• El Uniandino

El diario morir

Actualizado: nov 9



Martín estaba de turno en urgencias cuando llegó un “muerto”. Rara vez llegan realmente muertos, pero así llaman en el hospital a los pacientes que entran en muy mal estado. Era un hombre con varias enfermedades de base, todas descompensadas; según una radiografía, la causa parecía ser COVID-19, pero eso poco importa ya.


“El paciente tenía un brazo levantado y, de un momento a otro, el brazo cayó: había entrado en paro. Corrieron a avisarle al urgentólogo de turno, quien luego de asomarse al cubículo gesticuló pasándose un dedo por el cuello: muerto”

La escena era esta: el casi-muerto dentro de un cubículo de aislamiento con paredes de vidrio cual pecera, con Martín y sus compañeros mirándolo desde afuera. El paciente tenía un brazo levantado y, de un momento a otro, el brazo cayó: había entrado en paro. Corrieron a avisarle al urgentólogo de turno, quien luego de asomarse al cubículo gesticuló pasándose un dedo por el cuello: muerto. Todo el mundo siguió con lo suyo.


La despreocupación de los trabajadores de urgencias no dejaba de sorprender a Martín. La mayoría ni siquiera le prestó mayor atención al suceso: era la entrega de turno, todos tenían cosas que hacer. Después de todo, allá se ven muertos todos los días.


“Sara se dirigió a la sala de partos, donde una mujer estaba pariendo a su hijo muerto. Mientras paría, lloraba, y también gritaba del dolor.”

Durante su primera semana en el servicio de ginecobstetricia, Sara fue abordada por una residente.


━¿Te puedo pedir un favor? ━le dijo━ ¿Puedes ir a cuidar el parto de la paciente del óbito? No tienes que hacer nada, eso sale solo.


Eso era un bebé que venía muerto en el útero.


Sara se dirigió a la sala de partos, donde una mujer estaba pariendo a su hijo muerto. Mientras paría, lloraba, y también gritaba del dolor.


━Ay, mi niño, mi niño ━se lamentó cuando por fin lo pudo ver.


Una enfermera se fue a buscar al ginecólogo, otra trajo una sábana para el óbito mientras una más cortaba el cordón umbilical. Se quitaron los guantes y los botaron junto con las gasas sucias. Llegaron a limpiar el piso, a revisar el monitor y el equipo que se encargaba de tomar los signos vitales de la paciente, a mover camillas, todo en silencio o hablando entre ellas casualmente.


Sara se quedó pasmada a un lado de la paciente, sin saber qué hacer. Quería ofrecerle sus condolencias a la mujer, algún tipo de consuelo, pero todos actuaban tan despreocupados que hacerlo se le antojaba extraño. Finalmente una enfermera, mientras recogía las sábanas sucias de la camilla, se detuvo un momento.


━Mamá, lo siento ━le dijo, y eso fue todo.



Martín estaba en un computador, haciendo una historia clínica, cuando escuchó a un médico decirle a otro:


━Mira Fer, otro paciente que se murió en este piso.

━¿Trajiste la muerte con vos? ━le respondieron entre risas. Otro intervino:


━Acuérdate de pedir la cédula para el registro.



Una vez Sara atendió una paciente que tenía diez semanas de gestación. Ya se había hecho la prueba de embarazo en sangre dos veces y además una ecografía, a pesar del corto tiempo. Consultaba por sangrado vaginal temerosa de que fuera un aborto, pues ya había tenido uno en otra ocasión. La llevaron a ecografía; el ginecólogo se pasó unos minutos mirando la pantalla, moviendo el transductor. Le señalaba imágenes a la residente, que a su vez asentía.


━Sí ━dijo finalmente el doctor━ es un aborto.


Acto seguido se volteó hacia la paciente:


━Mujer, tuviste un aborto ━le dijo. Puso el transductor en su lugar y se fue sin decir más. Bueno, claro, él ve abortos todas las semanas. No es gran cosa, para él.


“Apenas entró al cuarto se percató de que algo no estaba bien: el hombre tenía una postura rígida, algo torcida, y un color “de muerte” ━así lo pensó━, entre pálido y amarillo.”

Martín estuvo varios días encargado de revisar un paciente que estaba muy mal. Todos sabían que tenía mal pronóstico, que en cualquier momento podía morir, pero parecía estar mejorando. En un turno de noche, Martín y la residente comentaron que quizás se iba a salvar. A la mañana siguiente, Martín fue a revisar al paciente antes de la ronda. Apenas entró al cuarto se percató de que algo no estaba bien: el hombre tenía una postura rígida, algo torcida, y un color “de muerte” ━así lo pensó━, entre pálido y amarillo. Martín prendió la luz y empezó a llamar al paciente por su nombre.


━Don José, don José ━le decía, sin obtener respuesta. Intentó agitarlo y nada.


Entonces entró una enfermera.


━No, doctor, creo que se murió.


━¿Cómo así?


━Sí, hace como 15 minutos empezó a respirar raro, pero tenía orden de no reanimación, entonces no hicimos nada. Confirme, doctor, a ver.


El paciente seguía rígido en esa postura torcida, pero estaba caliente. Martín dudó. Intentó sentirle el pulso en varios lugares y no lo encontró, las pupilas no reaccionaban. Definitivamente muerto.


━¿Y ahora? ━le dijo Martín a la enfermera.


Llamó a la residente y le contó.


━Ay. Bueno, entonces mira al paciente de la habitación ocho.


Más tarde, cuando llegaron los doctores, les contó también.


━Ah, ¿se murió? Bueno, llenemos el acta de defunción.


“la doctora hablaba de la importancia de mantener buena respiración y buena circulación mientras miraban desde la puerta a la mujer conectada a un ventilador.”

En un turno de Martín llegó una mujer en muy mal estado: la entraron en una silla de ruedas, estaba inconsciente, no reaccionaba. No había nada que hacer por ella, ya tenía muerte cerebral. La intubaron y la ventilaron un rato largo mientras los familiares se despedían; incredulidad, tristeza, lágrimas. Pero luego de que salieron los familiares cambió inmediatamente la conversación.


━Bueno, hablemos de hemorragia subaracnoidea ━le dijo la médica a los internos.


La hemorragia de la paciente clasificaba dentro de la categoría más grave en la escala de Fisher.


━¿Sí vieron cómo llegó ella? ¿Sí ven que un Fisher 4 es muy evidente? ━les decía la médica.


Después pasaron a hablar sobre cómo preservar el cuerpo de manera que sea un buen candidato a trasplantes: la doctora hablaba de la importancia de mantener buena respiración y buena circulación mientras miraban desde la puerta a la mujer conectada a un ventilador.



Un día hubo manifestaciones en la ciudad. Sara iba volviendo del hospital con una de sus compañeras.


━¿Te imaginas hacer turno en urgencias hoy? Va a llegar de todo.


━¡Qué envidia! ━respondió Sara con sentimiento, llena de celos al imaginar todo el trauma que iban a recibir los internos de urgencias esa noche━ Ay, yo quiero ━repetía, y su compañera asentía.



Un día, cuando Martín acabó un turno especialmente pesado en urgencias, había dos muertos en la sala de reanimación. El día estuvo tan agitado que casi no se enteran de que alguien había muerto ahí. Cuando se dieron cuenta les produjo algo de gracia. Comentándolo con los doctores, les parecía hasta chistoso: “este turno estuvo tan duro que hay dos muertos en Reanima y nadie se dio cuenta”.



Un día Martín recibió un WhatsApp de una de sus compañeras.


━¿Te acuerdas del paciente con VIH que viste en urgencias?


━Sí, ¿qué pasó?


Como respuesta recibió el sticker de los negros bailando con un ataúd. Martín se rió.



A un compañero de Sara le llegó otra paciente con muerte cerebral y le tocó quedarse ventilándola manualmente: apretando la bolsa de aire del dispositivo, un ambú, durante casi hora y media, hasta que finalmente la desconectaron.


━Por fin ━le dijo a Sara y sus otros compañeros━ esa familia despidiéndose y despidiéndose y a mí ya se me iba a caer el brazo de tanto dar ambú━.


Todos rieron. Después de todo, allá se ven muertos todos los días.


Por: Isabella Mejía Michelsen



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