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Bogotá es cuna del primer sistema distrital de cuidados de Latinoamérica


El pasado 28 de agosto la Secretaría Distrital de la Mujer de Bogotá publicó el borrador del decreto que da inicio al Sistema Distrital de Cuidados de Bogotá. Este sería el primero en el país y en Latinoamérica de acuerdo con la Secretaría de la Mujer, y con él, se buscan avances importantes para que las mujeres podamos romper el techo de cristal y acceder a espacios de los cuales históricamente hemos sido excluidas. Pero ustedes se preguntarán, ¿qué son las labores de cuidado? ¿Por qué hacen que las mujeres seamos excluidas de distintos espacios? ¿Cómo es que un sistema de cuidados contribuye a eliminar estas brechas?


Lo primero, es que el ser designadas como las únicas encargadas de las labores de cuidado en los hogares ha sido una de las formas de opresión que las mujeres históricamente hemos vivido. Cómo tipifica Despacio en un informe en el 2020 “Las labores de cuidado se refieren a tareas relacionadas con el mantenimiento de las necesidades más básicas del hogar, de la familia o de la comunidad, una labor crucial para el desarrollo social de una comunidad.”. Esta tarea culturalmente impuesta impide que participemos activamente en la sociedad y disfrutemos de los derechos que por ley se nos han otorgado.


Según los datos de la cuenta satélite del DANE, se observa que frente a la participación y tiempo que dedican hombres y mujeres al trabajo no remunerado, el 90% de las mujeres dedican en promedio 7 horas y 14 minutos al trabajo del cuidado, mientras que los hombres dedican en promedio 3 horas y 5 minutos a las mismas labores. Adicionalmente, la sobrecarga de las actividades de cuidado no recaen igual en todas las mujeres en la sociedad. Siguiendo el estudio “La economía invisible: división social y sexual del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado y uso del tiempo de las mujeres en Bogotá” se puede observar cómo estas actividades tienen mayor peso en las mujeres pobres, pues aquellas con acceso a educación y trabajo estable pueden delegar estas labores al servicio doméstico y a los jardines infantiles. Las mujeres que viven en pareja, gastan dos horas más en estas labores que las mujeres solteras, lo cual refleja la arraigada desigualdad en la división del trabajo en el hogar que limita o afecta la participación de mujeres en actividades del mundo laboral, del estudio, de la recreación, la lectura, entre otros.


Una de las muestras de esta brecha la expuso el 30 de agosto el DANE. Presentó los datos de desempleo en las mujeres para el mes de julio de este año. Preocupa que durante la pandemia la brecha de género entre hombres y mujeres creció 10 puntos porcentuales, situando el desempleo de los hombres en 16,2% y el de las mujeres en 26,2% para ese mes, la peor tasa de desempleo de la historia en mujeres desde que se realiza este registro. En la presentación de estas cifras, Andrés Zambrano, profesor asociado al departamento de economía de la Universidad de los Andes, señaló que “lo más preocupante es que por cada empleo que se pierde de un hombre entre 25 y 54 años, se pierden dos empleos de mujeres en ese rango de edad”. Y que, peor aún, “por cada hombre en ese rango de edad que entra en inactividad, hay cuatro mujeres que salen de la fuerza laboral para dedicarse a tareas del hogar”. Esta situación amenaza los logros en equidad que se intentaron forjar durante décadas.


Por su parte, la directora de Economía de la Universidad Javeriana de Cali, Maribel Castillo, señaló que este es un panorama grave que, además de afectar a las trabajadoras domésticas, afecta a las mujeres que tienen que encargarse de sus deberes laborales y a la vez conciliarlos con el cuidado de la casa, de los hijos y con su educación. Afirmó que para lograr reducir esta brecha económica, es importante “añadir el cuidado dentro de las actividades económicas, pues si se remunera a las mujeres que están dedicadas al cuidado en los hogares, sin duda esto mejorará dicha brecha".


Como respuesta a esta problemática, Bogotá está estructurando el Sistema Distrital de Cuidado, una política pública que contará con 5.2 billones de pesos. Esto representa un aumento del 230% al presupuesto total de la Secretaría Distrital de la Mujer respecto al gobierno pasado y hace que sea un recurso histórico destinado específicamente a cambiar la vida de las mujeres en Bogotá. Sus objetivos son: ampliar la oferta institucional de sistemas de cuidado de personas con alto nivel de dependencia para descargar esta labor no remunerada y promover una campaña que valore y resignifique las labores del cuidado para así redistribuir este tipo de trabajo no remunerado con los hombres. Esto le dará a estas mujeres la valoración y el reconocimiento social que merecen además de la oportunidad de salir de sus hogares para integrarse al mercado laboral, a la educación, a todos los espacios de relacionamiento social donde pueden hacer parte activa del tejido social.


Estos servicios se prestarán en alianza entre el Estado, los sectores privados y la comunidad, mediante estrategias como las manzanas del cuidado y las unidades móviles que fortalecerán y ampliarán la oferta de servicios de cuidado a poblaciones especiales como la primera infancia y las personas con discapacidad o vejez. Pero no sólo esto, busca también impulsar estrategias que cambien los estereotipos de género frente al cuidado que hoy recaen en los hombros de las mujeres, que se resignifiquen estas labores con acciones de “cuidado del cuidador” y a partir de estos cambios culturales lograr más corresponsabilidad de los miembros del hogar y de la comunidad en general.


Bogotá en cabeza de Claudia López está dando pasos importantes para equilibrar la balanza en favor de las mujeres. Ahora, el país tiene la palabra para responder a la grave crisis que enfrentan las mujeres rurales y de ciudades intermedias, las mujeres indígenas y afro descendientes que con los impactos de la pandemia desnudan las tremendas inequidades que han sufrido a causa de los roles asignados y romantizados por la sociedad como actos de amor y, que, de llegar a pagarse, aportarían el 20% del PIB y se volverían la mayor actividad económica del país.



Por: Daniela Álvarez Gallo. Miembro de La Universidad más Pública y expresidente del Consejo Estudiantil Uniandino


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