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20 créditos

En esta entrada, Juan Diego González G., estudiante de Ingeniería de sistemas de la Universidad de los Andes, reflexiona sobre la carga académica de la universidad y sobre cómo podría influenciar la posibilidad de extracreditarse al ritmo de vida.


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Hace más de un año que retiré un doble programa. Esta decisión me evitó meter créditos excesivos por semestre, llenar mi horario desde las 6:30 a.m. hasta que se oculta el sol, extender mi carrera al menos dos semestres (suponiendo que no voy a reprobar ninguna materia) y aumentar las deudas para pagar la matrícula. Pero hoy no vengo a hablar de eso.

Desde que ingresé a la universidad he intentado inscribir 20 créditos semestrales, el máximo sin extracreditarme (aunque mi rendimiento académico me permite hacerlo). Ahora me pregunto, ¿qué son 20 créditos? La universidad define un crédito como 48 horas de trabajo semestral, de modo que 20 créditos representarían 960 horas en las 16 semanas del semestre académico. Haciendo un poco de operaciones de precálculo, esto representa 60 horas semanales, 12 horas por encima de la jornada de trabajo máxima legal en Colombia sin contar el trabajo suplementario (aquí debería insertar una cita como aprendimos en escritura universitaria, pero no lo voy a hacer, así me bajen una unidad en este texto por no incluir citas). De nuevo, haciendo otra división simple, esto equivaldría a más de 8 horas diarias de trabajo académico incluyendo domingos y festivos (festivos que muchos estudiantes nos hemos pasado en frente de un computador realizando trabajos).


8 horas diarias que, si tenemos un plan familiar o algo que hacer un domingo, se traducirían en 10 horas diarias de lunes a sábado. 10 horas que perfectamente pueden ser un día entero de 8 a.m. a 6 p.m., sin contar el almuerzo, transporte, charlas entre amigos o incluso subir a la caneca a hacer algo de deporte. Ahora imagínense estas 10 horas diarias en frente de un computador en la virtualidad, pero de nuevo, tampoco vengo a hablar de eso.

¿A dónde quiero llegar con esto? A ninguna parte. No escribo esta “columna” para quejarme de la universidad y lo exigente que es con sus alumnos (lo cual la ha llevado, quién sabe si por ese motivo, a ser catalogada como la mejor del país). Mi invitación es a reflexionar, ¿realmente es necesaria esta carga académica? ¿Estar todo el semestre con este nivel de exigencia, suponiendo que todo sale bien y no vamos a tener problemas de ningún tipo (de salud, familiar, etc.) nos hace mejores estudiantes?


Mi opinión: no. Siento que esa idea de “entre más, mejor” no aplica para nada acá. Opino que llenarnos de trabajos, entregas, bibliografía, etc., lo único que logra es estresarnos, fatigarnos, hacer que tengamos más ganas de que se acabe el semestre que de realmente aprender como nos gustaría hacerlo. He leído comentarios en CBUs y Confesiones que invitan a los estudiantes a no quejarnos por esto, nos dicen que a ellos les pasa/pasó lo mismo y por eso nosotros debemos aguantarnos esa carga. Incluso alguna vez leí, como está de moda en redes sociales, que tildaron de “generación de cristal” a un estudiante que escribió algo similar en alguna de estas páginas.


De nuevo, no busco criticar a la universidad por su manera de hacer las cosas, que hasta el momento parece que ha funcionado bien. Pero quiero recordarle al lector (quien sea que vaya a leer este texto, si alguien lo va a hacer) que lo que buscamos los estudiantes es aprender y disfrutar estos años en la universidad, y no todo lo contrario. Tampoco digo que nos quiten los trabajos y nos pongan 5.0 a todos, que seguramente algún lector piensa que esa es mi intención. Como me ha dicho mi mamá desde que estaba en el colegio, “ni muy muy, ni tan tan”. Siempre me ha causado curiosidad esa frase, pero siento que aplica completamente en esta situación.


¿Y si rindiéramos más con un poco menos de carga académica? ¿Si nos dedicáramos menos a esclavizarnos frente a un libro o haciendo un trabajo, y nos dedicáramos más a aprender? ¿Y si un crédito significara menos de 48 horas de trabajo? ¿Y si en vez de escribir esta columna hubiera dedicado este tiempo a estudiar Dalgo o Ecuaciones? Nunca lo sabremos. Al menos no de momento. No puedo desconocer que la universidad ha hecho esfuerzos por reducir esta carga a un nivel un poco más razonable, que se ajuste a lo que el estudiante de verdad necesita para aprender, sin dejar de hacerlo. Que no sea mucho ni poco. Probablemente en unos años ya este “problema” esté solucionado, pero en mi generación nos tocará terminar la carrera de esta forma: haciendo entregas y entregas para dejar alto ese 15% de la materia que no son parciales y/o proyectos. Ahora que me acuerdo, tengo una entrega como esta para mañana, así que voy a dejar esta columna acá.



PD: Otra cosa que algún lector puede estar pensando es “y eso que este man no ha metido 25 créditos”. Efectivamente, nunca lo he hecho y no planeo hacerlo. Me parece que sería atentar contra mi salud mental y no lo quiero hacer, teniendo en cuenta que realizo otras actividades en mi día a día y tampoco quiero echar a perder mi desempeño académico. Como dice ese meme de cierta serie famosa, “señor Simpson, si quiere suicidarse también vendo armas”. Ahora en serio, no me imagino cómo sería esa carga académica, y menos al pensar que la universidad permite inscribir hasta 29 créditos con inglés. Eso sí es de gangsters (ok, prometo no volver a usar frases de memes). Finalmente, como buen aficionado de los números que soy, voy a hacer el cálculo. 25 créditos equivalen a 12.5 horas de lunes a sábado y 29 créditos a 14.5 horas de lunes a sábado. “Ese compa ya está muerto…”. Genial, otra promesa incumplida.


Por: Juan Diego González G., estudiante de Ingeniería de sistemas de la Universidad de los Andes


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