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Ecología burocratizada

El día 27 de marzo Alejandro Gaviria anunció a través de redes sociales de la universidad que -entre otras medidas- la implementación de clases virtuales a causa del COVID-19 iría hasta el 30 de mayo. Esta situación, además de sus consecuencias académicas, también ha significado una reducción en el gasto de recursos dentro de la universidad.



La Universidad de los Andes tiene una dimensión poblacional significativa: hasta 2019-2 la comunidad sumó 26.227 personas –incluidos estudiantes (71,1%), profesores (15,8%) y administrativos (12,9%)-, quienes realizan habitualmente actividades que requieren el uso de agua, energía y gas, entre otros. Sin embargo, debido a las actuales circunstancias el consumo de servicios y la producción de desechos ha disminuido. ¿Qué tan elevada es la magnitud de estas dinámicas? ¿Tienen los uniandino consciencia de su impacto en el ambiente?


De acuerdo con a datos suministrados por la universidad a este periódico, en el 2018 un uniandino promedio consumía 4.8 toneladas de agua potable al año, esto equivale a 30 litros por día. En ese mismo lapso, el consumo de electricidad alcanzó un total de 648 KWh por persona, lo que es equivalente a dejar encendido un computador de mesa por 14 meses seguidos. A pesar de que la universidad envió un reporte con esta información, dichos datos -hicieron la salvedad- estaban desactualizados, por lo cual es imposible dar un estimado actual del consumo de servicios. Asimismo, para el año 2019, Los Andes produjo un total de 231 toneladas de desechos, de los cuales solo el 21,4% corresponde residuos reciclables.


El proceso investigativo de esta nota se inició aproximadamente hace mes y medio con el fin de hacer un análisis de los anteriores datos y desarrollar una reflexión ecológica a partir de ellos. Sin embargo, terminamos encontrando un muro burocrático en diferentes instancias de la universidad.


Gerencia del Campus es la dependencia más visible en la temática ambiental en la universidad. Al acercanos personalmente para obtener información nos dirigieron a una persona que se encargaba de esta labor. Una vez el periódico se pudo comunicar por correo electrónico con esta persona, nos dijo que no se encargaba del tema y nos remitió a otros lugares. Recorriendo este camino, El Uniandino solo pudo obtener los datos iniciales.


Nuestra intención era obtener reportes de primera mano, pero también queríamos opiniones expertas y quizás investigaciones que hubiera adelantado la universidad sobre este tema. Por este motivo nos acercamos al departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Los Andes. Le escribimos a varios profesores, que a su vez nos remitieron a otros profesores y estos últimos a sus asistentes de investigación, quienes no contestaron a pesar de la insistencia.


En este laberinto, el periódico se dirigió también al departamento de Geociencias cuyo programa oficial establece que el pregrado se orienta a “ofrece[r] un enfoque moderno en el estudio del Planeta Tierra: (...) sus recursos minerales y energéticos; nuestro impacto sobre el medio ambiente; los riesgos naturales que debemos enfrentar”, sin embargo, no recibimos respuesta. Situaciones similares se repitieron en el departamento de Ciencias Biológicas.


"Quien quiere consultar información al respecto, por lo menos en nuestra experiencia, se ve resignado a dos opciones: o prescinde de la tarea, o continúa en su búsqueda de forma indefinida"

Esta situación pone en evidencia, a lo menos, una desatención a la información disponible sobre el tema y también demuestra que actualmente Los Andes sigue manejando un gran muro burocrático que no ha podido hacer más ligero. El ejercicio de “pasarse la pelota” se convirtió en un hábito para obtener información institucional. Quien quiere consultar información al respecto, por lo menos en nuestra experiencia, se ve resignado a dos opciones: o prescinde de la tarea, o continúa en su búsqueda de forma indefinida. Mantener una efectiva comunicación acerca del impacto ambiental de nuestras actuaciones sobre el medioambiente -incluso dentro del campus universitario- es uno de los primeros pasos, y de los más importantes, a la hora de entender nuestros impactos en el medio ambiente.


Andrés Erazo, Codirector de la Mesa Ambiental Uniandina (MAUA), en entrevista con El Uniandino, mencionó que si bien la universidad tiene diversas investigaciones ambientales relevantes, se tiene poco conocimiento de eso. Asimismo estableció que si “uno se mete a la página de Gerencia del Campus no hay nada (...), publican unos boletines e información en formatos más accesibles, pero solo se hace en ciertos eventos o a personas especiales que solicitan la información”, como sucedió con el más reciente Reporte de sostenibilidad 2019 publicado en el Día de la Tierra. No hay un constante reporte público del impacto ambiental dentro del campus universitario.


Debido a las circunstancias actuales, el consumo de recursos y producción de desechos ha disminuido indudablemente en el campus universitario, pero ha aumentado en nuestros hogares debido a la cuarentena preventiva implementada por las autoridades nacionales y locales. Incluso en nuestros hogares, de acuerdo con Erazo, la atención también debería girar en torno a los desechos biológicos producidos por el ajetreo sanitario a causa del Coronavirus. Al momento de escribir este artículo, se acababa de confirmar que las personas infectadas por el COVID-19 superaban los 5.900 casos en Colombia; ante la incertidumbre de la duración de la pandemia, es relevante seguir tomando acciones ambientales desde nuestros hogares y desde escenarios de participación pública.


Por: Carlos Morón


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