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El desayuno es la comida más importante del día



Nosotros tenemos una vecina, doña Susana, que siempre ha sido medio rara pero esta cuarentena fue particularmente curiosa. Ella vive en una casa muy cerca, en la misma manazana. De vez en cuando saludaba a mi mamá y, de hecho, hablaban mucho e incluso le pedía plata. Durante la cuarentena nos dimos cuenta que empezó a perder peso de manera muy significativa, se vestía igual todos los días y se notaba que no se bañaba. Eso le pasó a mucha gente, no pensamos que fuera algo particularmente curioso. Lo extraño fue cuando empezó a gritar al frente de nuestra casa. No era para nada racional lo que decía, simplemente gritaba todo el tiempo.


Una noche tocó a nuestra ventana y preguntó por “la señora”. Yo le pregunté que si se refería a mi mamá y me respondió “¿Su mamá? ¿Su mamita? ¿O la señora?” y como no supe cómo interpretar su respuesta solo cerré la ventana. Otro día volvió por la casa y se encontró a mi mamá afuera. Susana se acercó a mi mamá y le dijo “Señora, ¿usted cree que un cuchillo es lo suficientemente filudo como para cortarle el cuello a alguien?” y mi mamá no supo qué responder. Finalmente, una mañana mi mamá estaba sacando al perro y ella estaba al frente de la casa gritando profesiones, por ejemplo, “educadores, médicos, fisioterapeutas”. Mi mamá le preguntó qué estaba haciendo. Ella respondió un poco agresiva “¿no puedo gritar?” entonces, para evitar problemas, simplemente la seguimos ignorando. Después de eso, Susana desapareció.


En el restaurante de la esquina siempre le hacían el desayuno y se lo llevaban a la casa. Pero de la noche a la mañana le tocaban la puerta y ella no respondía. La llamaban y era como si nadie viviese ahí. No volvió a gritar, no volvió a salir, nada. Empezamos a pensar, ¿será que se murió? ¿Necesitará ayuda? Pero no sabíamos si era correcto ir a su casa a preguntar. Pero después de un buen tiempo volvió de la nada. Estaba arreglada, con una ropa distinta, y pasó a mi casa a saludar. Dijo que estaba donde una amiga, supuestamente. Le dio un peluche a mi mamá y se quedó a conversar un rato. Estaba hablando elocuente, ya no estaba gritando cosas sin sentido. En el restaurante dijeron que la familia apareció y empezó a pedirles que le llavaran desayuno, almuerzo y comida, no sólo el desayuno. No supimos qué pasó ahí pero fue… interesante.



ESTA HISTORIA FUE COMPARTIDA CON NOSOTROS POR SANTIAGO FERREIRA

Adaptada por: Sara Varón


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