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Claudia la tiene más larga

Juan Esteban Quintero* es fundador de Confesiones Uniandes & Chompos. Aquí su columna "Claudia la tiene más larga". Para contestar la columna envía tu propuesta a preiodicoeluniandino@gmail.com.


*Pseudónimo


Me puse a comparar estos días y sí, Claudia no solo la puso más larga que Duque, sino también más dura: la cuarentena. Para sorpresa de nadie el Coronavirus se transformó en la punta de lanza política para criticar o defender la gestión de cualquier mandatario según sea de nuestros afectos o no, independientemente de su actuación frente a la pandemia. La política, como bien dijo Carl Schmitt, depende de una definición clara entre nosotros y un enemigo. Claudia López no es ajena a esto y ha trazado, como muchos otros, no una línea, sino un muro entre nosotros y el enemigo: el Covid-19 y cualquiera que no se le oponga. Sin embargo, esta forma de entender la pandemia transforma cualquier concesión al virus en una derrota/traición inaceptable y paraliza cualquier esfuerzo de pensar más allá de la cuarentena, lo cual es algo que debe hacerse nos guste o no.


Esta imagen facilista de “política de la vida vs. política de la muerte”, como casi cualquier discurso político sencillo y vociferante, es incompleta. No voy a decir que la cuarentena deba levantarse, pero sí que las razones para aflojarla un poco son de suficiente peso como para ser tenidas en cuenta, lo que no ha hecho una alcaldía que pareciera darle más importancia a su rol de oposición que de gobernante de la primera ciudad del país.

Lo primero, comencemos por desbaratar la narrativa simplona y chabacana que se ha promovido de “la vida vs. la muerte”. Si fuese así de sencillo y la muerte nos esperara a todos a la puerta de la casa no habría necesidad de que nos obliguen a estar en casa. La situación, para desgracia de los políticos, es más compleja. Por un lado, tenemos un virus especialmente riesgoso para los grupos etarios de mayor edad y personas con morbilidades, y por el otro una cuarentena especialmente dura con las personas de más bajos ingresos.


Si los términos de la balanza no son “la política de la vida vs. la muerte”, sino “enfermedad vs. inanición”, la percepción cambia un poco. Claro, no es cualquier enfermedad, es una que eventualmente podría matarte, pero tampoco es cualquier hambre. Niños con tres días sin comer y ancianos con dos almuerzos a la semana son los testimonios que se puede ver en un reportaje publicado por Semana el 20 de abril, cuando a la cuarentena le quedaban aún 20 días para empeorar la situación de estas personas. La elección no es fácil, no como algunos nos quisieran hacer creer.


Segundo, sí hay medidas asistenciales del gobierno que podrían hacer más llevadera esta cuarentena para los grupos menos favorecidos, pero esto sencillamente no está pasando. Es paradójico el escepticismo de la alcaldesa frente a la capacidad del Estado para atender la pandemia, mientras profesa una fe exagerada en la eficiencia y gestión de ese mismo Estado para alimentar una ciudad de siete millones de personas.


En la emisión del 21 de abril de Noticias Caracol López señaló que se habían entregado 1.7 millones de mercados en Bogotá, cifra que de por sí sería de admirar si tenemos en cuenta que Bogotá promedia 3 personas por hogar. La realidad es un poco menos espectacular. Los datos mencionados por la alcaldesa no son sólo de mercados, sino que incluyen refrigerios, raciones de comida caliente y bonos, por lo cual son engañosos. La cantidad de mercados entregados es en realidad sensiblemente menor, dejando un amplio margen para que el hambre no cese entre los más pobres. También son tremendamente optimistas las proyecciones de la alcaldía frente al sector privado. La secretaria de Desarrollo Económico sostuvo, cifras en mano durante la emisión de Noticias Caracol del 11 de abril, que el 75% de las empresas en Bogotá podían sobrevivir 65 días sin vender un peso. Preguntada por el origen de tan magníficas cifras, la secretaria respondió con una imagen sin contexto que mostraba que realmente sólo el 25% de las empresas podrían resistir 65 días sin ingresos. Indagando con más detalle la fuente de estas cifras, en las que la alcaldía se basa para sugerir una cuarentena de dos meses o más, es Cash is King, un estudio de JP Morgan con información de pequeños negocios de Estados Unidos en el año 2015. No hay que ser un genio estadístico para saber que la situación de las empresas estadounidenses hace cinco años no es representativa de las empresas bogotanas en el 2020. “Tecnocracias tan chimbas”, diría Vargas Lleras. Claudia López pareciera vivir en una cuarentena de ensueño donde la gran mayoría de Bogotanos han recibido mercados y otra buena parte continúa vinculada a empresas con gran liquidez para pagarles sus salarios por los dos o tres meses que dure el encierro.


Así, el afán de Claudia López por trazar una línea clara entre el Coronavirus y nosotros, entre el gobierno central y ella, entre el amigo y el enemigo, probablemente impulsó la toma de medidas de manera temprana e invitó al gobierno nacional a hacer lo mismo. Sin embargo, ese mismo ímpetu político parece ahora cegarla para ver que esas medidas son transitorias, excepcionales y que este no es un concurso de quién pone la cuarentena más larga y dura a los colombianos. La elección no es entre una muerte segura y la panacea de un Estado benefactor mágicamente eficiente; es mucho más complicado que eso. El levantamiento de estas medidas no es una pregunta de sí o no, sino de cuándo y cómo, y ese cuándo no nos da mucha espera.



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Por: Juan Esteban Quintero*, fundador de Confesiones Uniandes y Chompos

*Pseudónimo


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