• El Uniandino

El costo de la presencialidad


Juan Manuel Cordovez es director del departamento de Ingeniería Biomédica y director del grupo de investigación en biología matemática computacional BIOMAC. Desde el inicio de la pandemia causada por el COVID-19, este grupo ha construido modelos matemáticos que han permitido predecir el comportamiento de la enfermedad en ventanas temporales de uno a seis meses. Las predicciones obtenidas han respaldado medidas restrictivas y la implementación de protocolos de bioseguridad, a nivel distrital para la ciudad de Bogotá y a nivel institucional para la Universidad de los Andes. Los dos primeros informes del grupo de investigación modelan el comportamiento de la enfermedad, medido en número de casos y número de muertes, para una ciudad hipotética en la cual se diferencian grupos poblacionales por edades y por actividades económicas. Posteriormente, el grupo empezó a trabajar con la Alcaldía Mayor de Bogotá y construyó modelos más robustos que permitieron la toma de decisiones para el avance en la reactivación económica de la ciudad.




En las primeras aproximaciones a la dinámica del COVID-19, para una ciudad como Bogotá, se concluye que el cierre de colegios y universidades y las medidas restrictivas para adultos, personas entre 25 y 65 años, desaceleran la tasa de infección. ¿Cómo cree usted que la apertura de las universidades, que implica movilización de estudiantes y empleados, puede afectar la dinámica del virus en Bogotá?


Hay que saber, primero, que el distrito ya publicó el nuevo esquema de restricciones que operará hasta finales de este semestre, la alcaldesa lo llamó el modelo cuatro por cuatro. En esa estrategia mi grupo propuso una forma de verlo desde el concepto del costo y del cupo epidemiológico. El costo se refiere a cuánto nos cuesta una actividad económica, en términos del número de personas que van a ir a parar a la UCI en un momento dado, y el cupo es la capacidad que tiene Bogotá para atender a esas personas. Entonces, para responder, hago referencia al costo epidemiológico de los colegios y las universidades que es alto, comparado con otras actividades económicas como por ejemplo el deporte o incluso el aeropuerto, más o menos del mismo tamaño que el sistema de transporte masivo de Bogotá. Es decir, con la situación epidemiológica actual de Bogotá, la apertura de colegios y universidades podría llegar a generar hasta 10 pacientes UCI/día. Tiene un costo, pero, por ejemplo, el sector esencial genera 20 pacientes.


Todo lo que hagamos genera costo. Ahora, lo que hay que pensar es que no hacerla también genera otro costo que nadie sabe: el costo de la salud mental de los estudiantes, el costo incluso de la salud física de las personas que no hacen actividad física, el costo de no ir a su cita médica por miedo a contagiarse. Todo eso también tiene un costo que se puede medir en carga al sistema de salud y en muertes. Es importante asumirlo, asumir que no hay ninguna actividad que se pueda abrir y decir que no va a pasar nada, va a haber contagios como consecuencia de esa actividad. Pero es un costo que, primero, podemos pagar porque tenemos el cupo en la ciudad para hacerlo y, segundo, ya tenemos el deber moral de hacerlo, de asumir ese riesgo.


En junio, con base en los datos y el modelo que se tenía entonces, se realizó la siguiente predicción: “las universidades con una presencialidad del 50% podrían entrar el 15 de agosto con un incremento del 10% en el sector económico”. ¿Qué condiciones contempladas en el modelo no fueron consideradas en la realidad para cumplir dicha predicción?


Nosotros hemos venido trabajando desde la academia todo el tiempo, desde una posición bastante cómoda de sugerir cosas que nos parecían sensatas desde el punto de vista epidemiológico, pero la ciudad tenía otras restricciones. La verdad es que, cuando uno dice abrir colegios y universidades, una cosa es abrir los colegios privados que tienen cierta capacidad de garantizar los protocolos de bioseguridad y otra cosa es abrir los colegios públicos que, eventualmente, no están igualmente preparados para atender el regreso de los niños al colegio y garantizar que se cumpla un distanciamiento mínimo. En este modelo inicial insistimos en que los colegios y universidades no tenían un costo tan alto, por eso no valía la pena restringirlos. Recientemente, el distrito aceptó y permitió la apertura de colegios y universidades, pero con escenarios de ocupación pequeños, de hecho va a ser menos del 50%. Lo que pasa siempre con los modelos es que se captura solamente una fracción de la realidad y hay otra fracción que se queda por fuera, que a veces puede hacer la diferencia entre que el modelo proponga cosas que son aplicables y cosas que no. Tal vez algo que se quedaba por fuera de los modelos en ese momento eran las presiones de todos los sectores económicos, especialmente el comercio al por menor que estaba en la agenda prioritaria del distrito para la reactivación económica.




Nosotros hicimos esas simulaciones desde la academia sin considerar otros actores económicos, simplemente suponíamos que la gente trabajaba, los niños iban al colegio, los jóvenes a la universidad y punto. Cuando empezamos a trabajar con el distrito en julio, se dieron cuenta que el grupo que yo lidero tenía una capacidad mayor de análisis que la que habían logrado montar desde el Instituto Nacional de Salud y la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, y para nosotros fue un aprendizaje darnos cuenta que los escenarios que se querían modelar eran más complejos que los que ese modelo capturaba en ese momento. El nuevo modelo que construimos para el distrito tiene en cuenta todos los sectores económicos y permitió estimar lo que llamamos el costo epidemiológico de la ciudad de Bogotá. El modelo original se había construido muy desde la academia, desde la teoría y no tenía en cuenta todas las complejidades de los sectores económicos que entran a interactuar en una ciudad tan grande y compleja como Bogotá.


Queríamos investigar cuál era la forma más inteligente de virtualizar la universidad para disminuir el número de contagios, y nos dimos cuenta que al final lo que cuenta son dos cosas

Otra aproximación que su grupo realizó es un modelo de la enfermedad para la población estudiantil de la universidad, teniendo en consideración el horario de cada estudiante, el flujo de estudiantes y todas las interacciones que existen entre los cursos que se dictan en la universidad. De manera trivial, se puede pensar que los cursos que tienen que ser virtualizados son aquellos que tienen un mayor número de estudiantes, sin embargo en este modelo usted evidenció que cursos de menor tamaño tenían mayor interacción con otros cursos, lo cual implica un mayor flujo de personas entre estos cursos y, por ende, un mayor contacto entre los estudiantes. Con base en estos hallazgos, ¿qué tipo de cursos se pueden tomar de manera presencial?


Queríamos investigar cuál era la forma más inteligente de virtualizar la universidad para disminuir el número de contagios, y nos dimos cuenta que al final lo que cuenta son dos cosas: lo primero, es cómo se “empaqueta” a la gente: si la encierra y se generan densidades muy altas es muy riesgoso. Si son cinco estudiantes, pero los metieron en dos metros cuadrados es muy riesgoso. Pensar en el número de estudiantes inscritos en una clase no es suficiente para saber qué costo tiene esa clase dentro de la situación epidemiológica de la universidad. Eso tiene que ver con densidad y se puede solucionar con salones más grandes o clases al aire libre, por ejemplo. Lo segundo es que un curso grande puede producir una aglomeración, pero si no la produce, ¿cómo se compara este curso grande con uno chiquito? ¿Cuál es más riesgoso si tienen las mismas densidades? Al final nos dimos cuenta que pesaba muchísimo el hecho de que haya cursos que compartan estudiantes con otras clases, porque si hay un curso pequeño pero muy denso, este curso pudo haber generado contagios entre esos estudiantes. Esa pequeña aglomeración resulta en un contagio masivo. A este segundo elemento lo llamamos grado de conectividad y es qué cantidad de estudiantes comparten dos clases, cualesquiera dos clases, de la universidad.


Ensayamos la estrategia de vigilancia epidemiológica, que consiste en detectar estudiantes infectados y no dejarlos entrar al campus [...] es mucho más eficiente que virtualizar la universidad a esos niveles tan agresivos

Evaluamos qué pasaba con los contagios cuando íbamos quitando clases con grados de conectividad grandes, nos dimos cuenta que los contagios se disminuyen significativamente. Llegamos a llevar la virtualidad en la universidad al 80%, los contagios que se producían dentro del campus en un semestre caían de 900 a 150 más o menos. Y aún así la reducción no fue tan drástica porque ensayamos la estrategia de vigilancia epidemiológica, que consiste en detectar estudiantes infectados y no dejarlos entrar al campus. El efecto que tiene eso, considerando un error dado por la incapacidad de muestrear a todo el mundo todo el tiempo, es que es mucho más eficiente que virtualizar la universidad a esos niveles tan agresivos, o sea solo con vigilancia epidemiológica se puede operar el campus presencialmente y llevar los niveles de contagio al mismo nivel que los lleva la virtualización.


Además, con todo lo que hemos aprendido de la transmisión del virus se puede pensar en una estrategia chévere, que sería que la universidad intente volcarse a clases al aire libre.


¿Qué haría falta para poder integrar lo que su grupo modeló con la oferta de cursos?


Fue un poquito tarde para este semestre, pues el semestre se lanzó con ciertas clases virtuales y otras clases semipresenciales, sobre eso hay poco para hacer, porque no es una alternativa volver presencial un curso que ya se lanzó virtual a estas alturas del semestre. La universidad, por decisión del Consejo Académico, se mantuvo virtual todo el mes de septiembre, lo que queda es octubre, noviembre y unos días de diciembre. Estos meses va a funcionar solo semipresencial, ya tenemos evidencia de que va a generar una ocupación del campus bajísima, nunca va a exceder el 20%.


Lo que sí va a pasar es que todo este ejercicio se utilizó para detectar, ya con el horario que se propuso, con los cursos que ya sabemos que son semipresenciales, con la gente que ya sabemos que va a asistir al campus, las clases que serían problemáticas en este contexto para así ponerles una mayor atención. Estamos sacando unos listados para dárselos a la gerencia del campus en donde hemos rankeado los cursos semipresenciales por este semestre 2020-2 para que ellos, eventualmente, revisen la posibilidad de moverlos a salones más grandes, al aire libre o generar alternancias.

Teniendo en cuenta la vigilancia epidemiológica, ¿esta red permite reconstruir los contactos, o los posibles contactos, que pudo haber tenido este caso positivo y de realizar un cerco epidemiológico?


Sí, el modelo serviría para eso. Si con un test se determina que alguien se infectó, el modelo sabe con quién se sentó y por cuánto tiempo, con los datos del modelo se puede sacar un listado de quienes estuvieron en contacto con esa persona, incluso ordenarlos desde el que tiene más riesgo de haberse contagiado al que tiene menor riesgo. Sin embargo, la forma en la que se va a manejar esto es más biológica, y es que la universidad tiene una capacidad altísima de muestreo dentro de sus laboratorios. El laboratorio COVID de Los Andes está procesando más de 1000 muestras diarias para el distrito, la idea es dedicar parte de la capacidad del laboratorio de para atender la vigilancia epidemiológica del campus. También se está desarrollando una app desde el departamento de ingeniería de sistemas y computación, liderada por el profesor Mario Linares, en la cual los estudiantes registran todo lo que hicieron y así, automáticamente, va a saber usted con quién estuvo y cuánto tiempo estuvo.


Otro factor que puede afectar el número de casos son los contagios que se dan por fuera del campus. ¿Cómo se afecta el modelo y las predicciones si una persona llega infectada por alguna otra situación de riesgo a la cual ha estado expuesta?


Es importante tenerlo en cuenta. En el modelo matemático consideramos una infección de fondo causada por la ciudad, cada estudiante viene a la universidad el día que le toca, a tomar las clases que le toca, en el salón que le toca y en el horario que le toca. Mientras el estudiante no está en clase nosotros consideramos que está en la ciudad. Cuando el estudiante está en la ciudad tiene una probabilidad de contagiarse, que es el resultado de la situación epidemiológica de la ciudad. Lo que hicimos en el modelo fue calcular un posible número de personas infectadas para los primeros días del segundo semestre del 2020 y hacer las simulaciones para la ciudad con esa proporción de personas infectadas. Sabíamos que esa proporción iba a cambiar durante el semestre, pero muy seguramente correspondería al pico de la pandemia, que estaba previsto para finales de julio e inicios de agosto. Así, mantener ese valor para la ciudad durante todo el semestre generaría un factor de seguridad importante.


Con respecto a las interacciones que se dan dentro del campus, pues los estudiantes no están únicamente en los salones, sino también se encuentran en los pasillos, en los ascensores... ¿Se pueden contemplar estas interacciones y también las diferencias que existen entre los espacios? Porque no va a ser lo mismo que dos estudiantes se encuentren en el Bobo o en una terraza, a que se encuentren en un ascensor.


No lo tuvimos en cuenta en el modelo, solamente se simularon los espacios donde los estudiantes se encuentran dentro de los salones, pero tenemos super claro que, incluso en mayor medida, esos espacios entre clases pueden jugar un papel más importante en las dinámicas de transmisión. Nosotros sabemos dónde quedan los salones, hemos pensado en desarrollar un modelo que simule la circulación de la población de la universidad dentro del campus entre clases. Si un estudiante tiene un hueco, pues mandarlo con una probabilidad a la biblioteca, mandarlo con una probabilidad al Bobo o mandarlo con una probabilidad al parque frente al ML, para intentar capturar esas dinámicas entre clases. Eso es un camello porque es muy especulativo, no hay datos certeros sobre qué hace un estudiante en un hueco: ¿para dónde se va?, ¿con quién interactúa?, ¿qué hace? Ahora, si se quiere completar el modelo se puede considerar lo siguiente: las personas que están entre clase y clase se van a contagiar a una tasa que representa todas las otras actividades que describí previamente. Eso se puede estimar rápido y se puede incluir en el modelo, pero es aproximado. Después, con un estudio más completo, se podría simular bien la dinámica entre clases.


Si usted usa un tapabocas ceñido todo el tiempo esa vaina es súper eficiente. La universidad podría operar casi normalmente si todo el mundo se adhiriera a eso estrictamente

Frente a los protocolos de bioseguridad y a las medidas que han establecido las autoridades sanitarias y algunas que ya se están implementando en la universidad, por ejemplo la encuesta de caracterización que evalúa, de manera personalizada y basada en el nivel de riesgo individual, la posibilidad de que un estudiante regrese al campus. ¿Cuál cree usted que son las medidas y los protocolos más acertados para frenar la dinámica de la transmisión del virus dentro de la universidad?


Estoy seguro que nosotros podríamos atender una población grande de estudiantes si se tuviera el compromiso de la gente de adherirse a las normas de comportamiento: tapabocas y lavado de manos. Es que un tapabocas bien puesto es la solución, el virus solo se contagia a través de la saliva, el sudor no lo va a contagiar, las secreciones lagrimales no se ha demostrado. Si usted usa un tapabocas ceñido todo el tiempo esa vaina es súper eficiente. La universidad podría operar casi normalmente si todo el mundo se adhiriera a eso estrictamente. Pero esto no es así, los contagios van a ocurrir. Es por eso, tristemente, que hay que combinar las medidas de autocuidado con algunas un poquito más restrictivas, para que no se vaya a desbordar el sistema


Con respecto a lo que usted mencionaba de los espacios, existe la norma de las 3 Cs: que es evitar espacios cerrados, concurridos y cercanos. ¿Cómo ve a la universidad a nivel de infraestructura de los salones y las áreas comunes, para que se cumpla con esta condición?


Yo creo que estamos en buena forma. La universidad tiene muchos salones que se prestan para ventilarlos bien, se pueden abrir todas las ventanas y todas las puertas, y como va a ser semipresencial no va a haber problemas de ruido. Creo que no tenemos mucho para el aire libre, pero eso es fácil de improvisar porque hay muchos salones que tienen sillas transportables y, por ejemplo, en la plazoleta Lleras se pueden poner unas carpas o incluso la carpa que se pone para el FOPRE y tener ahí clases grandes, como un CBU de 100 personas. Este semestre no tenemos mucho de qué preocuparnos, la semipresencialidad es baja, son muy pocos los cursos que van a hacer uso del campus y además mucha gente que está en cursos semipresenciales no van a ir.


A Bogotá no le va a hacer ni cosquillas que regresen personas provenientes de poblaciones con dinámicas atrasadas de COVID, a tomar clases o a reasumir sus trabajos, porque es una ciudad muy grande

Entre las medidas de apertura que ha anunciado el gobierno nacional y distrital, una de ellas es la apertura de vuelos nacionales. Esto repercute en la universidad porque seguramente muchas personas que están en otras ciudades van a volver a Bogotá y van a tomar parte de sus clases de manera presencial, ¿cree que la llegada de personas que vienen de entornos con dinámicas epidemiológicas diferentes a la de Bogotá puede afectar lo que está modelado y las predicciones?


Sí, nosotros hemos modelado eso para Cundinamarca como un ejercicio para el Ministerio de Salud y Protección Social, para que ellos pensaran en los efectos de la reapertura de los viajes intermunicipales, lo cual aplica también para los movimientos en los vuelos. Nos hemos dado cuenta que el problema es para los pueblos chiquitos con dinámicas atrasadas de COVID, o sea los pueblos donde no ha habido casos o ha habido un par de casos. Esos pueblos son los que tienen problemas al reconectarse con grandes ciudades como Bogotá. A Bogotá no le va a hacer ni cosquillas que regresen personas provenientes de poblaciones con dinámicas atrasadas de COVID, a tomar clases o a reasumir sus trabajos, porque es una ciudad muy grande y, de alguna manera, es una de las ciudades más avanzadas epidemiológicamente. Más avanzada en términos de qué tanta de su población se ha infectado con el COVID en estos meses. En ese sentido nosotros no tenemos problemas. Bogotá no tiene problemas, pero sí pueblos pequeños que se comuniquen con Bogotá.


Muchas gracias por sus respuestas, que bueno ver que estos ejercicios, que comienzan como algo académico, se están tomando en cuenta para tomar decisiones en el país. Felicitaciones a usted y a su grupo por el trabajo que han hecho


Hombre gracias por la entrevista, muy chévere.


Por: José Daniel Corredor



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