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Agua del mismo río

Semblanza de Luis Fernando Arias a un mes de su partida


En esta entrada, Andrée Viana Garcés, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, cuenta sobre la vida y obra de Luis Fernando Arias, kankuamo y Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), e invita a reflexionar sobre su rol en las diversas luchas del país.


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Desde ese sábado en que dejó de respirar, nos preguntamos si Luis Fernando se fue a destiempo, aunque sabíamos que él era un alma vieja, de muchas vidas. Por si quedaba duda, se lo recordó a su comadre, cuando ya había regresado a la tierra en Chemesquemena, ese mágico corregimiento de Valledupar, que el 13 de febrero de 2021 se abrió en dos para preparar la siembra de su hijo más querido.


Su juventud contrastaba con su sosiego, con su temple, con su libertad frente al afán y la presión, con la lealtad a su pueblo, a su dignidad. Su cabeza era como un laberinto de pensamientos en espiral que podían explicarlo casi todo. Tenía un hilo para cada razón, un recorrido para cada lucha y un reloj que marcaba el ritmo geológico de la vida y que explicaba porqué para él, siempre, lo más urgente era el largo plazo.


Luis Fernando Arias en declaraciones sobre el acuerdo de pueblos indígenas, negros y campesinos para defender el acuerdo de paz, después del plebiscito de 2016.

Foto: Andreé Viana.


Luis Fernando parecía infinito. Alrededor suyo nacían las ideas y las estrategias, se tejían las rutas y crecían las promesas. Su capacidad de transformación era sorprendente, sobre todo porque él mismo hacía que todo pareciera natural; cubría los procesos y protegía la unidad del movimiento indígena para que ninguna de las conquistas alcanzadas necesitara de él. Paradójicamente, justo por eso fue siempre indispensable. Con él como Consejero Mayor, la Organización Indígena de Colombia ONIC se consolidó como ensamble entre pueblos y conexión entre las diversas organizaciones indígenas nacionales y regionales del país. Él fue escudero de un gran equipo de indígenas de distintas organizaciones, que negoció el Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz. Promovió, celebró y llevó hasta presidencia de la República el pacto entre campesinos y pueblos étnicos para apoyar el Acuerdo después del plebiscito. Lideró la consulta de los planes para su implementación y seguimiento, y se la jugó hasta el final por hacerlo realidad en los territorios indígenas. Luis Fernando invirtió toda su fuerza en sembrar la paz para las generaciones indígenas presentes, para las que ya han viajado a otras dimensiones y para las que vendrán.

Redacción Capítulo Étnico Acuerdos de Paz.


Luis Fernando era un hombre generoso en sus amores y en el cuidado de los otros, sentía en carne propia los dolores del sometimiento de los pueblos. También era -y sobre todo era eso- incansable en su entrega a la vida. Puede que, por eso, y fiel a su estirpe de luchadores, ya nos reclame continuar la tarea del equilibrio, que en tan pocos años dejó avanzadísima.


El equilibrio era el fin de todas sus luchas. El equilibrio entre hombres, y entre el hombre y el planeta. Luis Fernando lideró distintas estrategias para la protección de las selvas, de la sabana, de las sierras, de los ríos, de los mares. Algunas victorias importantes fueron traicionadas por distintos gobiernos, pero seguramente esa zancadilla sea temporal. Una que vale la pena recordar fue la conquista del reconocimiento del derecho de los pueblos a ser autoridades ambientales y de su capacidad para ejercerlo con suficiencia gracias a su relación con la naturaleza, a los saberes y lenguas propias que protegen y nombran las dimensiones de la vida con una riqueza inimaginada. El reconocimiento de ese derecho en los territorios indígenas quedó suscrito en el acta de protocolización de la consulta previa de un decreto que así lo establecía, y que luego se engavetó indefinidamente [1].


Consulta Previa del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, en 2018.

Foto: Andrée Viana


La apuesta de Luis Fernando por el equilibrio entre los hombres también fue muy poderosa. En el proyecto colectivo de un país plural, en ese que él tenía en la cabeza, era posible erradicar las lógicas coloniales, poner a dialogar el pensamiento ancestral colectivo de los pueblos indígenas con cualquier otro que fuera hijo de un tiempo más reciente. En ese camino, Luis Fernando vio parte del sueño hecho realidad. Su firmeza en la gestión del sueño decolonial, de conquistar espacios tradicionalmente reservados a sujetos no indígenas, siempre en línea con el pensamiento de los pueblos, le permitió ver a dos mujeres y dos hombres magistrados indígenas en la Jurisdicción Especial para la Paz y a una mujer indígena comisionada de la verdad en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Fue una cosecha del poder de lo colectivo, que creció alimentado por el liderazgo modesto y leal de Luis Fernando.


Lo echaremos de menos. Echaremos de menos su semblanza de niño tranquilo, con esa sonrisa que lo acompañaba cuando estaba cómodo. Echaremos de menos sus ojos blindados por esa especie de escudo milenario que hacía imposible leerlo cuando miraba a cualquiera que amenazara el legado de sus mayores. Echaremos de menos su liderazgo tranquilo y centrado. Lo echaremos de menos quienes lo conocíamos y lo echará de menos el país completo, aunque algunos hasta ahora no sabían el nombre de la tierra que lo vio nacer y ya lo volvió a recibir.


Como él dijo hace no mucho, somos agua del mismo río. Y los ríos nunca mueren, buscan siempre el cauce de la vida y renacen de la tierra, aunque la terquedad del ser humano los haya secado. Vamos a seguir.




[1] La “Mesa Permanente de Concertación con los Pueblos y Organizaciones Indígenas” creada por el decreto 1397 de 1996, celebró una consulta previa que se protocolizó con el acta suscrita el 21 de abril de 2017 por quienes representaban al Ministerio del Interior y al Ministerio de ambiente y por los representantes de las organizaciones indígenas. En esa consulta se concertó el texto del decreto “por el cual se establecen y reconocen competencias a las autoridades de los territorios indígenas respecto de la administración protección y preservación de los recursos naturales y del medio ambiente, conforme lo dispuesto en el artículo 330 de la Constitución Política y el artículo 15 de la ley 21 de 1991, complementando el Decreto 1953 de 2014”. La obligación del Ministerio de ambiente, según el acuerdo, era continuar el trámite ante la Secretaría Jurídica de Presidencia de la República para expedir el Decreto conforme lo acordado. Hasta ahí llegó todo. El texto acordado nunca se convirtió en Decreto. El Gobierno se auto-bocoteó y los pueblos indígenas tomaron nota de una violación más de su derecho a la consulta previa, libre e informada.


Por Andrée Viana Garcés, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes


*** Blogs El Uniandino es un espacio abierto a la comunidad que ofrece el periódico El Uniandino para explorar temas nuevos, voces diversas y perspectivas diferentes. El contenido se desarrolla por los colaboradores con asesoría del equipo editorial del periódico.


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