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Covida: Los Andes frente al coronavirus

Actualizado: 9 de nov de 2020


Covida es un proyecto de vigilancia epidemiológica y salud pública que lidera la Universidad de los Andes en alianza con la secretaría de salud de Bogotá, entre otras entidades. El proyecto planteó la toma de 100.000 pruebas para detectar el coronavirus, enfocados en la población asintomática. Para explicar cómo va esta apuesta, El Uniandino entrevistó a Eduardo Behrentz, vicerrector de desarrollo y egresados de Los Andes y recientemente nombrado también vicerrector de servicios y sostenibilidad (antes conocida como vicerrectoría administrativa y financiera). Behrentz es ingeniero civil de la universidad y PhD de la Universidad de California, en Los Ángeles.



¿Hasta el momento cómo va el proyecto de Covida?


Es un proyecto muy complejo, el equipo de la universidad tiene más de 150 personas que están trabajando en él. También tenemos más de 50 socios externos, un trabajo interdisciplinario, interinstitucional, que ha recorrido el concepto de un montón de personas y líderes dentro de la institución. Es una apuesta que requirió una fuerza presupuestal muy grande y hasta donde llevamos ha sido bastante exitoso.


Hoy en día estamos recolectando y analizando unas 500 muestras diarias, la idea es seguir subiendo y llegar a 600 o 700, tanto como se pueda. Sumando lo que se ha tomado en campo con Covida, más lo que se ha hecho con acuerdos que hemos firmado con secretarías departamentales, más todo lo que se hizo en el laboratorio Gencore, ya llevamos cerca de 80 mil muestras procesadas, que es una cantidad muy importante. Cada vez estamos más cerca de la meta que habíamos planteado, que era llegar a las 100 mil, y vamos a seguir derecho porque no solamente vamos a tomar más muestras, sino que también vamos a hacer un estudio con la comunidad uniandina. También estamos articulados en el retorno al campus: este laboratorio y la logística que tenemos armada va a tomar muestras de estudiantes, de profesores y de administrativos.


No esperamos a que la persona llegue con síntomas del virus al hospital, sino que salimos activamente a buscarlo, hemos dicho coloquialmente: salimos a perseguirlo.

¿Se está haciendo algo parecido en Colombia?


No somos la única universidad que ha trabajado en covid-19. Hay múltiples universidades de Bogotá y de otros lugares del país que también lo han hecho. Sin embargo, un proyecto como el que estamos haciendo sí es único. Covida es un proyecto de vigilancia activa, que complementa lo que hace el Estado, el INS o la secretaría de salud de Bogotá. La mayoría de muestras que han tomado esas autoridades de salud son del tipo de vigilancia intensificada: alguien se acerca al hospital o llama a su EPS para que le tomen la muestra porque cree que tiene el virus, estuvo con una persona confirmada o porque tiene síntomas. Las nuestras son un complemento a eso. El foco de Covida con la vigilancia activa, no es la persona enferma que se acerca, sino la población asintomática que no sabe que tiene el virus. No esperamos a que la persona llegue con síntomas del virus al hospital, sino que salimos activamente a buscarlo, hemos dicho coloquialmente: salimos a perseguirlo. La idea es anticiparnos al contagio.


La manera para que eso no sea ineficiente -que uno no tenga que hacer un millón de pruebas para detectar un positivo- es trabajar con lo que se llama “poblaciones selectas”: aquellas personas que por su ocupación o su patrón de movilidad tienen mayor riesgo, tanto de contagiarse, como de contagiar a otros; por ejemplo, domiciliarios, policías, tenderos, conductores de taxi, de Uber, de transporte público. Entonces, hicimos un diseño científico de cuáles eran esas poblaciones selectas más propensas de contagiar a otros y nos concentramos en ellas. En esa definición de un programa de vigilancia activa sí es bastante único lo que hemos hecho hasta ahora en la universidad.


Tal vez por esa diferencia en la toma de muestras y en el tipo de vigilancia el promedio nacional está entre el 20 y 25% y en Covida según el último boletín epidemiológico que ustedes publicaron entre mayo y agosto la positividad es del 6,7%. Entonces, ¿estas diferencias se deben a lo que usted menciona antes? ¿Cuál estrategia de muestreo y vigilancia es más efectiva?


Por supuesto, cuando uno busca población asintomática la positividad es mucho más baja. En la vigilancia intensificada las personas ya llegan con síntomas, entonces la probabilidad de que tengan el coronavirus es más alta. La nuestra es distinta, tiene el propósito de cazar los positivos asintomáticos para aislarlos, rastrear sus contactos y darle tratamiento si encontramos efectivamente a alguien enfermo. No es que una sea mejor o peor que la otra, simplemente son complementarias porque son preguntas distintas, se tienen que hacer las dos.


Uno escucha o ve mensajes de las personas donde dicen que si se toman la prueba se pueden contagiar del virus, que los van a llevar al hospital directamente o que puede existir negligencia del cuerpo médico. Esto también es alimentado por la desinformación de las redes sociales. ¿Cómo superar esa desconfianza y reticencia de algunas personas a tomarse las pruebas por coronavirus? ¿Ha fallado la pedagogía?


Uno no se contagia por hacerse la prueba, eso no tiene asidero en ninguna realidad técnica ni científica. Hay gente que piensa que la prueba es una inyección, que se le inyecta algo. La nuestra ni siquiera es de sangre. En nuestra prueba se ingresa una especie de copito largo a la nariz y la idea es llegar hasta la faringe. Después, esa muestra se ingresa a un tubo especial de transporte para preservarla, se lleva al laboratorio y ahí se hace el diagnóstico.


Todo eso se hace con las medidas de bioseguridad y personal entrenado en campo para tomar la muestra. Tiene todo un protocolo de desinfección de superficies, de cambio permanente de tapabocas, de los guantes, de las polainas. Hay todo un protocolo de protección no solamente para quien toma la muestra sino para quien está siendo diagnosticado. Y nuestro proceso cumple con todos los requerimientos, estamos de hecho certificados no solo en laboratorio sino en los puntos de toma de muestra y es absolutamente seguro.


En este momento tenemos tres maneras distintas de tomar la muestra: dos puntos fijos y una brigada móvil. Los puntos fijos están en Unicentro y en Centro Mayor. Si la persona no quiere ir o por alguna razón no puede, también tenemos unas brigadas móviles que con Emermédica, que es una empresa de servicios de salud a domicilio y es parte del proyecto. Ellos hacen una visita a la casa del paciente y toman la muestra en el domicilio de la persona, también otra vez con toda la seguridad y todos los protocolos. Son esas tres formas: dos puntos o a domicilio. Se puede llegar en vehículo, en moto, en bicicleta o caminando.


Además de ese problema de desinformación, ¿qué retos ha afrontado el proyecto y cómo ha sido la coordinación con todo el equipo?


Los retos han sido enormes. Al principio había una incertidumbre muy grande típica de cualquier proyecto que uno inicia: cuál era el alcance de lo que íbamos a hacer, cuál era el tamaño en número de muestras, qué tantas queríamos tomar, en dónde. Además, todavía con un desconocimiento muy grande acerca del virus y de lo que iba a pasar.


Después el desafío de montar el laboratorio. Aunque ya teníamos la capacidad de hacer pruebas diagnósticas de otros tipos de coronavirus, eso tocó llevarlo a un nivel muy distinto: no solo ampliar el equipo de personas, sino comprar más aparatos y más insumos. Además, hubo unos líos grandes porque todo el mundo estaba comprando los mismos equipos, los mismos químicos e insumos, entonces nos enfrentamos a esa realidad de desabastecimiento mundial.


Luego el tema logístico, para tomar 500 o 600 muestras diarias es necesario un montón de trabajo detrás: los permisos, la coordinación, las bases de datos, el centro de contacto, todo el sistema de información, cómo verificar protocolo, cómo tener control de calidad, el entrenamiento a las personas en campo, el transporte de las muestras, etc. También el agendamiento, hoy en día tenemos un centro de contacto con casi 40 personas haciendo las llamadas para agendar, que la gente se entere para que nos acepte ser socios y sean participantes del proyecto.


Uno de los propósitos misionales de la universidad es ayudar a resolver los problemas de la sociedad, es aportar desde nuestro conocimiento a la resolución de los desafíos que nos presenta el mundo y la vida

¿Cuál es la importancia de que las universidades participen en este tipo de proyectos?


Yo considero fundamental que las universidades participen en estas cosas. Uno de los propósitos misionales de la universidad es ayudar a resolver los problemas de la sociedad, es aportar desde nuestro conocimiento a la resolución de los desafíos que nos presenta el mundo y la vida. Entonces este proyecto claramente está enmarcado en eso: en una respuesta institucional para apoyar al desarrollo del país y a afrontar las dificultades. En ese sentido estamos totalmente articulados con las necesidades del país y con nuestros propios objetivos, para eso, entre otras cosas, está la universidad.


Está toda la oferta de infraestructura para hacer las clases no presenciales también. Los que van a volver son los que pueden volver y quieren volver. En esa semipresencialidad estaremos con seguridad todo el año y parte del próximo año

Para hablar también desde el contexto universitario, ¿cómo va a ser la toma de muestras, el regreso al campus y la alianza con Covida?


En la universidad regresamos al campus el 13 de octubre, vamos a tener algo de actividad. Estamos en el plan de retorno al campus, infraestructura para lavado de manos, toma de temperatura, señalización, los salones los hemos reformado para mantener distancia física, se va a verificar el aforo diario, vamos a hacer pruebas PCR para los estudiantes, para funcionarios y profesores que vuelvan al campus. Además, hay que hacer un cuestionario de síntomas diarios al momento de ingresar a la universidad.


La universidad está haciendo lo que todos los demás están haciendo: seguir los protocolos y empezar a volver al campus en las actividades que sean esenciales. Eso lo hicimos de manera voluntaria. Está toda la oferta de infraestructura para hacer las clases no presenciales también. Los que van a volver son los que pueden volver y quieren volver. En esa semipresencialidad estaremos con seguridad todo el año y parte del próximo año.


Para terminar, ¿el otro semestre cree que va a haber una mayor capacidad de aforo para que, por ejemplo, las personas que viven fuera de Bogotá puedan volver a la universidad y vean pertinente devolverse, pagar arriendo y tomar este tipo de decisiones?


En este momento cualquier apuesta que uno haga sobre el próximo año es muy incierta. La verdad no tenemos capacidad de tomar una decisión o hacer un anuncio de que va a pasar dentro de 4 meses. Es imposible decir porque además no solo dependemos de, por ejemplo, si llega un segundo brote, de cómo nos va en brotes asociados con el retorno al campus, sino de qué dicen las autoridades sanitarias. Entonces, aquí tenemos que ir al ritmo de la pandemia.


Por: Santiago Amaya



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