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Descentralizar para sanar

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Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar una reunión de la Comisión Primera del Senado por Zoom, la sesión versó sobre los problemas que venía teniendo el Litoral Pacífico, no necesariamente sobre COVID, aunque la mayoría de estos problemas tengan su causa en la pandemia o se intensifiquen y visibilicen gracias a ella. Gran cantidad de las intervenciones empezaban con denuncias a la ausencia de los ministros, a las necesidades de la región. Mencionaban la escasez de agua, de recursos básicos, imposibilidad de acceso a estos, privatización de acueductos, negación constante de servicios de salud. Algunos Congresistas también agregaron que muchas de aquellas denuncias de nada servían si no se proponían acciones para remediar todo lo que estaba aquejando a la región. Dicho y hecho, nadie propuso nada y la reunión concluyó con un sinnúmero de denuncias de las que dudo alguien haya tomado nota.


La falta de acción y de medidas que permitan sanear estas dificultades, o comenzar a prevenirlas con desarrollo en las regiones, es una de la cuestiones que más fragmenta a este país y que más acentúa la desigualdad. Esto sucede en parte, diría yo, por la excesiva centralización administrativa, que implica que no haya nadie con la preparación, el tiempo y el interés genuino por generar desarrollo en otras zonas diferentes a las grandes ciudades. La centralización excesiva sucede porque todas las decisiones sobre el país se toman desde Bogotá, todas las sedes físicas de las instituciones más importantes también están en la capital, y aquellas personas que se encargan de ocupar los cargos de más renombre deben tomar medidas de suma importancia sobre lugares del país que probablemente ni siquiera han visitado.


La solución a este problema es obvia: descentralizar al país. La pregunta es entonces, cómo lograrlo sin que todo termine en un desastre. Los intentos históricos que se han hecho por llevar a cabo esta iniciativa han fracasado, porque se ha buscado una descentralización simple y desinteresada. Por poner un ejemplo, en 2001 la ley 715 pretendió descentralizar el manejo del régimen subsidiado de salud en Chocó, una iniciativa que buscó, por medio de una ley (una forma un poco simplista de arreglar los problemas a mi modo de ver) que los Distritos administraran el dinero ellos solos, y que desde los alcaldías pagaran a las EPS. ¿Cuál fue el resultado? Se perdió gran parte del dinero. No porque quienes lo administraron fueran corruptos y ladrones insaciables, como muchos sugirieron, sino porque se pensó erróneamente que la descentralización iba desde los recursos y no desde las instituciones o las competencias.


Decía Lina Buchely en uno de sus más recientes ensayos, que la presencia del Estado no es una demanda de empatía. Más bien, debería traducirse en formas de acción que comprometan a lo público para construir cercanía en la distribución y en la geografía. Y sí, lo que las regiones piden cuando demandan más ayuda estatal no es solamente una compresión integral de la problemática o un intento de solución por medio de una ley que poco o nada ayuda a la situación. Lo que se busca, como también menciona Buchely, no es que los funcionarios del Estado vayan con sus chalecos a realizar una serie de actividades interactivas con los habitantes de las regiones, y que luego se devuelvan en las lanchas en que vinieron. La descentralización no solo implica empatía, si no la búsqueda de acciones efectivas para deshegemonizar el centro del poder, el centro de la decisión.


El gobierno Duque pudo hacer el intento, por ejemplo, cuando anunció la creación de un nuevo ministerio (Ciencia, Tecnología e Innovación), montando su sede física en un lugar distinto a Bogotá, ojalá en una zona con precario desarrollo urbano. De esta forma se incentivaría a los funcionarios a irse a las regiones, crear las políticas públicas desde allá, satisfacer correctamente las demandas sociales, generarle a la ciudad ingresos desde la experiencia. Cambiar la sede de un ministerio una vez establecida probablemente implique una dificultad innecesaria, pero comenzar a descentralizar desde las iniciativas nuevas puede ser una buena idea: por qué no situar en zonas distintas a Bogotá a las instituciones que nacen en los últimos años, logrando que la agenda pública se diversifique e impulsando a las personas a que se trasladen a diversas zonas del país a realizar sus proyectos de vida.


Ciertamente buscar la descentralización no es algo que pueda lograrse de la noche a la mañana, mucho menos con una política pública simple o una ley, debe buscarse ampliando el centro, dejando de pensar que existe una geografía en el poder. Se debe buscar la reducción de la desigualdad social tratando de cerrar las brechas físicas primero. Propiciar medidas de reparación no solo desde la empatía, si no desde la medida proporcional que erradica problemas desde la raíz del lugar donde suceden y que no incentiva únicamente al olvido y a la teorización sobre lo ajeno. De esta manera, no solo en contingencias como el COVID, sino en las que seguramente surgirán en las próximas décadas, se podrían sortear las dificultades de una manera más integral que contenga decisiones provenientes de todos los rincones del país, sin una desigualdad que en últimas aqueja más que la contingencia en sí misma.



Por: Juanita Rueda D


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