puede significar, todos los sucesos son cuestionables y nunca podemos confiar en la perspectiva que nos ofrece el protagonista. Es explícito el interrogante de qué es real y qué es producto de la locura, hasta la noción del paso del tiempo en el confinamiento es preocupante, no sabemos si han pasado días o meses y cuando en un punto se lo preguntan los personajes es verdaderamente terrorífico. Para el final de la cinta todo está abierto a interpretación y no se sabe con certeza qué fue lo que ocurrió, deja al espectador con una sensación de haber despertado de una pesadilla.



Otro aspecto excelente es la riqueza que la narrativa nos presenta la película, con diversas referencias a la literatura que van desde monólogos fácilmente atribuibles a Shakespeare, referencias explícitas a Moby Dick, pasando por la mitología griega, Ernest Hemingway y Edgar Allan Poe, hasta H.P. Lovecraft. Así mismo, con referencias estéticas de artistas románticos de la época siendo la más clara de ellas la copia exacta en una escena del dibujo “Hypnose” de Sasha Scheider. Así mismo, hay una fuerte inspiración de los mitos y vivencias relatadas por los marinos de la época y toda la cultura desarrollada en torno a la vida en el mar. Todos los detalles están muy bien cuidados y se nota la ardua investigación – como es usual en el director- que se realizó para el rodaje de la película. Todas las tradiciones y arcaísmos de la época están ahí, por ello resultan tan creíbles los personajes presentados. Pero nada sería de todo lo anterior sin una correcta ejecución, y es que destacan brillantemente las actuaciones de Pattinson y Dafoe, sin duda alguna están entre las mejores de sus carreras, hay en particular un monólogo interpretado por Dafoe que resulta hipnótico, es el arte teatral en su máxima expresión.


Ahora bien, El Faro es una película que abarca diversos temas, entre ellos la sexualidad y la identidad masculina. En el filme hay varias apologías al homosexualismo que eventualmente puede llegar a darse entre los personajes; no obstante, este resulta reprimido debido los constantes deseos de dominación de un personaje sobre otro, pues en este caso la heterosexualidad es símbolo de masculinidad y esta, a su vez, de poder. De esta forma, hay varias escenas en donde la afirmación de la masculinidad busca ser restablecida por medio de las imposiciones de autoridad a través de las asociaciones a roles de género. De modo que a veces, los comportamientos hostiles y la delegación de las labores usualmente relevadas a las mujeres, son solo una forma que busca afirmar el poder que se pudo ver en duda por un ataque a la masculinidad, así mismo, las actitudes relacionadas con comportamientos varoniles, como las de pelear a golpes, funcionan como un refuerzo a esa posición de poder.


En suma El Faro explora varias facetas del terror, en general es una película de horror cósmico, pero que siempre está observando la psicología de los personajes, particularmente frente a las situaciones de aislamiento. Esta perspectiva genera un auténtico terror a estar en confinamiento y no sólo de eso, sino también de nuestros pares, quienes a veces sacan lo peor de los demás y pueden ser el catalizador que lleve a la locura. El filme cuenta con una narrativa enriquecida por las diversas referencias y temas que maneja. Con una fotografía excelente y actuaciones magistrales, es un filme que indaga los límites de la mente humana, que es capaz de transmitir la inquietud y la perturbación de forma muy efectiva y, cómo el buen arte, permite que el espectador proyecte su propia interpretación y le dé sentido de acuerdo con su cosmovisión. Por ello, los invito a ver esta película si lo que quieren es experimentar el verdadero terror de un encierro e indagar en la fragilidad de la cordura.





Por: Manuela Silva



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