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Barreras y oportunidades: lo que viven las estudiantes de posgrado en Colombia

Actualizado: oct 20

Según el Ministerio de Educación, en Colombia, solo 4 de cada 100 estudiantes graduados de pregrado avanza hacia una maestría y de estos solo una décima parte cursa estudios doctorales. Este comportamiento puede obedecer a varios factores, entre ellos, la falta de financiación para programas posgraduales, la necesidad de entrar al mercado laboral inmediatamente luego de terminar los estudios universitarios, técnicos y tecnológicos, y hasta la falta de interés por la investigación en el área del conocimiento de la cual se hace parte.


Al analizar las estadísticas diferenciadas por género las cifras para las mujeres son aún menores. Para el caso de la Universidad Nacional, el porcentaje de mujeres inscritas en posgrado es del 42.2% comparado con el de los hombres de un 57.8%, porcentajes que se han mantenido estables durante los últimos seis años. En el caso de la Universidad de los Andes, este porcentaje se reduce más. Para programas de maestría el porcentaje de estudiantes mujeres es del 40% mientras que para los hombres es del 60%. En los programas de doctorado hay un 34.6% de estudiantes doctorales mujeres y un 65.3% en el caso de los hombres. En otras universidades como la Javeriana, el Rosario, la de Antioquia y la de Medellín los reportes no hacen una distinción de género entre los estudiantes de posgrados.


El Uniandino contactó a varias científicas naturales y sociales que hicieron programas de especialización, maestría y doctorado para hablar sobre sus experiencias. Todas coinciden en algo: es necesario contar con financiación para realizar un posgrado, en especial si se trata de un doctorado, tener un buen asesor y conocer claramente la perspectiva al graduarse para no morir en el intento.



“Pese a tener una tesis laureada, una patente y graduarme en los tiempos estipulados, la demora en las tomas de las decisiones me afectó pues el ICETEX me reportaba con una suma grandísima como deuda”

Paola Barato, doctora en Biotecnología de la Universidad Nacional, es ahora CEO y CSO de CorpaVet y MolecularVet, ambas empresas dedicadas a la investigación. Barato cuenta que, aunque considera que la orientación para solucionar problemas en el contexto colombiano que aprendió en su doctorado ha sido valiosa para su desarrollo profesional, la financiación de sus estudios a través de Colciencias en el 2010 le dejó un sabor agridulce. Comenta que cuando se presentó a la convocatoria la financiación que recibió era favorable en cuanto a recursos y que gracias a estos fondos no solo se financiaron sus estudios sino también su pasantía. “Sin embargo pese a tener una tesis laureada, una patente y graduarme en los tiempos estipulados para la condonación, la demora en las tomas de las decisiones, me afectó no solo como persona natural sino a las empresas a la que pertenezco y a los empleados, pues el ICETEX me reportaba con una suma grandísima como deuda”. La condonación de su crédito-beca se demoró más de un año.


“Si haces un posgrado en Colombia, debes saber que acá todo es cinco veces más difícil [...] tenemos problemas para importar reactivos y conseguir aprobaciones del INVIMA [...] También debes ser consciente de que tus preguntas de investigación no tienen nada que ver con las de países de mayores ingresos.”

Susana Fiorentino, doctora en Inmunología de la Universidad de París VI, quien es directora del Grupo de Inmunobiología y Biología Celular de la Universidad Javeriana, se siente afortunada por haber tenido financiación durante todo el tiempo de estudio, en todo caso reconoce que su experiencia no es generalizable a todos los becarios. Cree que el gobierno debe entender que la investigación es un sistema integrado y no solo debe enfocarse en financiar a los estudiantes doctorales sino en darle incentivos para hacer ciencia en Colombia. “Si haces un posgrado en Colombia, debes saber que acá todo es cinco veces más difícil, por ejemplo, en ciencias biomédicas, tenemos problemas para importar reactivos y conseguir aprobaciones del INVIMA, así puede que el estudiante lleve un año y no haya avanzado en su investigación por estos problemas. También debes ser consciente de que tus preguntas de investigación no tienen nada que ver con las de países de mayores ingresos”. Ahora, desde el grupo que dirige, vela por encontrar métodos de financiación que permitan a los estudiantes continuar con sus estudios e investigaciones en Colombia.


En esto coincide Yohanna Velasco, doctora en Biología-Ecotoxicología en la Universidad del Sur de Dinamarca y profesora en la Universidad de los Llanos. Al ser una universidad regional, la cantidad de recursos, las características sociales y la carencia de bilingüismo dificultan que los estudiantes tengan mayor acceso a la información. “Pese a que los estudiantes hacen un esfuerzo tomando sus cursos, se les exige a los estudiantes que manejen un segundo idioma, pero hay muchos profesores que no dominan la lengua”. Barreras que ella misma enfrentó a la hora de realizar sus estudios. “El ICETEX sacó una convocatoria para estudiar inglés en India, luego de presentar todos los documentos, llenar todos los requisitos, y quedar preseleccionada, no fui escogida. En la respuesta que me dieron, ellos me explicaban las razones, pero básicamente fue por ser mujer". Luego volvió a encontrarse con nuevas limitantes para estudiar maestría en Inglaterra “mi nivel de Inglés en ese entonces no era muy bueno, al llegar a la embajada, la cónsul me negó la visa y cuestionó mi capacidad para hacer un posgrado en Reino Unido”. Sin embargo, la perseverancia, el apoyo de su familia y de la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN), le permitieron no solo cursar sus estudios posgraduales, sino obtener calificaciones excepcionales.


Por otro lado, Angela Rojas, doctora en Psicología de la Universidad de los Andes y actual investigadora de la misma universidad, nos indicó que tener un excelente asesor a la hora de estudiar un posgrado es fundamental: “para mí la maestría significó un cambio en la forma de hacer investigación. Desde el primer día la directora del grupo de familia y sexualidad, con una rigurosidad y una pasión por lo que hace, me involucró en las reuniones de investigación”. Cuando se decidió por sus estudios de maestría y doctorado, luego de haber trabajado un tiempo, se sintió un poco en desventaja con sus compañeros más jóvenes que acababan de salir de la universidad, pues necesitaba actualizarse en los conocimientos. Sin embargo, su trayectoria profesional le permitió aplicar las investigaciones en problemáticas reales y generar mejores debates en sus clases. Fuera de sus retos académicos, se enfrentaba a los retos domésticos, ser mamá y trabajar haciendo su maestría. Rojas considera que si un asesor conoce las problemáticas y retos de sus estudiantes logra hacer la diferencia en los procesos de investigación “mi asesora me envió a buscar algo en las bases de datos, pero yo jamás las había usado y me avergonzaba decírselo, y en lugar de burlarse o salirse del problema, me enseñó y me dió las herramientas”.


“MinCiencias se preocupa por financiar doctorados pero no planifica el futuro para estos nuevos doctores que nos graduamos en Colombia”.

Nathaly Marin, ingeniera eléctrica y electrónica con doctorado en Física de la Universidad de los Andes, cree que hacer un posgrado en un área diferente a la de su pregrado fue una de sus más grandes barreras: “al haber hecho un posgrado en Física siendo ingeniera, hubo momentos en que me sentí un poco discriminada, que como ingeniera no iba a estar al nivel de una maestría o un doctorado en física”. Al comenzar sus estudios posgraduales, su financiación se basó en la asistencia graduada que ofrecía el departamento, sin embargo cambió a un crédito-beca del Ministerio de Ciencias debido a que le permitía dedicarse exclusivamente a su investigación con unas condiciones de condonación realizables. Hoy, tras haber culminado su posgrado y dentro de su búsqueda de una plaza fija en la academia, cree que al Ministerio de Ciencias le falta mucho camino por recorrer “MinCiencias se preocupa por financiar doctorados pero no planifica el futuro para estos nuevos doctores que nos graduamos en Colombia”.


“Me ha resultado más útil tener una especialización a la hora de buscar trabajo, porque solo con la maestría, me tocaba explicar demasiado para que las empresas entendieran cuál era mi área de estudio.”

Otro obstáculo es que a veces es más rentable hacer una especialización y no una maestría o un doctorado para encontrar un mejor empleo. Este es el caso de Jenny Garcia, maestra en Ciencias de la Tierra de la Universidad de Caldas. “Muchos, cuando salimos del pregrado, tenemos la visión de salir a trabajar, pero nos mueve la parte académica”, por esta razón decidió hacer su maestría, sin embargo, no tuvo financiación para ella y su proceso con las entidades bancarias fue extremadamente complicado, pues no solo no la ayudaron, sino que en varias ocasiones le sugirieron no estudiar si no tenía un trabajo para cubrir la matrícula. “Me ha resultado más útil tener una especialización a la hora de buscar trabajo, porque solo con la maestría, me tocaba explicar demasiado para que las empresas entendieran cuál era mi área de estudio.”

Los problemas de financiación no son los únicos retos ante los cuales ellas se han enfrentado. Al ser mujeres, han sido victimas de discriminación y actos machistas, no solo por parte de sus compañeros, sino de sus supervisores. En el caso de Jenny Garcia, quien trabajaba mientras estudiaba su maestría, su jefe le comentó, luego de hacer un hallazgo importante en su campo, que era mejor que ella no fuese primer autor de su investigación porque era muy joven y no sería fácil publicar en el campo, en cambio él, al ser más experimentado podría logra una publicación en una revista de alto impacto.


Para quienes hicieron sus posgrados en el exterior no solo han visto actos sexistas sino también xenofóbicos. Yohanna Velasco se encontró con colegas que la consideraban una mujer fácil por el hecho de ser latina. Otro sesgo en la igualdad de género en los posgrados. Sin contar con que varias deben no solo atender a sus estudios sino velar por sus hijos y su familia, motivos que pueden explicar por qué las mujeres estudian menos programas posgraduales, se demoran más tiempo en terminar sus estudios o en el peor de los casos terminan desertando.


La deserción en los niveles de pregrado (técnico, tecnológico y universitario) en los últimos años, según el Ministerio de Educación, ha alcanzado niveles de hasta el 80% en el caso de las mujeres y 20% en el caso de los hombres. En niveles educativos de posgrado: especializaciones, maestrías y doctorados, no hay una metodología ni datos claros por parte del Ministerio de Educación. El Grupo de Gestión de Información de esa entidad le comentó a El Uniandino que están comenzado a realizar algunos pilotos para abordar el problema de deserción a estos niveles.


En reciente comunicación al gobierno, ASCUN ha solicitado un incremento del presupuesto del Ministerio de Ciencias para el 2021, con el ánimo de apoyar programas en ciencia, tecnología e innovación, entre ellos la formación de doctores y el financiamiento de proyectos para posiciones postdoctorales. De esta manera se trata de cubrir uno de los principales problemas de los estudiantes de posgrado: la financiación.


En temas de igualdad de género existen varias organizaciones nacionales e internacionales que no solo promueven la visibilización de los trabajos de mujeres, sino que anuncian convocatorias para estudios posgraduales y proyectos, incentivando a la mujer a hacer investigación en todas la ramas del conocimiento en Colombia. Entre ellas se encuentran la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC), la red colombiana de mujeres científicas, colectivos de mujeres como Mujeres en la Ciencia y la organización para la mujer en ciencias de países en desarrollo (OWSD en inglés)


“tuve hasta ganas de enviarle mi diploma a la cónsul que me negó la visa”

Si bien es cierto que varios de estos inconvenientes que vivieron las científicas que hablaron con El Uniandino fueron episodios que no debieron haber sucedido, como ellas mismas lo relatan: “a uno le da rabia, ganas de llorar: “porque a mí”. Pero nada, uno no puede dejarse ganar de estas cosas, para adelante, sí se puede” y tal como cuenta Velasco, ellas salieron adelante frente a estos episodios y hoy terminan siendo anécdotas de aprendizaje: “tuve hasta ganas de enviarle mi diploma a la cónsul que me negó la visa”.


Por: Luisa Fernanda Chaparro






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