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Diarios etnográficos del Covid-19

En esta entrada, Laura Ronderos Torres, estudiantes de Lenguas y Cultura & Antropología construye sobre la importancia del ejercicio etnográfico, especialmente en tiempos de pandemia: "en la actualidad, esta diversidad de mundos se ha visto irrumpida indudablemente por la pandemia del Covid-19, la cual le ha dado un vuelco repentino a toda la vida humana alrededor del globo",


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Cap. 1 La importancia de la labor etnográfica en tiempos de pandemia


Quisiera empezar este “diario etnográfico” resaltando que, más que un diario propio, se trata de un espacio que he decidido aprovechar para escribir libremente reflexiones y experiencias, tanto propias como ajenas, en el marco de la pandemia actual del coronavirus.

Pero antes de llegar a exponer esas reflexiones, creo que es pertinente comenzar dando un vistazo al significado de la labor etnográfica y la importancia que esta tiene en estos tiempos de pandemia. Para esto, partiré desde una pregunta clave: ¿qué es la etnografía? Existen diferentes formas para definirla, desde una metodología de estudio y una forma de documentación hasta una manera de comprender y ser en el mundo. Una de las definiciones que más me ha gustado para ella es la siguiente: la etnografía es el decantado del trabajo antropológico.


Para entender esta definición es necesario comprender la referencia que se hace al trabajo antropológico. Este es concebido como el estudio de la naturaleza humana en todas sus dimensiones y se hace posible a través de una especie particular de pendulación entre mundos: entre el mundo propio y el ajeno. Como se sabe, en la antropología se intenta entender la pluralidad de miradas, percepciones, significaciones y configuraciones que tenemos los diferentes seres humanos frente al mundo. Además, se cree firmemente que la manera de lograr este entendimiento es involucrándonos de lleno en esos otros mundos, explorándolos y conociéndolos desde adentro. Es en esa integración que la pendulación entre mundos toma sentido, pues los antropólogos construimos las realidades con base en la interacción con el otro. Partimos de nuestra propia mismisidad para luego intentar alejarnos lo más que se pueda de esta, acercándonos, situándonos e, incluso, apropiándonos de la mirada del otro y después alejándonos de esta de nuevo, de manera que podamos llevar algo de ella a aquello que era propio en un principio. Siguiendo este principio de desfamiliarizar lo propio para familiarizar lo ajeno, los antropólogos creamos conocimiento “objetivo” acerca de esa amplia variedad de mundos que existen en el planeta.


Entonces si vemos la etnografía como el decantado de toda aquella pendulación, podemos entenderla como la extracción del sustrato de ese otro mundo que se estudia, como la síntesis interpretativa de lo vivido dentro y fuera de ese entorno que antes era completamente ajeno pero que ahora se conoce por completo. Y es en este punto en que la etnografía toma un carácter documental muy valioso, ya que se convierte en una manera de registrar y dar cuenta de las distintas formas en que los seres humanos experimentamos, percibimos y vivimos el mundo. En otras palabras, la etnografía es la documentación de la diversidad de mundos que existen en este mundo.


En la actualidad, esta diversidad de mundos se ha visto irrumpida indudablemente por la pandemia del Covid-19, la cual le ha dado un vuelco repentino a toda la vida humana alrededor del globo. Por esta razón, las maneras cómo experimentamos una realidad tan traumática como esta no son menos variadas. Por el contrario, es en tiempos de caos como estos que la labor del etnógrafo se torna aún más significativa, ya que la documentación de la variedad de respuestas humanas ante el caos es de suma importancia para entender realmente qué es lo que está ocurriendo, qué es lo que se está viviendo, qué tanto se están viendo afectadas nuestras formas de vida y qué tanto tendrán que cambiar estas en el futuro. Etnografiar la pandemia entonces, desde mi punto de vista, se trata por un lado, de interpretar y analizar y, por el otro, documentar y registrar la diversidad de mecanismos de defensa que creamos los seres humanos para afrontar esa entidad desconocida, el Covid-19, que atenta con irrumpir el orden de nuestra sociedad.


Y es que el coronavirus es justamente eso: desorden clasificatorio. ¿Qué quiere decir esto? Disturbio, desorganización, alteración, irregularidad, desbarajuste, todo aquello que se aparta de la norma social establecida y que por lo tanto es la puerta de entrada hacia el caos social. El virus puede ser visto como representación de ese desorden social porque ataca la plenitud de la sociedad mundial como un todo, así como atenta contra la integridad física y psicológica de toda la especie humana. De manera que la pandemia es un estado de emergencia y de crisis mundial y, en tanto es percibida como una amenaza, tiene agencia en el mundo. Esta agencia está dada por un lado, por la capacidad de la pandemia para actuar y afectar al otro, en este caso, al ser humano y el entorno que lo rodea, pero por otro lado, porque es capaz de provocar acciones y reacciones de parte de ese otro.


Son justamente estas acciones y reacciones las que traduje más arriba como los mecanismos de defensa generados por los seres humanos para combatir la pandemia. Y es que esta terminología bélica que he usado para describir esta relación entre el virus/pandemia y la especie humana no está ahí por coincidencia. En realidad este es el vocabulario con el que nos hemos venido refiriendo a la pandemia y todo lo relacionado con ella en los últimos meses, tanto en conversaciones triviales como en los grandes medios de comunicación, y esto dice mucho sobre la manera conflictiva como hemos concebido y configurado esta situación en nuestras mentes: se trata de una guerra contra el Covid-19. Para dar un breve ejemplo de esta concepción bélica, que apela a ideas autoritaristas, podemos fijarnos en la convicción de la mayoría de gobiernos en el mundo frente a la necesidad actual de ser “un país fuerte, que combate firmemente al enemigo” y que justifican con esta necesidad la adopción de medidas drásticas como la restricción de libertades civiles, la cuarentena absoluta, el pico y genéro, etc.


Pero devolvámonos al tema principal en el que yace nuestro interés etnográfico: los mecanismos de defensa, las estrategias que hemos desarrollado para sobrellevar esta situación de pandemia. Para investigar esta acciones y reacciones he tenido que aferrarme al poder actual de la tecnología, ya que trabajar temas que incumben a la sociedad estando en una situación de cuarentena y distanciamiento social no es fácil. Sin embargo, he podido conectarme con el exterior, especialmente a través de las redes sociales y de esta manera he tenido la oportunidad de preguntar a amigos, familiares, conocidos y, en general, a cualquier persona que se animara compartir sobre su experiencia frente a la pandemia y sobre todo, acerca de su manera de sentir, accionar, reaccionar y sobrellevar la situación. Y es que históricamente se evidencia que, en tiempos de caos, la labor etnográfica no es cosa de unos pocos, es una tarea en la que todos tenemos algo valioso que aportar. Un gran ejemplo de ello puede verse a través de la gran cantidad de diarios que dan vida a las voces perdidas de aquellos que afrontaron la catástrofe vivida durante la Segunda Guerra Mundial.



Las respuestas de estas personas que se tomaron el tiempo para contarme sus vivencias aún siguen llegando, pues, ya que se trata de una realidad presente y constante, una realidad del ahora, esas afectividades y esos accionares no son algo estático, que se crea y se acaba, sino que se encuentran en un constante devenir y por lo tanto, en una permanente variabilidad. Lo que quiero decir es que estas estrategias y sentires son cosa del momento, porque las estamos desarrollando cada día y cada vez de forma diferente: un día nos sentimos creativos y positivos, y decidimos bailar, pintar, hacer música; pero al día siguiente puede que nos sintamos tristes e inútiles, y decidamos dormir todo el día. Por ello, sé que las respuestas que he recibido puede que se hayan presentado así en el momento que fueron escritas, pero que a medida que pasa el tiempo pueden cambiar, y esta es una conclusión a la que he llegado a partir de la información dada en estas mismas respuestas. Así que puedo decir que somos conscientes de esta variabilidad en nuestro sentir y actuar en esta situación.


Dado que estas formas de sobrellevar la pandemia aún siguen desarrollándose y creándose, todavía no quiero iniciar una interpretación sobre lo que he recibido. Además, he concluido que se trata de una variedad tan grande de sensaciones y acciones que no podré desarrollarla por completo, como deseo, en este primer diario. Sin embargo, quisiera mencionar, sin profundizar, lo que he podido recolectar hasta el momento.


En cuanto a las afectividades, podemos ver claramente respuestas como la ansiedad y los estados de inquietud, incertidumbre y angustia que se relacionan con ella; la paranoia conectada a dinámicas de sobreprotección; la indiferencia o negación frente la situación; el aburrimiento que puede verse relacionado con la tristeza y la desesperanza; el disfrute/anhelo de lo propio; el positivismo ligado a la creatividad y la relajación; y la despreocupación por dificultades previas/preocupación por nuevas dificultades.


Por otro lado, frente a los accionares se evidencian dinámicas como la responsabilidad; el aprendizaje ligado a la reinvención; la reconexión con el ser propio; la reconexión con la familia y los amigos; la productividad ligada a la creatividad; la discriminación, por un lado, y la solidaridad, por el otro; la reflexión; el apego a la tecnología; el disfrute de la naturaleza; la resistencia vinculada a la inconformidad; y el refugio en la fe. Lo anterior es solo una breve mención de lo que he podido observar/identificar hasta ahora, espero poder desarrollar y profundizar estas ideas en los próximos diarios.


Para terminar, solo quiero enfatizar el punto principal que he querido tratar en este diario: la etnografía debe ser vista como una labor fundamental a la hora de abordar e interpretar los hechos, experiencias, efectos y afectos que giran alrededor de la pandemia del coronavirus. Esto debido, en primera instancia, al particular carácter documental que posee, a través del cual se hace posible reconocer y exhibir la gran diversidad de estrategias afectivas y reactivas que son producidas por los seres humanos en estas circunstancias; y, en segunda instancia, a su capacidad de inmersión pendular en situaciones de emergencia como la pandemia, la cual le permite registrarla desde una multiplicidad de perspectivas, desde adentro y afuera, así como desde lo propio y lo ajeno.


Bibliografía


Siegal, N. & Sedwick, J. (2020). The Lost Diaries of War. The New York Times. Disponible en: https://www.nytimes.com/interactive/2020/04/15/arts/dutch-war-diaries.html?action=click&module=Top%20Stories&pgtype=Homepage


Por: Laura Ronderos Torres. Estudiante de leunguas y cultura & antropología


*** Blogs El Uniandino es un espacio abierto a la comunidad que ofrece el periódico El Uniandino para explorar temas nuevos, voces diversas y perspectivas diferentes. El contenido se desarrolla por los colaboradores con asesoría del equipo editorial del periódico.

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