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Centro Democrático Humano

Juan Esteban Quintero, fundador de Confesiones Uniandes y Chompos

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“Al paso que vamos Petro va a ser el que diga Uribe en el 2022” es un chiste que hace carrera por estos días en círculos de liberales -como Smith, no como Serpa-. Y aunque hay diferencias claras entre el partido de gobierno y su oposición, en la política económica que defienden la diferencia es más de grado que de fondo, pues la receta de nacionalismo económico y proteccionismo está a la orden del día en ambos. No es fácil, a estas alturas, saber si una propuesta económica vino de Álvaro Uribe, Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro o Iván Duque.


El Centro Democrático nunca ha sido el adalid de las libertades económicas, por más que algunos insistan en confundir el ser anticomunista y anti-FARC con ser liberal. Sin embargo, que en plena crisis económica por las políticas del COVID-19 el partido de gobierno pida más aranceles y protección a los gremios, contrasta con el discurso de austeridad con el que pretende distinguirse de la izquierda y se acerca a las críticas que le hicieron al gobierno Santos por “derrochón” (por usar términos uribistas).


Cuando cada peso cuenta para la gente de a pie, al Centro Democrático le ha parecido la mejor idea pedirnos a los colombianos pagar productos y servicios más costosos para subsidiar a los gremios de empresarios. ¡Limitar la importación de tapabocas en plena pandemia! Esa es la propuesta del representante a la Cámara Christian Garcés, que pareciera preferir las rentas de los empresarios de la confección sobre el acceso a elementos de protección contra el virus. También, desde la bancada del Centro Democrático llega la propuesta para “regular” las aplicaciones de transporte como Uber. Una regulación que en ningún caso permite que éstas puedan cobrar menos que los taxis y limita el número de vehículos a lo que dispongan las autoridades, no muy distinto del sistema de cupos actual. Con esto básicamente prohíben la competencia de precios y limitan la disponibilidad del servicio en beneficio de las rentas del gremio de taxistas y en perjuicio de los usuarios, que tendremos que pagar servicios más caros y de menor calidad para que los amarillos estén contentos. Finalmente, como joya de la corona, Álvaro Uribe Vélez propone hacer permanente el programa de “Ingreso Solidario” sin ninguna precisión sobre la fuente de su financiación. Ha dicho que se hará “reduciendo la burocracia”, algo difícil de creer de un gobierno en el que la influenciadora Natalia Bedoya nos cuesta 9 millones al mes y contratamos a Juliana Pungiluppi como funcionaria diplomática sin experiencia alguna en Nueva Zelanda, casualmente en el mismo país donde ahora residirá su esposo.


La política económica sugerida por el partido de gobierno durante la crisis actual no es muy distinta de la que piden los partidos de oposición. Sí, estos se han quejado de las decisiones del Iván Duque, pero no porque crean que las restricciones a la libre competencia o el aumento en el gasto sean equivocadas, sino todo lo contrario, porque creen que estas medidas tienen que ser más extremas. Así, Jorge Enrique Robledo no solo presentó un proyecto de Ley que ignora la existencia de otros vehículos diferentes a los taxis, sino que ataca la ya bastante restrictiva propuesta de Uribe por considerarla “a favor de Uber”. El senador del Polo Democrático también se sumó a la cruzada uribista contra los tapabocas chinos. Finalmente, la oposición ha criticado la política de Ingreso Solidario, no por la nueva carga fiscal que tendremos que asumir, sino porque consideran que se debe subsidiar a más de la mitad del país -32 millones de personas- y con más dinero que el que actualmente entrega el programa.


Las críticas de la oposición al gobierno no son por el aumento del gasto público ni por sus políticas contra el consumidor y en beneficio a los gremios, sino porque el gasto no se aumentó mucho más y la “protección” a los empresarios no se ha elevado al nivel de prohibición. La política económica del Centro Democrático y los partidos de oposición-izquierda en Colombia no es una diferencia de fondo, sólo de grado en su aplicación.



Por: Juan Esteban Quintero*, fundador de Confesiones Uniandes y Chompos

*Pseudónimo


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